Hernández de Cos BCE: los economistas le encumbran como favorito para relevar a Lagarde

Doce de los economistas consultados por Bloomberg eligen al exgobernador del Banco de España frente a los nueve que apoyan a Klaas Knot. Los avales de Sánchez y Jetten abren una negociación que Bruselas quiere cerrar en un solo paquete con tres sillones.

La candidatura de Hernández de Cos al BCE ya tiene cifra: doce economistas frente a nueve. La encuesta que Bloomberg ha difundido este viernes entre analistas y antiguos responsables de política monetaria sitúa al exgobernador del Banco de España como favorito para sustituir a Christine Lagarde, con el neerlandés Klaas Knot como único rival con opciones reales.

El sondeo no mide popularidad. Los consultados han trabajado dentro o junto al Consejo de Gobierno del BCE y valoran cosas muy concretas: capacidad de construir mayorías, lectura del ciclo y conocimiento del aparato. Doce han elegido al español. Nueve, al neerlandés. Ambos comparten currículum —los dos fueron miembros del Consejo de Gobierno— y ambos tienen ya el aval público de su Ejecutivo.

Publicidad

Pedro Sánchez respaldó a Hernández de Cos en septiembre, cuando lo calificó como un presidente ‘excepcional’ del Banco de España y subrayó que reúne el liderazgo, la capacidad y el conocimiento para el puesto. Rob Jetten hizo lo propio con Knot a finales del mes pasado, con el pragmatismo y la facilidad para cerrar acuerdos como argumentos centrales. Dos Gobiernos moviéndose en la misma semana y por el mismo sillón.

El calendario real de la sucesión en el BCE

En Fráncfort nadie da por hecho que Lagarde agote su mandato, que expira formalmente el 31 de octubre de 2027. Dos tercios de los encuestados anticipan su salida en abril de 2027 y una parte no descarta que se marche en enero. La propia presidenta ha reconocido en público que podría dejar el cargo ‘unos meses’ antes de lo previsto, y las versiones que la colocan al frente del Foro Económico Mundial han alimentado la especulación durante todo el otoño.

El movimiento no es aislado. La alemana Isabel Schnabel ha anunciado su salida anticipada del Comité Ejecutivo del BCE para incorporarse al Fondo Monetario Internacional en enero de 2027, y el mandato del economista jefe, Philip Lane, termina en mayo del mismo año. Son tres sillones los que quedan libres en un plazo de doce meses y los líderes europeos quieren cerrarlos de golpe, en un único paquete político.

Ese paquete es a la vez la oportunidad y el riesgo para el candidato español. Si el reparto se negocia en bloque, el nombre de la presidencia depende del equilibrio geográfico del resto de asientos. Y aquí aparece el primer obstáculo de Knot: su compatriota Frank Elderson ya ocupa un puesto en el directorio, de modo que los Países Bajos acumularían dos voces permanentes en un órgano de seis miembros.

Doce votos frente a nueve no son un plebiscito, pero sí el primer mapa serio de mayorías que existe dentro del BCE sobre quién debe dirigirlo.

El canciller alemán, Friedrich Merz, admitió esta semana que si es necesario habrá ‘una solución muy rápida en el Consejo’ para cubrir la vacante de Schnabel y, posiblemente, la de la presidenta. Traducido al lenguaje de Bruselas: Alemania pierde un sillón propio y quiere compensarlo antes de firmar cualquier nombre.

Por qué la prima de riesgo española mira a Fráncfort

Para el inversor español, la sucesión no es una noticia de política pura. La presidencia del BCE decide el tono de la política monetaria y, con él, el tipo al que el Tesoro coloca letras y bonos cada mes. Un presidente percibido como continuista reduce la prima de riesgo que el mercado exige para comprar deuda periférica; uno percibido como imprevisible la amplía sin necesidad de que suba un solo tipo.

El canal de transmisión es doble. Por un lado, el diferencial del bono español a diez años frente al bund alemán, que funciona como termómetro del coste de financiación del Estado. Por otro, la banca del IBEX 35, el bloque del selectivo con mayor sensibilidad a la curva de tipos. Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell forman el grupo que mejor reacciona —en ambas direcciones— a cualquier cambio en las expectativas de tipos.

Hay un matiz político que el mercado conoce bien. Un presidente español del BCE no recibe un descuento en forma de prima de riesgo. Al contrario: obliga a demostrar más independencia que cualquier otro candidato para que Fráncfort y los inversores alemanes no lean cada decisión como un favor a la periferia. De Cos es consciente de ello, y su etapa en el Banco de España estuvo marcada por advertencias recurrentes sobre la deuda pública y el envejecimiento demográfico.

La otra clave es de reputación interna. Su actual puesto como director general del Banco de Pagos Internacionales le ha dado una red de contactos que ningún gobernador nacional tiene. El BPI coordina comités de supervisión y de mercados; quien se sienta en su cúpula habla a diario con los números dos de todos los bancos centrales del mundo. Eso, en una votación por mayoría cualificada, vale más que un titular.

Hernández de Cos, un perfil técnico para un BCE en reconstrucción

En mi lectura, el favoritismo de Hernández de Cos dice menos de su currículum —que es excelente— y más del momento que atraviesa la institución. El BCE afronta en doce meses la mayor reestructuración de su cúpula desde la creación del euro: presidencia, consejería económica y sillón de supervisión. En un órgano que se recompone, los Gobiernos tienden a buscar perfiles que no generen conflicto. Y el español es exactamente eso: un banquero central de consenso, formado en el ala de estabilidad financiera, con escaso apetito por el gesto y mucha producción técnica.

Ese perfil tiene una ventaja y un coste. La ventaja es que puede ser confirmado sin abrir una guerra franco-alemana. El coste es que llega a un BCE que ya no discute solo el nivel de los tipos, sino el tamaño de su balance y la velocidad a la que lo reduce. En ese terreno, la capacidad de arbitrar pesa menos que la de decidir. Y ahí las actas de los últimos meses muestran un consejo dividido, no un consejo pacificado.

Conviene señalar una contradicción. Los avales públicos —Sánchez en septiembre, Jetten con Knot— ayudan en las quinielas y estorban en la negociación real. La presidencia del BCE la decide el Consejo Europeo por mayoría cualificada y, en la práctica, se cierra en una conversación entre muy pocos. Exhibir apoyos demasiado pronto suele encarecer el precio del acuerdo, porque convierte lo que era un reparto técnico en una disputa de banderas. No es casualidad que ninguno de los dos candidatos haya hecho campaña en público.

Queda un riesgo de calendario que nadie controla. Si Lagarde confirma su salida en enero o abril de 2027, la decisión se tomará con las economías europeas en fase de desaceleración y con Alemania reclamando hueco tras la marcha de Schnabel. El primer indicio llegará cuando Lagarde aclare su fecha; el segundo, con el reparto del sillón alemán y la confirmación de si el paquete se vota en bloque o por partes. Hasta entonces, la encuesta de Bloomberg es el único mapa disponible. Y en ese mapa el nombre del exgobernador del Banco de España aparece doce veces.

Veredicto Merca2

Cotización al cierre o apertura: Ninguna cotizada del IBEX 35 tiene exposición directa a la sucesión, de modo que no existe una reacción de precio atribuible al sondeo. El plazo que el mercado empezará a descontar es abril de 2027, la fecha de salida que anticipan dos tercios de los encuestados, frente al vencimiento formal del 31 de octubre de 2027.

Clave técnica: Doce apoyos frente a nueve dejan un margen de tres votos, suficiente para liderar la quiniela pero insuficiente para blindar el puesto. El factor decisivo no es la votación, sino el bloqueo de Knot: con Elderson ya en el directorio, los Países Bajos ocuparían dos de los seis asientos del Comité Ejecutivo.

Apunte macro: Tres sillones del Comité Ejecutivo se renuevan entre enero y mayo de 2027. La variable que mejor recogerá el resultado es el diferencial del bono español a diez años frente al bund: un candidato continuista lo estrecha, mientras que un nombre de consenso sin mayoría clara deja el tramo largo de la curva expuesto a la volatilidad.

Publicidad

Publicidad