El verano de 2026 mató a más de 50.000 personas en Europa. Es el peor registro de muertes por calor en Europa desde que existe una serie comparable, y dos de cada tres fallecimientos son atribuibles al cambio climático, según dos estudios revisados por otros expertos y publicados en Nature Health por equipos del Imperial College London y de la London School of Hygiene & Tropical Medicine.
El verano más letal de la serie: 50.000 muertes frente a las 29.000 de 2022
La cifra supera con holgura las dos crisis que hasta ahora marcaban la referencia. Los mismos modelos sitúan el verano de 2022 en unas 29.000 muertes y el de 2003, el episodio que instaló la canícula en la agenda política europea, en unas 28.000. Son casi el doble. Y la comparación se hace sobre el mismo conjunto de áreas urbanas de los treinta países analizados, no sobre el total continental, de modo que las tres cifras hablan el mismo idioma metodológico.
El mapa de la mortalidad sigue al mapa de las temperaturas. El sur y el oeste de Europa registraron los valores más altos del verano y también las tasas estimadas más elevadas. La novedad incómoda está en el norte: países habitualmente frescos acumularon alrededor de 4.500 muertes en sus áreas urbanas, un dato que rompe la intuición de que el calor extremo es un asunto mediterráneo.
La cronología del verano dibuja una huella nítida. Un tercio de todas las muertes se concentró entre el 17 de junio y el 1 de julio, la ventana en la que la temperatura media diaria de buena parte de la región superó en más de 5 °C su promedio histórico. Sostener cinco grados de anomalía sobre un territorio entero durante dos semanas no es un día caluroso: es, en términos climáticos, como empujar ese territorio varios cientos de kilómetros hacia el sur.
La edad sigue siendo el factor de riesgo dominante, aunque no el único. Alrededor de 6.000 de los fallecidos tenían menos de 65 años, uno de cada ocho. El resto eran personas mayores, muchas viviendo solas en pisos sin refrigeración, el perfil que los servicios de emergencia europeos conocen de memoria desde 2003.
Un tercio de las muertes del verano se concentró en dos semanas de junio, con la temperatura media cinco grados por encima del promedio histórico de medio continente.
La proporción de muertes que se carga a la cuenta del clima ha crecido con los años. A principios de siglo, los estudios de atribución situaban el cambio climático detrás de alrededor del 40% de la mortalidad asociada al calor; en 2026 esa proporción ronda los dos tercios. Dicho de otro modo: dos de cada tres de las personas que murieron por calor este verano no habrían muerto en un planeta sin la carga añadida de gases de efecto invernadero.
La distancia entre el clima que hay y el que habría sin emisiones es, en la práctica, la cuenta de la mortalidad evitable.
Cómo se estiman 50.000 muertes sin contar un solo certificado de defunción

El trabajo no cuenta ataúdes, cuenta probabilidades. Los investigadores reunieron registros de temperatura y los cruzaron con la relación histórica entre calor y mortalidad en 854 áreas urbanas de los veintisiete países de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega y Suiza. Esas áreas concentran alrededor del 40% de la población de los treinta países incluidos: cuatro de cada diez europeos de esa franja viven en las ciudades analizadas.
A partir de ahí, el equipo estimó el exceso de muertes atribuible al calor verano a verano, de 2000 a 2026, y comparó esos resultados con las estadísticas oficiales de exceso de mortalidad que las autoridades sanitarias nacionales publican después. Según los autores, la metodología produce resultados coherentes con esas series.
La atribución al cambio climático sigue una lógica distinta y algo más fina: comparar las temperaturas registradas en cada ciudad con las que se habrían dado sin la carga añadida de gases de efecto invernadero. La diferencia entre ambos mundos —el real y el contrafactual— es la porción de mortalidad que se carga al clima.
Dos tercios del problema tienen una causa identificable
Hay una solidez de fondo en estos resultados y una cautela que conviene no saltarse. La solidez viene de la escala: 854 ciudades, treinta países, una serie de 26 años y dos artículos que han pasado revisión por otros expertos. La cautela viene del método: son estimaciones modeladas, no recuentos forenses, y la cifra de atribución depende del escenario que se construya para el mundo sin emisiones. La propia serie histórica sirve de aval, porque en veranos anteriores estas estimaciones han coincidido con los recuentos oficiales que las autoridades sanitarias nacionales publicaron meses después. Esa comprobación, la que aún falta para 2026, dirá cuánto se desvía el modelo.
El problema tiene además una geografía muy concreta dentro de las ciudades. El asfalto y el ladrillo retienen calor durante la noche, el fenómeno que se conoce como isla de calor urbana, y esa diferencia con el entorno rural explica parte del exceso de mortalidad. El profesor asistente y epidemiólogo de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, Pierre Masselot, lo resumió así: el calentamiento global es ‘un problema de todos’ y ‘toda la población se ve afectada’. Su receta pasa por enfriar las ciudades con más espacios verdes, menos contaminación, y atención médica para los afectados.
La doctora Clair Barnes, investigadora de meteorología extrema y cambio climático en el Centre for Environmental Policy del Imperial College London, afirmó que puede sostenerse ‘con bastante seguridad’ que el verano de 2026 ha sido el peor registrado en mortalidad asociada al calor en buena parte de Europa. Y añadió el recordatorio que suele perderse entre decimales: ‘Detrás de estas estadísticas hay personas reales que perdieron la vida y familias reales que las lloran’.
Queda un hito concreto en el calendario: la publicación de los registros oficiales de exceso de mortalidad de cada país, que permitirá medir el acierto del modelo verano a verano. Y una pregunta que ningún artículo resuelve: cuántas de esas 50.000 muertes se habrían evitado con las intervenciones que ya existen, de los refugios climáticos a las visitas a mayores que viven solos. La adaptación no detiene la próxima ola de calor. Solo decide quién la atraviesa.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: dos estudios estiman más de 50.000 muertes por calor en Europa en el verano de 2026, la cifra más alta de la serie, con dos tercios atribuibles al cambio climático.
- Dónde: 854 áreas urbanas de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega y Suiza, con el sur y el oeste del continente como zonas más afectadas.
- Institución responsable: Imperial College London y London School of Hygiene & Tropical Medicine, con publicación en Nature Health tras revisión por otros expertos.
- Cuándo: el verano de 2026, con los dos artículos ya publicados en Nature Health.
- Impacto a futuro: fija la referencia para medir la adaptación urbana y el peso del cambio climático en la salud pública europea.




