Desde que estallara la crisis financiera provocada por la burbuja de liquidez y los créditos subprime, con la consecuente caída de Lehman Brothers en 2008, los bancos centrales se han sobre esforzado por recuperar la confianza perdida en el sistema.

Este sobreesfuerzo ha conllevado paradojas difícilmente creíbles antes de la crisis como por ejemplo que los bancos lleguen a pagar por prestar su dinero o que una persona hipotecada vea remunerada su cuenta por ser deudor de un préstamo. Pero, ¿cómo y por qué hemos llegado a esta situación? La realidad es que desde el estallido de la crisis los bancos centrales no han tenido mucho margen de maniobra y han intervenido sacando toda su artillería.

Si dejamos a un lado el debate de si el intervencionismo o no es lo correcto, las medidas keynesianas adoptadas por la FED y posteriormente por el BCE parecen haber dado resultado en tanto en cuanto se ha recuperado la confianza en la renta variable y bonos, se han recuperado los niveles de empleo precrisis en EEUU y parte de Europa, y el PIB de los países ha comenzado a crecer. En definitiva, un crecimiento en el PIB mundial.

Todo esto se ha conseguido gracias a una combinación de reducción paulatina de tipos de interés hasta dejarlos en mínimos históricos con una compra masiva de deuda soberana y algo de privada. Pero todo intervencionismo tiene unas consecuencias. El Banco Central Europeo lleva comprando títulos de deuda pública y privada por valor de decenas de miles de millones de euros al mes, durante varios años (conocidas con el nombre de QE o quantitative easing) y acaba de dejar caer que si bien se habían puesto como fecha límite diciembre del presente 2017 para finalizar las compras (Tapering), podrían extender el programa de compras más allá de este año si no se cumple el objetivo de inflación o si las circunstancias no son favorables.

Es el momento: oportunidad de compra hasta la reunión de octubre

Después del importante “rally” alcista que vivieron los mercados desde principios de año, las sorprendentes declaraciones de Mario Draghi y otros miembros del BCE...

Esto deja a los bancos centrales sin prácticamente balas en la recámara y sin margen de maniobra en caso de que fuera necesario, lo que hace que entremos en un terreno de incertidumbre total nunca antes vivido. A corto plazo el efecto es positivo en el consumo porque los agentes y las familias pueden endeudarse a precios muy bajos y activa sectores como la construcción, vivienda o el sector de automoción y recambios. También existe un efecto positivo en las bolsas y en los principales índices mundiales que acogen de muy buena manera cualquier medida expansiva y efectos positivos en los bonos, cuyas rentabilidades caen aumentando consecuentemente los precios de los mismos. Esto produce que muchos de ellos coticen con rentabilidades negativas debido a su alta demanda, lo que produce paradójicamente un beneficio al deudor y una pérdida al acreedor por el intercambio de papel.

Es el caso también del Euríbor (principal índice de referencia con el que se prestan dinero los bancos) , que veremos también previsiblemente marcando nuevos mínimos históricos debido a un exceso de oferta en la masa monetaria. Dicho exceso de liquidez provoca que los bancos no sólo no quieran prestar dinero, sino que además de prestar paguen por ello. ¿Por qué? Porque aquel dinero que no prestan lo tienen que depositar en el Banco Central Europeo a una tasa del -0.4% , por lo que si lo prestan al euríbor diario -0.16% (euríbor del pasado viernes), aun siendo negativo, pierdo menos. El mundo al revés, ahora el banco te presta dinero y además te paga por ello.

Pero si los bancos son los grandes damnificados en un entorno de tipos tan bajo, los grandes beneficiados son los deudores. En este sentido los hipotecados y deudores de préstamos al consumo pueden seguir viendo como su deuda se amortiza cada vez más rápido y a un tipo de interés que en algunos casos es negativo. Claro que esto tiene inmediatos efectos colaterales como rápido crecimiento en el número de hipotecas y consecuente inflación en determinados sectores, sobre todo, el de la vivienda con sobrevaloraciones absurdas propias de los tiempos pre-crisis.

En la otra cara de la moneda, este entorno de tipos produce efectos negativos sobre el ahorro , pues obliga a los ahorradores a buscar alternativas de inversión más arriesgadas que los depósitos bancarios o depósitos a la vista, cuya remuneración es nula o casi nula.

Las consecuencias futuras de tanto intervencionismo son imprevisibles, pues históricamente estamos ante un caso inédito, y tanto experimento puede traer consecuencias de difícil predicción. Mientras tanto podemos ver como los Bancos Centrales están inmersos en su particular guerra de divisas.

Gustavo Martínez, analista de XTB

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