Puerto de Indias

“Sin querer queriéndolo”. Esta frase es la que utiliza el cofundador y director general de Puerto de Indias, José Antonio Rodríguez, para explicar algunas de las decisiones más importantes que han contribuido a construir un imperio que levanta pasiones y recelos a la par. “La calor sevillana” y un dibujo en Paint son dos de los ingredientes que dan forma a una historia llena de curiosidades y casualidades; pero sobre todo de intuición. Esa que llevó a dos hermanos de un pueblo de Sevilla (Carmona) a crear de un error una nueva subcategoría de ginebra, la afrutada.

“Estábamos haciendo uvas pasas en aguardiente y se me ocurrió macerar fresas en alcohol”, explica el fundador. En invierno el experimento salió bien, pero llegó la primavera y con ella “la calor sevillana”. Por lo que las fresas compactas se diluyeron en los litros de alcohol. Un error que destilaron y al que dieron una utilidad cuando otros hubieran tirado a la basura este ensayo.

Y sin quererlo queriendo crearon una nueva subcategoría: la ginebra afrutada, que ayudó a renovar las estanterías de bares y supermercados. “Sin querer queriendo hicimos una ginebra de poca graduación, dulce de tomar y cuya mejor prescriptora ha sido la mujer. Y sin quererlo queriendo pusimos un precio medio que no existía: 14,95 euros en el supermercado”, se enorgullece el fundador.

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Y no es para menos porque la empresa no ha necesitado poner ni un euro de su bolsillo para promover acciones de marketing o publicidad. Un éxito que esconde una curiosidad en su botella. La etiqueta de Puerto de Indias la diseñó José Antonio con el famoso programa de Windows, Paint. Algo que nadie sabía.

Por eso, dos años después y en pleno auge una importante empresa internacional de marketing llamó a José Antonio para felicitar al equipo de marketing de la empresa. Una sorpresa para este sevillano al que le hizo gracia aquella ocurrencia. “¿Cuánto dinero se gasta una multinacional en diseñar una imagen? Muchísimo. Dos personas de un pueblo son capaces de diseñar una etiqueta, de crear un producto, una imagen y triunfar”, recuerda.

Ahora hacen 60 eventos en España en discotecas y pubs para atraer al público y 20.000 promociones en Carrefour o El Corte inglés, por ejemplo. “Nuestro marketing y publicidad es nuestro cliente final”, apunta.

Y ya que estamos, el nombre de Puerto de Indias también tiene su propia historia. Está relacionado con el descubrimiento de América, época en la que Sevilla con la Torre del Oro se convirtió en uno de los principales puertos de intercambio de mercancías entre España y el Nuevo Mundo. La idea surgió del hijo de José Antonio, pero al fundador no le gustaba. Le pareció muy largo porque “las bebidas alcohólicas tienen un nombre muy corto”, por eso de recordarlas mejor. También pensó que de cara al mundo tienen más éxito los nombres ingleses. Pero al final se quedó el nombre largo y en castellano. ¿El resultado? Triunfó tanto que la empresa ha conseguido que la gente asocie la ginebra afrutada con Sevilla.

“Dentro de 15 o 20 años veremos el whisky escocés junto a la ginebra afrutada sevillana”

Estas decisiones se tomaron en 2013 “con la que estaba cayendo en este país”. En plena crisis, aunque a José Antonio no le gusta la palabra, no lo estaban pasando bien. La destilería no atravesaba sus mejores momentos y dos familias dependían económicamente del proyecto.

EL MILAGRO DE MULTILICAR POR 16 SUS VENTAS

De estas decisiones y casualidades se obró el milagro. La empresa ha multiplicado por 16 en cuatro años su cifra de negocio. En sus primeros meses de vida, en el año 2013, vendían en torno a las 2.000 botellas, mientras que en 2017 la cifra se acercaba a los seis millones. Unos datos que también han repercutido en el número de empleados, pasando de cuatro a 150.

Puerto de Indias

Y como ocurre con todas las compañías exitosas, el fondo de capital riesgo IHG Europe se fijó en esta empresa familiar. Compró hace casi un año el 66%, pero no por ello cambio su forma de trabajar. “Tenemos el 33% y yo sigo siendo el director general, mi hermano el director de producción y mi hijo el director de marketing”, recuerda José Antonio.

Si bien es cierto, algunas cosas ya no son iguales. Hay un comité de dirección y un Consejo de Administración, mayor inversión en maquinaria y una apuesta clara y decidida por la expansión internacional de la marca. Actualmente están presentes en 28 países y esperan que este año las ventas internacionales se tripliquen –ahora suponen entre un 5% y un 6% de la facturación total–. Países como EEUU, Singapur y algunos de Europa son sus principales focos de acción.

LA GINEBRA MÁS IMITADA DEL MUNDO: MÁS 120 COPIAS

Además de en ventas, el éxito de un producto se puede medir de otra manera: con el número de intentos de réplicas. En el caso de Puerto de Indias, José Antonio tiene más de 120 copias contabilizadas a lo largo y ancho del planeta. “Todas las que pensaban que el proyecto no iba a tener continuidad y han hablado mal de nosotros, nos han acabado copiando”, asegura el cofudador. Gordon, Larios, River y la última, Beefeter con su ginebra Pink.

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Unas copias que más que un problema son casi un halago, hasta el punto que la marca Tanqueray ha sacado una ginebra en la que usa el nombre de Sevilla (Tanqueray Flor de Sevilla). Situación con la que se ilusiona el director general de Puertos de Indias: “Dentro de 15 o 20 años veremos el whisky escocés junto a la ginebra afrutada sevillana”. Hecho que supondría que Sevilla es sinónimo de ginebra afrutada.

Porque ni hablar del fin del boom del gin tonic a pesar de que el fabricante de bebidas alcohólicas Pernod Ricard, propietario de Seagrams o Beefeater, alertó hace unos días de una caída interanual de las ventas del 1% en valor y del 1,5% en volumen. “Ginebras de toda la vida se están quedando antiguas y la nuestra es la que está tirando del sector”, señala el fundador de Puerto de Indias.

Además, la empresa tiene otro as en la manga: su gran consumo en la sobremesa o de tardeo. Y por si fuera poco, ha creado a su alrededor una nueva industria: ‘gintonerías’ o empresas de tónica están naciendo al calor de esta tendencia. Por eso José Antonio augura una larga vida a Puerto de Indias. “Es mi niño pequeño. Ahora está en pañales y tiene que hacer la primera comunión”, sentencia con su particular gracia sevillana.