En un primer pensamiento rápido cualquier persona de la calle asociaría una subida del precio del petróleo con que le saldrá más cara la gasolina. Un razonamiento que tiene lógica pero que es muy simplista puesto que la subida del precio del oro negro no sólo afecta a un encarecimiento del precio del diésel o de la gasolina de 95 ó 98 octanos sino también a otros múltiples productos.

Es por ello que desde el Banco de España han llevado a cabo un estudio analítico denominado “El efecto de las fluctuaciones del precio del petróleo sobre la inflación española” que pretende analizar el impacto de las variaciones del precio del crudo sobre el IPC en España desde una perspectiva histórica.

Antes de entrar en detalle sobre los resultados de dicha investigación es necesario destacar el alivio que han sufrido las arcas públicas con el desplome que ha experimentado el precio del oro negro en los últimos años (llegó a sobrepasar los 100 dólares y actualmente se encuentra en los 50 dólares). España es claramente un país importador de esta materia prima energética (importa un 99,6% de lo que consume) y el año pasado importó 64,171 millones de toneladas de crudo, un descenso del 0,7% sobre el récord histórico de 2015 que fue de 64,628 millones.

Un hundimiento de la cotización del crudo que ha impulsado la economía española puesto que la factura energética se ha reducido un 50% desde 2014, según datos de la Secretaría de Estado de Comercio. Además, si tenemos en cuenta los ahorros acumulados en 2015 y 2016 se aprecia como España se ha ahorrado 43.000 millones de euros en estos dos años (16.000 millones en 2015 y 27.000 millones en 2016).

España ha alcanzado su importación récord de petróleo en 2015

Un impacto que se habrá notado en las arcas públicas pero del que el consumidor lo mismo no es del todo consciente. Por tanto, entraremos en detalle en el estudio del Banco de España que tiene un impacto más directo en el día a día de cualquier consumidor. Si nos remontamos a décadas anteriores, se aprecia como en los setenta y ochenta se consideraba a esta materia prima como una fuente de perturbación macroeconómica global de primer orden y fue en aquella época cuando las fuertes subidas del crudo produjeron un impacto contractivo muy acusado tanto en el empleo como en la actividad de muchas económicas desarrollas. Una situación que llevó a las empresas a aumentar precios y salarios con los que contrarrestar la pérdida de renta que supuso y generó, en algunas ocasiones, espirales inflacionistas.

Un impacto en aquella época que ahora es mucho más limitado. No sólo porque no coinciden a la vez todas las perturbaciones de precio de las materias primas sino también por los objetivos de estabilidad de precios fijados por los distintos bancos centrales  y que tienden a anclar las expectativas de inflación de los agentes. Aun así, los consumidores presentan una fuerte dependencia de esta materia prima puesto que el gasto en consumo final de las familias en productos derivados del petróleo es del 6,1% según los actuales datos ponderados del IPC y es un factor empleado en la producción de bienes y servicios.

Si dejamos de lado el efecto directo de un aumento del precio del crudo en la gasolina, por lo obvio y la rápida transmisión en precio que se produce, se aprecia como habría otros efectos indirectos como puedan ser su utilización como un factor adicional en diferentes procesos productivos. Por tanto, ramas de la producción que emplean tecnologías más intensivas en uso del factor petróleo, como pueda ser el caso del transporte, se verán afectadas por sus variaciones y tendrán incidencia sobre los costes de las empresas. Uno de los ejemplos más claros sería el de las aerolíneas que han visto mermadas sus cuentas de resultados cuando el precio del oro negro alcanzó máximos y a pesar de los incrementos en el precio de los billetes.

Las empresas buscarán contrarrestar este impacto de encarecimiento de los costes fijando subidas en los precios de los productos. Además, este no sería el único incremento de precios puesto que el precio del crudo tendrá un impacto en la cesta de consumo de los hogares, lo que llevará a las empresas a un incremento de salarios para evitar la caída de la remuneración real de los trabajadores por lo que estos costes laborales deberán ser compensados con otra nueva subida de precios de venta al público (en la mayoría de los casos).

En el estudio toman como referencia una subida del 10% del precio del crudo y ven su impacto en determinados productos. Los más ligados a su evolución (componentes energéticos) tienen un impacto directo pero en otros los efectos se ven a posteriori. Por ejemplo, dicha subida del precio del crudo supondría, en promedio, un incremento de tres centésimas del IPC no energético al cabo de seis meses y se notaría más en los alimentos no elaborados, con un incremento calculado de 1,6 décimas al cabo de esos seis meses.

En cuanto a los salarios es necesario destacar que la negociación colectiva en España se caracteriza por una elevada inercia, como consecuencia del peso de los convenios de carácter plurianual. Asimismo, es frecuente que estos acuerdos contengan cláusulas de salvaguarda que se activan cuando la inflación, cualquiera que sea su razón, excede la tasa tomada como referencia en el convenio. Por ello, una parte importante del posible efecto del encarecimiento del crudo sobre los salarios nominales se explica por la existencia de cláusulas de salvaguarda.

En concreto, el porcentaje de convenios con este tipo de cláusulas ha pasado de cerca del 80% en 2006 al 20% en 2016, si bien, de acuerdo con la última información disponible, hasta abril de 2017, el porcentaje de convenios colectivos con cláusula habría aumentado hasta el 26% con respecto al año anterior, en un contexto de repuntes acusados de la inflación. La menor relevancia de este tipo de cláusulas hace esperar que a corto plazo la operativa de este canal de transmisión de los aumentos del precio del petróleo a los salarios nominales, y de estos a los precios, sea más limitada en estos momentos que en el pasado.

Por tanto, en la actualidad se puede afirmar que el precio del petróleo se nota de manera directa en el incremento de los precios de la energía, mientras que se manifiesta de manera indirecta y leve (aunque palpable) en los precios del resto de productos y también en los salarios, aunque en menor medida que en décadas anteriores. De todos modos, y a pesar del acuerdo para limitar la producción, el precio del crudo se encuentra en niveles muy bajos y sin grandes perspectivas de subidas en próximos meses debido a la situación de EEUU con el fracking.

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