El JPL cumple 90 años: el cohete de Caltech nacido en un cauce seco que hoy guía sondas interestelares

El centro que nació de una prueba de motor en 1936 prepara para 2028 tres helicópteros sobre Marte y drones propulsados en el polo sur lunar. Su Voyager 1 cruzará un día luz de distancia el 18 de noviembre.

El 31 de octubre de 1936, unos estudiantes de Caltech encendieron un cohete en un cauce seco de Pasadena.

Aquella prueba en el Arroyo Seco, la noche de Halloween, fue el acto fundacional del Jet Propulsion Laboratory. Nadie lo sabía entonces. El grupo había ido a comprobar si su motor de combustible líquido aguantaba, y aguantó. Noventa años después, ese laboratorio gestiona para la NASA algunas de las misiones más ambiciosas del programa espacial y diseña la siguiente tanda: tres helicópteros que se desplegarán sobre Marte, drones propulsados en el polo sur lunar y sondas que seguirán alejándose hacia el espacio interestelar.

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La efeméride llega con balance y con agenda. «A lo largo de 90 años, las misiones únicas del JPL han transformado nuestra comprensión del universo y de nuestro lugar en él», dijo Dave Gallagher, director del centro desde 2025, en la nota publicada por el propio laboratorio. Él mismo entró como ingeniero y en 1992 dirigió el equipo que construyó y probó la cámara planetaria de campo amplio 2 del telescopio Hubble, responsable de varias de las imágenes más reconocibles de la misión.

Del cauce seco al Explorer 1: los años que fundaron el JPL

El primer salto grande llegó en 1958, cuando el laboratorio puso en órbita el Explorer 1, el primer satélite de Estados Unidos. No fue una copia del Sputnik soviético: llevaba a bordo un contador Geiger que descubrió los cinturones de radiación que envuelven la Tierra y se convirtió, con eso, en la primera nave espacial dedicada a hacer ciencia. Ese mismo año el centro se integró en la NASA recién creada, que desde entonces lo mantiene bajo gestión de Caltech.

Seis años más tarde, en 1964, el Ranger 7 dio al país su primera misión lunar. Después vinieron el primer sobrevuelo de otro planeta, la primera sonda que visitó los cuatro gigantes gaseosos, el primer telescopio infrarrojo, los primeros vehículos que rodaron por Marte y el primer helicóptero que voló en otro mundo. Contada así, la lista parece una sucesión de golpes de suerte,, y no lo es. Es el resultado de un patrón repetido durante nueve décadas: aceptar el riesgo de un diseño que nadie ha probado y ocuparse después de que el dato llegue a casa.

Nueve décadas después, el gesto sigue siendo el mismo: encender algo y comprobar si responde.

Esa infraestructura tiene nombre. La Red de Espacio Profundo, que el JPL desarrolló en la era Apolo para hablar con las naves más allá de la Luna, sigue siendo la antena que recibe las señales de las dos Voyager, que cumplirán 50 años en 2027. Su responsable histórico, Ed Stone, dirigió la misión durante medio siglo, fue director del laboratorio durante diez años y murió en 2024 sin ver el final del viaje.

Las dos Voyager siguen contestando desde un lugar al que ninguna otra máquina ha llegado jamás.

Tres helicópteros sobre Marte y drones en el polo sur lunar

Jet Propulsion Laboratory

La próxima década se parece poco a la anterior. La misión SkyFall, gestionada por el JPL y prevista para 2028, desplegará tres helicópteros durante el descenso sobre Marte. No volarán para batir un récord: lo harán para cartografiar depósitos de hielo enterrados y analizar patrones meteorológicos donde un rover no puede detenerse. La herencia directa es Ingenuity, el pequeño rotor que demostró que se puede volar en una atmósfera con menos del 1% de la densidad de la terrestre.

Ese mismo año, MoonFall aterrizará un grupo de drones propulsados de gran tamaño en el polo sur de la Luna, dentro del programa que prepara la base estadounidense en la superficie. Para 2027 está previsto el lanzamiento de SunRISE: seis satélites del tamaño de un horno tostador que volarán en formación para construir entre todos una antena de radio de kilómetros de ancho y estudiar la actividad solar. De ahí saldrá información para proteger a las tripulaciones de las tormentas de partículas.

En paralelo, el NEO Surveyor rastreará asteroides peligrosos que otros telescopios no detectan, y PRIMA, una misión recién anunciada por la NASA, observará la energía que solo se manifiesta en el infrarrojo lejano.

Cerca de casa, el laboratorio que lanzó el primer satélite oceanográfico en 1978 trabaja en instrumentos que miden el movimiento del agua a partir de variaciones mínimas de la gravedad y en cómo afecta a la salud cada tipo de contaminación del aire. Participa además en NISAR, la misión conjunta con la India que detecta cambios en la superficie tras un desastre natural, y en el espectrómetro aerotransportado AVIRIS, salido del mismo laboratorio de microdispositivos donde se inventó la cámara en un chip que hoy llevan los teléfonos.

Lo que 90 años de primicias dicen del futuro de la exploración

Conviene resistir la tentación de leer estas nueve décadas como una línea recta. La lista de primicias oculta las curvas: proyectos que nunca despegaron, misiones redefinidas a mitad de camino, prioridades que cambiaron con cada administración. Y oculta algo más simple. El JPL depende de un presupuesto federal que no controla.

Las misiones que vienen lo dicen a su manera. SkyFall y MoonFall no son grandes observatorios de miles de millones; son enjambres de aparatos pequeños y relativamente baratos que asumen que alguno se perderá. SunRISE aplica la misma lógica: seis satélites del tamaño de un electrodoméstico cuestan menos que uno grande y, si falla uno, quedan cinco. Es una forma de hacer ciencia distinta de la del Voyager, y probablemente la que domine la próxima década.

Queda una pregunta que ningún aniversario resuelve. El JPL sabe llegar lejos, y lo ha demostrado con dos naves que ya viajan por el espacio interestelar. Lo que no está claro es si la exploración tripulada y la robótica seguirán compartiendo presupuesto o si una se comerá a la otra. La respuesta no está ahí, en los planos del laboratorio. Está en las cuentas que se aprueban cada año en Washington.

El calendario tiene ya dos citas. El 31 de octubre, el centro sopla las velas de sus primeros 90 años. Dieciocho días después, el 18 de noviembre, la Voyager 1 alcanzará un día luz de distancia de la Tierra: unos 26.000 millones de kilómetros, lo que la luz recorre en 24 horas. A la velocidad de un coche de carretera, cubrir esa distancia llevaría más de 24.000 años. La cifra no tiene consecuencias físicas. Sirve para medir el camino recorrido desde aquel cohete encendido en un cauce seco.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se conmemora: el 90.º aniversario de la primera prueba de cohete que dio origen al Jet Propulsion Laboratory.
  • Dónde: el cauce seco del Arroyo Seco, en Pasadena (California), punto de partida de una red de misiones que hoy operan en Marte, la Luna y el espacio interestelar.
  • Institución responsable: NASA Jet Propulsion Laboratory, gestionado por Caltech para la NASA.
  • Cuándo: primera prueba el 31 de octubre de 1936; aniversario el 31 de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: SkyFall y MoonFall (2028), SunRISE (2027) y NEO Surveyor amplían la defensa planetaria y la exploración lunar y marciana.

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