El Corte Inglés

Es interesante seguir de cerca el curso de los acontecimientos en el seno de El Corte Inglés. También es llamativo ver como la mayoría de medios de comunicación se hacen eco de lo que sucede, pasando de puntillas, propio de la época de “vacas flacas”. Eso es lo que sucede cuando se habla de uno de los principales anunciantes del país.

Uno de los últimos capítulos se repite desde hace unos meses. Se trata de una tontá absurda. Las hermanas Marta y Cristina del Rey Guil (que posteriormente cambiaron su primer apellido por Álvarez tras ser adoptadas por Isidoro), están empeñadas en juntar adeptos para convocar un consejo que cese al actual presidente, Dimas Gimeno. Es, al menos, la tercera o cuarta vez -¡que obsesión!, ya hasta hemos perdido al cuenta-, que lo intentan. Las posturas están tan enquistadas, que parece que no pararán hasta conseguirlo; aunque sea por agotamiento. Han fracasado varias veces, sólo necesitan lograrlo una vez. Sorprende porque hemos de recordar que fue su propio padre adoptivo, Isidoro Álvarez, el que nombró sucesor a su sobrino, Dimas Gimeno.

ADOPCIÓN IMPUGNADA

Pero no se lo pierdan, porque el culebrón gana en intensidad. María Antonia Álvarez, la hermana de Isidoro, quiere impugnar en los tribunales la adopción de Marta y Cristina. No se trata de una cuestión de cariño, la adopción tuvo lugar cuando ellas tenían ya 40 años e hijos. De prosperar la denuncia, pudieran no ser legitimas herederas del imperio e incluso de serlo, sino se consideran legalmente familiares en primer grado, deberían tributar en la Comunidad de Madrid el 70% de la herencia, no el 1%.

Así se pone en cuestión la herencia del 15% de las acciones de El Corte Ingles, que hoy sirven también para también controlar la Fundación Ramón Areces, (35% del accionariado). En este momento en que la tensión entre las familias propietarias está en su máximo nivel.

Lo que en una PYME cualquiera sería una simple pugna familiar y accionarial, una mera noticia secundaria, en El Corte Inglés adquiere estatus de categoría. Marta y Cristina Álvarez Guil lo están llevando a un extremo tal que no me extrañaría que Netflix quisiera hacer de ello una serie de televisión. De hacerse sería digna heredera de Dinastia o Falcon Crest (a mi, por cierto, me gustaba más la segunda).

Esto es preocupante para todos, en primer lugar, porque se trata de una empresa sistémica. El grupo de empresas del triángulo verde da trabajo a cerca de 100.000 personas de forma directa y según un estudio de KPMG a más de 340.000 de forma indirecta. Además, El Corte Inglés tiene un impacto económico equivalente al 2,4% del PIB en España. 

Cuando cierro los ojos y pienso en el Consejo de Administración de El Corte Inglés, imagino a un grupo de personas preocupadas por los retos del futuro, por mantener el fabuloso imperio inmobiliario, por la digitalización, por el apasionante reto que supone competir con Amazon y con otros intermediadores. Ejecutivos interesados en la profesionalización de una gestión llevada de manera personalista en las últimas décadas, con los peligros que ello genera. Pero no, les miras y están peleando por ver quién es el dueño de la empresa. Y deben asumir que ¡no lo es ninguno!

Si saco de esa ecuación a Dimas Gimeno y dejo al resto de miembros del consejo, no veo a nadie con auctoritas suficiente,  la edad, formación y experiencia adecuada para afrontar esos retos futuros

Hoy el consejo no está invirtiendo su tiempo en la toma de decisiones operativas, las que afectan directamente al negocio y a la supervivencia de la compañía, sino que está inmerso en un baile de sillas e intrigas, tan surrealista como temerario. Es imperativo que alguien con dos dedos de frente le ponga fin.

Isidoro Alvarez presidió la compañía desde 1989, año en el que falleció su tío Ramón Areces, que le designó como sucesor. La historia se repitió, y así, Isidoro antes de fallecer en 2014 había designado como sucesor a su también sobrino, Dimas.

Esa clara voluntad no debió ser del agrado de sus hijas Marta y Cristina, ya que, desde entonces, y cada vez de forma más enérgica, sus movimientos han estado destinados a torpedear la labor de la presidencia. Así, desalojaron primero de carga ejecutiva, y ahora intentan desalojar del cargo, a su primo, y actual Presidente.

BALANCE DE LA GESTIÓN DE DIMAS GIMENO EN EL CORTE INGLÉS

Cuando Dimas Gimeno asume la Dirección General de la empresa en 2013, un año antes de morir su tío, hereda la gestión de un gigante con graves dificultades financieras y las cuentas muy deterioradas tras la crisis que empezó en 2007. Sólo así se explican decisiones creativas, que son las responsables de que hoy la compañía exista tal como siempre la hemos conocido. Sí, eso quiere decir que ha habido riesgo cierto en que hoy, sin estas medidas, El Corte Inglés, de existir, fuera muy distinto a como lo conocemos.

Gimeno, puede presumir en su etapa de primer ejecutivo de haber detenido la caída y liderado el inicio de la recuperación en términos de beneficio neto y facturación, como se puede ver en el gráfico siguiente:

Gestión Dimas Gimeno El Corte InglésUna gestión de éxito, que lejos de reafirmarle como primer ejecutivo de la compañía la generado en las hermanas Alvarez Guil recelo e intención de cesarle. Curiosa intriga en lo práctico, pero peor aún en lo estético. Algún día se conocerá en detalle las espantosas formas con las que se ha perpetrado todo esto.

1,2,3 Falcon Crest en El Corte Inglés

Les gusta que se refieran a ellas como “la propiedad”, como si fuera una, única, e indivisible. Como si no estuviera atomizada, fuera solidaria y debiera ser integradora y responsable. Ese es el gran riesgo de todo esto. El Corte Inglés tiene accionistas, pero no tiene “dueños”, y eso lo tienen que asumir todas las familias accionistas por responsabilidad. Hace falta entre todas ellas, de forma integradora, un Gran Pacto por El Corte Inglés. Si había un dueño, entendido a la vieja usanza, en la etapa de Isidoro Álvarez o Ramón Areces, porque su talento y su mayoría daba para ello. Pero deben mentalizarse; ahora no.

Pensar que juegos accionariales de mayorías te convierte en “propietario de El Corte Inglés”, no es cierto. Para eso se diseñó que el mayor tenedor de acciones fuera una Fundación, por mucho que haya sido tomada al asalto. Esa actitud soberbia es además es un riesgo para los empleados, y para el país.

Tras ir poco a poco sustituyendo con frialdad puestos directivos y de consejo por otros afines a sus intereses, las hermanas Álvarez Guil nombraron a mediados de 2017 a dos consejeros delegados. Ambos teóricamente bajo la figura del presidente Dimas Gimeno, al que desposeyeron de cualquier carga ejecutiva. Ese fue el singular equilibrio que dibujaron para salvar la parte moral de todo esto. Esa parte no es otra, y hay que decirlo claramente, que el asalto a la voluntad del que fuera su padre adoptivo, que nombró un claro sucesor en la figura de su sobrino, tras valorar la experiencia y la formación de su círculo más cercano.

Dimas Gimeno, Cristina y Marta Alvarez Guil

Todas estas circunstancias empiezan en hacer mella en los empleados, que asisten atónitos a un espectáculo de difícil digestión. El único objetivo parece ser el satisfacer las ansias de control total de la compañía. Una ambición difícil de justificar en los tiempos que corren, y sólo asumible en el pasado con propietarios de verdad, con carisma, mando en plaza y olfato, como fueron Ramón Areces o Isidoro Alvarez. Hoy, las dos hermanas Álvarez Guil, con franqueza, no dan ese perfil gestor. Eso es vox populi, motivo de conversación y preocupación en el seno de Hermosilla por parte de numerosos directivos que, temerosos, prefieren permanecer en el anonimato:

“Aquí, como en la época de Alfonso Guerra, el que se mueve no sale en la foto. Hay una auténtica caza de brujas. Vivimos aterrados por si alguien intuye que mostramos simpatía personal o comulgamos con medidas de una facción distinta a la dominante. Se está estableciendo el pensamiento único. Es irrespirable. Nadie habla ni actúa con libertad”.

En los corrillos de pasillo de la sede de la empresa hay un silencio sepulcral, pero cuando se respira aire libre, tan sólo a unas cuantas manzanas de distancia, la preocupación fluye con la misma intensidad que los comentarios:

“Con todo el respeto, las acciones garantizan la propiedad, pero no deberían garantizar la gestión. Debería ser 100% profesional. El Corte Inglés puede y debe pagar a los mejores ejecutivos. Cristina y Marta tocan los temas de oídas, y no el tienen bagaje empresarial como para asumir responsabilidades más allá. El panorama en nuestra casa empieza a ser aterrador.Confiesa con preocupación.

Voces internas (y externas, cada vez más emergentes desde el mundo político), muestran su preocupación por la deriva del seno de la empresa, y piden a gritos una mayor profesionalización en la gestión. La capacidad se muestra con la formación primero y la experiencia después.

“Haber vendido bolsos en el Corte Inglés de Castellana, es dignísimo, ¡por supuesto!, pero no te habilita para dirigir el destino de una empresa de 100.000 empleados”

Esas mismas fuentes echan de menos un mayor impulso por parte de Manuel Pizarro,  consejero independiente nombrado por Isidoro Alvarez y llamado a tutelar y acompañar a Dimas Gimeno como primer ejecutivo de la compañía. “Isidoro hubiera esperado más de él, precisamente le nombró para asegurar el equilibrio y que primaran las decisiones de negocio. Ante las embestidas de los accionistas, en ocasiones se pone de perfil, cuando debiera hacer valer su autoridad, al menos la moral. ¡Qué la tiene!”.

El Corte Inglés

UN GRAN PACTO POR EL CORTE INGLÉS

Hay multitud de retos, decisiones que tomar y problemas: una solución accionarial, digitalización, decisión de salir a bolsa, la plantilla, centros comerciales, el “efecto Mc Donalds”, Hipercor, el elevado grado de corrupción directiva instaurado durante años (de la que hay mucho que contar). La solución debiera empezar por un pacto, que, empleados, agentes sociales, el mismísimo gobierno y los cientos de miles de proveedores y clientes debemos exigir a la entidad.

Todos los retos anteriores acaban en una conclusión común. Urge un gran pacto por El Corte Inglés. Uno que no sea excluyente, y que englobe a TODOS LOS ACCIONISTAS.

Es necesario un acuerdo que aporte la dosis de estabilidad y tranquilidad suficientes para afrontar el futuro. Todos deben tener su espacio, tal y como fue diseñado. Los equilibrios de poder deben establecerse de forma lógica, y no excluyente.

Si seguimos jugando a Falcon Crest, el Jeque Hamad acabará comprando la empresa a precio de saldillo, Eso si Amazon no se la ha merendado antes

Un acuerdo así requiere generosidad, y altura de miras. No es posible desde una mera aritmética accionarial. Hay más poderes fácticos que los accionistas involucrados , que tienen capacidad de exigirlo. En ese escenario, el primer accionista moral es el Estado. Por ese motivo está en manos de todos intentar que la situación accionarial regrese a la senda adecuada y que no se convierta en un cortijo de unos pocos, obstinados en saciar viejos complejos y vanidades personales.

Con un Pescanova y con un Banco Popular, hemos tenido más que suficiente. Al menos deberíamos haber aprendido algo de ello.

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