Apple

Apple ha trabajado (con éxito) durante décadas en tener creyentes. No clientes.

Eso es un enorme riesgo. Es un riesgo en primer término para los pobres creyentes iPhone en mano. Cuando las razones para la compra de un producto empiezan a ser etéreas y no se sustentan de forma objetiva, el fabricante se relaja considerando que tiene una clientela cautiva. Eso hace que no mantenga la necesidad imperiosa de ofrecer lo mejor, y que pueda dosificarlo o permitir mejor tecnología a la competencia sabedor de que sus fieles no son racionales y seguirán adorándoles. Dicho de otra manera: si crees ciegamente siempre está la tentación de la contraparte de poder clavártela

Pero en segundo término es un riesgo final para la compañía, para Apple. Si defrauda a esos creyentes, se genera un problema reputacional. No una decepción con un producto, sino un engaño por parte de la marca. Se sentirán traicionados y jamás volverán a ella.

Amigos de Apple, la confianza sube por la escalera, pero baja en ascensor.

Esa línea fina, separa la adoración del fracaso. Y es la que delimita que a un lado de ella renovemos productos similares de la misma marca, pagando importantes cantidades de dinero, cuando no era necesario en absoluto ni representan un cambio que lo justifique. Una de las mayores tonterías que jamás he hecho ha sido cambiar un iPhone 6 por un iPhone 7, con franqueza la diferencia no se justificaba ni en 100 Euros.

Si se cruza la línea roja se empieza a racionalizar las decisiones y eso no le interesa a Apple en absoluto. Y digo que no le interesa porque desde un punto de vista racional, puro y duro, Apple hace productos fantásticos, pero, comercialmente, nos toma el pelo con ellos. Hace años lo hacía un poquito, pero viendo que la mayoría de sus clientes no se preocupan demasiado, han subido la presión y ahora lo hacen mucho más. Lo malo es que ya se les nota y que va a ser un punto de inflexión.

Apple y la rumorología

Siempre ha existido la rumorología de que Apple ralentizaba a propósito los terminales cada vez que sacaba un nuevo sistema operativo, para que, con el lanzamiento de nuevos teléfonos, la promesa de más Gb de almacenamiento, más velocidad, y mejor cámara fuera excusa suficiente para poder quitarnos 1000 euros de nuevo. Esos rumores ahora han quedado confirmados con un estudio de Geek Bench que ha tenido la santa paciencia de analizar el rendimiento de los iPhone y lo que es más increíble, ha sido confirmado indirectamente por Apple.

En los últimos tiempos la gente veía con perplejidad que los iPhones a los que se remplazaba la batería aumentaban de velocidad de procesador. No tenía demasiada lógica. Apple al referirse a la cuestión el pasado miércoles reconoció que limita por software paulatinamente la energía que consumen los procesadores a medida que va actualizando el sistema operativo. Y lo justifica en intentar evitar que se cuelguen los teléfonos, por ejemplo, que cuando te quede un 20% de batería de pronto se apague en el momento más inoportuno. Sea esa la verdadera razón o no, se trata de un iPhonegate en toda regla.

Apple ha confirmado que puede y de hecho, que los ralentiza sin avisarnos, y lo hacen según sus deseos a medida que sacan un nuevo sistema operativo (que coincide con la salida de nuevos modelos de terminales).

Ojo. No se trata de obsolescencia programada. Ojalá. En ese caso se trataría de hacer un producto con la idea que se desgaste o dure un tiempo limitado. Eso es otra cosa. Aquí se trata de manipulación. Hacer que rinda menos a propósito perjudicando al usuario, aunque eso no sea necesario y sin su conocimiento. Toda una tomadura de pelo en la que deberían tomar partido las autoridades.

El sueño de Apple es transformar la venta de un producto final (un iPhone), a un modelo de suscripción por el que te genera la necesidad de cambiarlo cada 12-18 meses. Al precio de los iPhone eso no es admisible, pero mucho menos admisible es que alguien manipule tu procesador de forma remota con cada actualización de sistema operativo.

Mientras sigamos comprando iPhone como borregos estás navidades seguirán haciéndolo. Es un práctica abusiva y un golpe en el cuello del estomago a todos los que, un día que cada vez se ve más lejano, nos llegamos a considerar creyentes y no clientes.

¡Si Steve Jobs levantara la cabeza!… pues, posiblemente se reiría de forma pícara. El hacía lo mismo, sólo que no nos enterábamos.

La dictadura de Apple escribe un nuevo capítulo. Y no es el primero.

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