Naturgy
Central de Trillo | Imagen -Foro Nuclear

El exministro de Energía, Álvaro Nadal, antes de dejar su cargo consiguió molestar a todo el sector. Uno de los puntos de fricción fue dudar sobre la contabilidad de las centrales nucleares, a cuyas empresas responsables llegó a acusar de hacer ingeniería fiscal. Su sucesora en el cargo, curiosamente, va en la misma línea. Y lo cierto es que las energéticas no ayudan. El caso de Naturgy mezclando activos de generación es un ejemplo.

La semana pasada la compañía presidida por Francisco Reynés, que anunció el cambio de nombre de la tradicional Gas Natural Fenosa, puso en evidencia que algo pasa con las centrales de generación eléctrica, sobre todo las de carbón y nucleares. Con una serie de apuntes contables para este ejercicio, el valor de sus centrales será de la mitad. De esta forma lanza un mensaje al mercado y la competencia sobre el valor de estos activos.

Un valor -realmente- difícil de calcular (y aquí no les falta razón a los ministros), porque el revuelto de activos es importante. Naturgy decidió en 2015 integrar su negocio nuclear en su filial Gas Natural Fenosa Generación. De este modo, los activos transferidos a esta filial, controlada al 100% por la matriz, tenían un valor de 361 millones y todos se encontraban en España.

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En concreto, la compañía cuenta con un 11% de Almaraz I y II, y con un 34,5% de Vandellós, centrales cuya potencia conjunta total asciende a 2.842 megavatios (MW). ¿Y cómo va el negocio? Complicado saberlo. Y es que esta filial de la compañía gestiona, justamente, los activos que tiene en la generación eléctrica, por lo que la desagregación neta es compleja.

En cuanto a Gas Natural Fenosa Generación, en su conjunto, según datos del registro mercantil recogidos por Insight View, al cierre de 2016 (últimos datos publicados) la empresa facturó 1.717 millones de euros. No obstante, el resultado final arroja unas pérdidas de 374 millones de euros. Lo cual no indica que sea todo del negocio nuclear. De hecho, en esas mismas cuentas, hay un apartado donde, ahora Naturgy, desgrana los números de sus “negocios conjuntos”. Es decir, aquellos que, como en el caso de las nucleares, comparte titularidad de las infraestructuras con otras compañías (Endesa e Iberdrola).

En este caso, en 2016 este segmento arroja unas pérdidas de 17,3 millones de euros. Pero no se puede conocer con exactitud más datos. Es más, tampoco se trata del negocio nuclear sin más, puesto que en estos “negocios conjuntos” también se incluye la central térmica de Anllares (con Endesa). Lo curioso es que en 2017, según las cuentas publicadas en la CNMV por Gas Natural Fenosa, esta actividad arrojó unos beneficios de 24 millones de euros. Aunque de nuevo no se sabe cuánto pertenece a la actividad nuclear de generación eléctrica.

NATURGY NO AYUDA A LAS DUDAS DE LA MINISTRA

Se trata de una lucha de credibilidad, las compañías siempre van a decir que pierden. Nunca vienen a las reuniones con las cuentas bien hechas. Los resultados operativos de las nucleares son positivos, pero todo depende de cómo calcula cada una sus costes financieros, sus amortizaciones… Eso es lo que hace que las cuentas digan que se gana o se pierde dinero”. Con esta joya se desmarcaba el exministro Nadal hace justo un año. Lo más curioso es que el discurso político no ha cambiado nada.

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La nueva ministra del ramo, en este caso de Transición Ecológica, ha vuelto a sembrar de dudas todo lo que tiene que ver con el entramado nuclear. En una entrevista con el diario El País, Teresa Ribera al referirse sobre la renovación de licencias, asegura que “la pregunta es: ¿en algún sitio existe un conjunto de escenarios, con datos económicos, financieros y requerimientos técnicos para poder resolver con solvencia a esa pregunta? [sobre la viabilidad de las nucleares] Sospecho que no ha habido una voluntad de poner los números claramente encima de la mesa. Seamos serios y responsables a la hora de hacer propuestas”.

En esa línea, en la de no tener claro qué sucede con el negocio nuclear, ya sea de Naturgy, Iberdrola o Endesa, la ministra cree que debe “saber antes algunas cosas. No sé por ahora cuánto cuesta que sigan operando, ni de cuántos recursos se dispone para ello o quién financiará esas inversiones; tampoco qué ocurre con la estimación del volumen de residuos que se generen o si es lo más eficiente en el escenario de cero emisiones del sector eléctrico que sigan”.

Así, bajo este mar de dudas, datos y balances económicos que mezclan activos, la única certeza que debe afrontar Naturgy es que la próxima primavera deberá abordar con sus socios la petición de renovación de licencias para operar Almaraz I y II; y que en el otro de 2023 deberá hacer lo propio con Trillo, puesto que en noviembre de 2024 tiene la fecha de renovación, pero deben solicitarse al Ministerio y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) un año antes.