energía renovable

El sector eléctrico español (abanderado por Iberdrola, Endesa y Naturgy) fue el gran vencedor, de los pocos valores que acabaron el año en verde, para los inversores. Las compañías deslumbraron en el parqué con importantes revalorizaciones merced a la importante mejora de sus ingresos y beneficios, aunque dicho resplandor no se vio traducido para las arcas del Estado, cuya recaudación por el impuesto de sociedades (pagado por ambas tres) se redujo hasta un 34%.

El 2018 fue un gran año para las tres grandes compañías eléctricas del país en su negocio, ya que sus ingresos crecieron casi un 6,7% respecto a los obtenidos en el periodo anterior. En concreto, la renta conjunta de Iberdrola, Endesa y Naturgy se quedó cerca de los 80.000 millones de euros frente a los 74.627 que obtuvieron en 2017, gracias entre otras cosas al aumento de la demanda de energía eléctrica en países como España o América Latina.

Pese a que las cifras de ingresos fueron bastante buenas, la realidad es que los beneficios obtenidos por ambas tres todavía han sido todavía mejores. De hecho, entre Iberdrola, Endesa y Naturgy sumaron unas ganancias acumuladas superiores a los 5.700 millones de euros, lo que supone un 14,1% más respecto a los 5.023 millones de euros que lograron en 2017. Aunque dicho aumento de los rendimientos no se ha traducido en un mayor pago por el Impuesto de Sociedades, sino más bien todo lo contrario.

En porcentaje, la caída de la tasa efectiva impositiva aplicada a Iberdrola, Endesa y Naturgy fue deun 44%, al pasar del 27% al 15,6%

Una de las claves que ha propiciado que los beneficios crecieran a más del doble de velocidad que los ingresos radica en el bajo coste fiscal que han tenido que abonar las tres firmas a Hacienda. De hecho, en 2017 la cifra abonada por sus beneficios en todo el mundo (no solo lo pagado en España, puesto que tributan por los beneficios en los países de origen de estos) alcanzó los 1.365 millones de euros, mientras que en 2018 solo pagaron 899 millones de euros. En porcentaje, la caída de la tasa efectiva impositiva es todavía mayor, puesto que se redujo hasta en un 44%, del 27% al 15,6%.

Aunque las más beneficiadas de la caída de la factura fiscal han sido Iberdrola y Naturgy. La firma presidida por Ignacio Sánchez Galán consiguió reducir en un 43% el pago por sus beneficios (que además fueron récord), de tal manera que su tasa impositiva real fue de apenas el 10%. En total, abono por dicho concepto unos 310 millones de euros frente a los 547 pagados un año antes. Aunque en el cómputo global de impuestos si pagaron más que un año antes hasta sumar más de 1770 millones de euros.

Por su parte, la antigua Gas Natural consiguió reducir su factura fiscal en un 40% hasta abonar la cifra más baja en la última década y situar su porcentaje sobre ganancias en el 17%. Los 263 millones que aparecen en las cuentas presentadas como pago por el impuesto de sociedades figura entre los más bajos de los últimos 20 años. Además, dicha cantidad difiere con fuerza de la cifra de años atrás: un 40% menor a la de 2017, un 50% más pequeño que en 2016, un 56% más bajo que en 2015 y hasta un 63,2% por debajo de la cifra que pago a Hacienda la eléctrica en 2014.

Naturgy
Reynés, presidente de Naturgy

TEMOR A CAMBIOS EN EL IS POR EL GOBIERNO DEL PSOE

La llegada al Gobierno del PSOE trajo consigo una serie de temas recurrentes que rápido entraron en el discurso público, uno de ellos fue el de la “necesaria modificación del Impuesto sobre Sociedades para que las grandes empresas pagarán un porcentaje más alto respecto a sus beneficios“, según explicaba en su momento el Ejecutivo. De hecho, el propio presidente, Pedro Sánchez, se reunió con los presidentes de muchas de ellas para tratar la idea.

El temor a un cambio en la fiscalidad del impuesto provocó que muchas de las grandes compañías españolas decidieran activar una parte importante de los activos fiscales diferidos que mantenían en balance, ya que muchas de las informaciones que se habían sucedido iban en la dirección de limitarlos. Aunque ahora parece lejos se debe entender que la convocatoria de elecciones ha llegado bastante más tarde que el ‘dead line’ que tenían las firmas para decidir sobre la activación o no de dichos instrumentos, por lo que muchas de ellas decidieron tomar una posición defensiva.