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Sumido en un contexto inédito, el sector del turismo se ha visto abocado a un negocio bajo mínimos que comparten las hoteleras, y del que no todas saldrán ilesas. La crisis sanitaria pondrá a prueba las estrategias presentes y futuras, pero sobre todo las pasadas de las grandes compañías. Como otras, Meliá Hotels International agota sus propias vías de subsistencia. Las dos primeras opciones, la exposición internacional y la demanda nacional, han derivado en resultados desiguales. Una tercera vía, sería la de último recurso y, aunque en la actualidad el grupo no contempla la venta de ningún activo en propiedad, la incertidumbre impide descartar por completo esta alternativa.

Las gigantes del alojamiento cohabitan en el mismo territorio inexplorado que ha dejado la pandemia, en el que ni es fácil avanzar, ni todas lo hacen al mismo ritmo, pero que exige constantes decisiones. Entre las medidas recientes, la última de Meliá ha sido adelantar el cierre del 85% de sus hoteles de temporada, un mes antes de lo previsto, ante la debilidad de la demanda y los rebrotes registrados en las últimas semanas.

En cuanto al largo plazo, se abren opciones que todavía no conviene desechar. Con todo, la gestión en estos últimos años ha permitido a la hotelera afrontar esta situación sabiendo que las bases para la futura recuperación están listas.

El aumento de la exposición internacional tendría que suponer un balón de oxígeno para la compañía -con el 40% de sus hoteles-, puesto que permite elaborar estrategias diferentes en función de la evolución de la epidemia. Del mismo modo, fuentes conocedoras de la situación explican a MERCA2 que la apuesta por el segmento upscale, en detrimento de planteamientos más premium -ahora mismo el 88% de las habitaciones operan en este régimen-, también representará un impacto positivo por la capacidad de atraer diferentes targets de clientes.

Respecto a los intentos de movilizar a los turistas españoles, como elemento incentivador de la demanda nacional, hay más reproches al Gobierno que logros de los hoteleros. Si bien el vicepresidente y CEO de Meliá Hotels International y presidente de Exceltur, Gabriel Escarrer, ponía en valor recientemente la figura de los ERTE y valoraba de forma positiva las ayudas financieras púbicas, como los préstamos ICO, también se mostraba bastante crítico con las administraciones por la ausencia de actuaciones destinadas a fomentar el turismo en el ámbito doméstico.

En este sentido, el directivo reprobaba al Gobierno la falta de ayudas o incentivos directos a las empresas o medidas para estimular la demanda nacional, como sí han hecho otros países. Escarrer confía en una posición más valiente por parte del Gobierno y considera razonable que destine un 25% o 30% del fondo europeo de rescate en ayudas al turismo, un sector que genera directamente el 13% del PIB.

MELIÁ, NI CONTEMPLA NI DESCARTA

Desde Meliá Hotels recuerdan a MERCA2 que, en su Plan de contingencia frente a la crisis, la cadena ha contemplado una cobertura de liquidez suficiente para resistir durante muchos meses, lo que se estima que se podría tardar en recuperar un nivel “suficiente” de demanda, que permita detener la dinámica de pérdida de valor.

Fuentes de la compañía inciden en que esta cobertura de la contingencia no afecta a la viabilidad del negocio, pero indudablemente ha tenido como consecuencia una elevación del nivel de endeudamiento, que se ha producido, hasta el momento, sin covenants y sin hipotecar ningún activo.

En cualquier caso, en Meliá siguen muy pendientes de la evolución de la pandemia y, en un  contexto así, absolutamente incierto, contemplan “todas las diferentes opciones y alternativas para el futuro, entre las que podría encontrarse  la posible venta de algún activo”. Eso sí, en caso de tomar cualquier decisión, la hotelera lo hará una vez se decida sobre el importe de deuda sobre el que se quiere actuar, pese a que actualmente no está sobre la mesa la venta de ningún activo.

El margen de maniobra ahora es estrecho en el sector hotelero, y cerrarse puertas ante determinadas alternativas, podría resultar, a priori, poco prudente.  

Meliá Hotels International es la primera hotelera de España y la decimonovena del mundo por tamaño, con 326 hoteles (130 en España) y 82.000 habitaciones. Debido a la crisis del coronavirus, durante el primer semestre de este año Meliá perdió 358 millones, puso en ERTE a 8.400 trabajadores y solo reabrió la mitad de sus hoteles en verano.

EVOLUCIÓN EN UN ENTORNO CAMBIANTE

El primer semestre de 2021 ha sido el peor de la historia de la cadena hotelera y no parece que la segunda mitad del año vaya a ser muy diferente, según corroboran fuentes del mercado. Éste último período se ha visto afectado por las diferentes restricciones de viaje que, Reino Unido o Alemania, entre otros países, decidieron imponer, perjudicando gravemente los intereses de las hoteleras españolas.

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El punto de partida para los analistas es un año 2020 perdido, en 2021 se iniciará la recuperación, que continuará durante 2022 para así, en 2023, volver a los niveles de 2019 previos a la pandemia.

El endeudamiento neto se elevará fuertemente, tal y como avanzan fuentes del sector, pero Meliá cuenta con la liquidez suficiente para aguantar el escenario actual, incluso si fuera necesario, los analistas coinciden en que podría incrementarla gracias a sus activos en propiedad.

Con un 55% de su porfolio abierto al comienzo del verano, los inicios de la recuperación se antojaban positivos con algunas zonas incluso mejorando previsiones. En España, en la costa peninsular, la demanda tanto internacional como nacional se mantenían en niveles bajos, aunque la ocupación se situaba en el entorno del 50% y a precios “estables”. Sin embargo, todo se truncaba con el anuncio británico de imponer cuarentena a los viajeros que visitaran España. Ese empeoramiento se reforzó con la imposición también de cuarentena en Alemania, con una incidencia principalmente  en las islas Baleares y Canarias.

En el resto de Europa, la demanda teme a las grandes ciudades, sin embargo, las ciudades secundarias evolucionan positivamente. En América, un continente parcialmente cerrado, con México al 50%, se espera reabrir toda la región en el cuarto trimestre de 2020 para la temporada alta del primer trimestre de 2021.

En general, los próximos meses se caracterizarán por la falta de visibilidad, predominando la reserva last minute y un entorno cambiante, con posibles tratamientos efectivos, vacunas, cuarentenas o levantamiento de cuarentenas. Un entorno que también se verá  afectado por las continuas modificaciones en las restricciones o recomendaciones de viaje de los gobiernos.