Ha bastado poco más de un año para que el flamante presidente de Naturgy,  Francisco Reynés (Mallorca, 1963) defraude muchas de las expectativas creadas. Nadie podía pensar que lo haría de una manera tan rotunda a estas alturas.

Reynés llegó a la presidencia de Gas Natural Fenosa, (que poco después, y de forma discutible, cambió de nombre a Naturgy), en febrero del 2018. Lo hacía sustituyendo a Isidre Fainé y avalado por una trayectoria de efectividad en Abertis.

Las expectativas eran tan altas que pareciera que llegaba Obama a la presidencia de Gas Natural. A Obama le dieron un Nobel de la Paz preventivo y absurdo, no en base a hechos, sino por las expectativas creadas. A Reynés, a su nivel, que desde luego no es de premio Nobel, le recibieron igualmente con un par de premios empresariales por el mismo motivo: las expectativas.

En el caso de Barack Obama no ayudó que el flamante premio Nobel de la Paz bombardeara hasta 7 países en 8 años de mandato. A Reynés no le ha hecho falta bombardear a nadie para que muchos, dentro y fuera de Naturgy, se vean defraudados en las expectativas iniciales.

Parecía que iba a hacer muchas cosas, y llegaba para dar un nuevo impulso a una de las grandes corporaciones industriales del país. Pero no, hoy podemos asegurar que, poco o nada positivo ha traído su gestión hasta la fecha.

A REYNES EN NATURGY YA LE LLAMAN “EL CAPITÁN RECORTES”

A su llegada nos vendieron la burra de que era el directivo de la “regla del tres”. Todo ello porque en Abertis para cualquier cosa, ya fuera a favor o en contra, siempre argumentaba tres razones. Preguntado por el motivo un día explicó que daba igual si había más motivos para argumentar o explicar algo, la gente sólo presta atención a las tres primeras, con lo que son las únicas importantes. Desconozco si esto lo leyó en un libro de autoayuda o es de su propia cosecha, pero el caso es que lo pregonaba a los cuatro vientos.

Su gestión defrauda como si de un producto de AliExpress se tratara. Al abrir el paquete, la realidad es bien distinta a la que compraste.

Hizo bandera de esta seña de identidad, pero hoy los directivos, empleados y socios de Naturgy le conocen por algo bien distinto. A Francisco Reynés ya le llaman, con cierta sorna, “El Capitán Recortes”.

Preguntado por ello, un directivo de la energética, que por motivos obvios exige anonimato, sonríe:

Sí, yo también había oído lo de los tres argumentos… de hecho la realidad es algo parecido, siempre nos preguntamos si nos va a recortar el presupuesto un 25, un 30 o 40%. Justo tal y como nos dijeron; son tres opciones. Y yo, sí sólo es un 25 o 30% salgo satisfecho”.

Parece que el talante de diálogo ha pasado a la historia, y ha quedado, como si de un producto de AliExpress se tratara, como un mero reclamo publicitario. Cuando abres el paquete la realidad es bien distinta a la que compraste.

Francisco Reynés Capitán Recortes
El “Capitán Recortes” con su instrumento de trabajo

Sea como fuere es un hombre con una misión, y el mandato asumido está claro. Reducir el perímetro de la compañía, y reducir drásticamente personal, un mínimo de 2.500 personas en España. De ellas ya se habrían prejubilado unas 890, y se estima que podrían prejubilarse otras 550 en 2019. El resto podría tener una salida algo más traumática.

Y curiosamente ni siquiera en este escenario de recortes radicales los dos principales fondos que controlan el accionariado, GIP y CVC, están totalmente satisfechos. Quieren más madera. A ellos, las medidas de Francisco Reynés les gustan, sí, pero en ocasiones les parecen tibias: apuestan por un ajuste de personal más rápido y efectivo. Piensan que las prejubilaciones se están haciendo en condiciones demasiado ventajosas, y “a costa de su dinero”.

Estrujar la vaca para dejarla sin una gota de leche contrasta con el incremento de dividendos del 59% y el super-bonus de los directivos

Ese es uno de los principales equilibrios; mantener contentos a los tres principales accionistas. Por un lado, Criteria (CaixaBank), donde a día de hoy Reynés cada vez tiene menos apoyos, aunque cuenta con el principal, el de Isidre Fainé. Por otro, los fondos GIP y CVC con distintas visiones, pero una motivación común sencilla de entender. Sólo les interesa el retorno inmediato a su inversión. Money talks.

Maximizar rápido el valor accionarial es el mantra y eso sólo se puede hacer de dos maneras. Incrementando el negocio o recortando masivamente gastos y buscando una mejora de EBITDA inmediata, sin invertir un euro para ofrecer más dividendo. Adivinen cual ha sido la opción escogida.

EL “CAPITAN RECORTES” NO SE RECORTARÁ A SI MISMO

“Para lo que se está haciendo no hacía falta un presidente ejecutivo. Simplemente un tipo de McKinsey con unas tijeras, una hoja de excell y una calculadora” -se quejan amargamente desde la Plaça del Gas en Barcelona-, “con un consultor nos habríamos ahorrado el bonus”.

Pues están en lo cierto.

Hasta la fecha lo único que avanza en las cuentas de resultados de Naturgy son los recortes indiscriminados, recortes que ponen en peligro miles de puestos de trabajo y el patrimonio de la compañía. Al ser un negocio regulado, pretenden eliminar perímetro, y después exprimir el mercado regulado al máximo. Pero más sangrante si cabe es que ese estrujar a la vaca para dejarla sin una sola gota de leche, contrasta con el aumento de dividiendo de un mínimo de un 59% y con un extraordinario bonus para su cúpula directiva. Se socializan las penas, pero nunca los beneficios.

Este super-bonus de Reynés y su cúpula ha creado malestar incluso entre los accionistas más devotos. Naturgy habría invertido la nada despreciable cifra de 200 millones de euros en crear un plan de incentivos, principalmente para 26 ejecutivos, capitaneados por el propio Reynés. Los parámetros a cumplir son la revalorización de dividendos (sencillo, ya se aprobó) y la evolución en bolsa de la compañía (para ello llegarán más medidas de recorte y así maximizar EBITDA 2019, reduciendo drásticamente el gasto).

En otras palabras el plan de incentivos tiene dos condicionantes: contentar a los accionistas y exprimir la vaca. A simple vista parece fácil para alegría de los 26 involucrados. Los grandes perjudicados son los empleados y los accionistas con vocación de permanencia a medio plazo. El patrimonio se deteriora por minutos. Una de las grandes empresas industriales del país amenaza con quedarse tísica, en los huesos.

Por supuesto habría otra vía, generar valor y nuevo negocio que impacte en la cuenta de resultados, sin malvender patrimonio y apostando por el medio plazo. Pero esa expectativa se ha ido diluyendo con el paso de los meses, y salvo sorpresa, el incremento de negocio, ni está ni se le espera.

El super-bonus de los directivos promete ser épico. Se han invertido 200 millones (100 de ellos financiados) en asegurarlo

La votación del plan de incentivos en la última junta de accionistas contó con la abstención de CaixaBank, único punto del orden del día donde no votó a favor. Hay cosas que ni el todopoderoso Fainé puede apoyar. El plan de incentivos ha necesitado además la financiación adicional de 100 millones de euros. No se invierte en el negocio, se invierte en el bonus de la cúpula.

Tal vez consciente de esta situación peculiar, en la que mientras unos exprimen la vaca  otros se ponen hasta arriba de leche, Reynés busca un CEO que le saque del foco del día a día. Y es muy probable que lo nombre dentro de la misma compañía, para que sea el ejecutor en primera persona de la segunda fase de recortes. Tampoco en eso logra la unanimidad de los accionistas, y empiezan a asomar comentarios en petit comité sobre que el ejecutivo está extraordinariamente pagado y debe asumir en primera persona las medidas duras de ajuste.

“Si por él fuera ya habría nombrado un CEO. Se le dieron poderes ejecutivos y remuneración acorde, para que asuma toda responsabilidad, pero, posiblemente los accionistas acabarán cediendo en este punto”.

UN CEO DE NATURGY PARA AYUDAR A DIGERIR… LOS MARRONES

Sea el mismo, o un CEO nombrado para la ocasión, las patatas calientes esperan. Entre ellas la reducción de personal, o la filial de Chile. Pero estos no son los únicos problemas que aflorarán en los próximos meses.

14 meses después, el presidente de Naturgy se ha llevado a casa algunos premios preventivos, que nadie le pedirá que devuelva, pero ha demostrado merecerlos más bien poco.

Recortes masivos -y los que quedan-, el fiasco en Chile, descapitalización de la compañía, aumento de dividendos, reducción de la inversión, salidas de empleados y un espectacular bonus que nadie entiende como razonable con una gestión de tierra quemada. Si todo sigue así, por donde pisa Francisco Reynés, no va a volver a crecer la hierba.

Naturgy

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Uno de los grandes accionistas tiene ya dudas sobre la gestión del flamante presidente. En las Torres Negras, sede de otro de los de referencia, se encuentran opiniones diversas. Cada vez son más las voces que muestran su desconcierto ante las medidas que se están tomando. Uno de los últimos que aun cree en él, es el propio Isidre Fainé. De su salud y de su paciencia, así como de que continúe la sintonía con Javier de Jaime, de CVC dependerá el futuro de Reynés al frente de Naturgy.

13.000 empleos directos expectantes. De ellos 12.674 están preocupados -¡y con razón!-. Los otros 26, directivos receptores del super-bonus, intuyo que no lo están tanto.