Un accionista de Circle demanda a Trump por los 2.000 millones cripto con Emiratos

J. Benjamin Greenberg, exempleado y accionista de Circle, alega que Abu Dabi pagó 500 millones a World Liberty Financial y 2.000 millones vía su stablecoin USD1. La Casa Blanca niega cualquier conflicto de interés.

Un accionista de Circle, la emisora de la stablecoin USDC, ha demandado a Donald Trump por un presunto conflicto de interés con dinero emiratí. La demanda se presentó el jueves, según informó Bitcoin Magazine, y sostiene que el presidente ha convertido la Casa Blanca en una ventanilla de cobro para capital extranjero.

El demandante es J. Benjamin Greenberg, exempleado y accionista de Circle, la fintech estadounidense que emite USDC. Para quien no lo tenga fresco: una stablecoin es una moneda digital diseñada para valer siempre lo mismo que el dólar, algo parecido a un cheque de viajero que no pierde valor al cambiar de manos. Greenberg alega que un miembro de la familia real de los Emiratos Árabes Unidos acordó aportar 500 millones de dólares a World Liberty Financial, el proyecto de finanzas descentralizadas cofundado por Trump y sus hijos.

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Los demandados son tres: el presidente, la propia World Liberty Financial y Steve Witkoff, el enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio. El escrito no se apoya en una filtración anónima, sino en un artículo del Wall Street Journal publicado en febrero que ya describía el entramado del acuerdo.

Qué dice la demanda, cifra a cifra

El documento va más allá de esos 500 millones. Según la acusación, un fondo de inversión creado por el gobierno de Abu Dabi canalizó 2.000 millones de dólares hacia el presidente a través de USD1, la stablecoin propia de World Liberty Financial. Para hacerse una idea de la magnitud, hablamos de una cantidad que en el mercado cripto solo mueven los grandes fondos cotizados en sus mejores semanas. Nada desdeñable.

Además, la demanda sostiene que hubo contrapartidas: acceso a chips de inteligencia artificial de última generación para el liderazgo emiratí y el indulto a una persona condenada por delitos federales. Son dos afirmaciones de peso, y conviene subrayar que están en el texto de la acusación, no en una sentencia firme.

El lenguaje del escrito es inusualmente directo para un documento judicial. ‘La corrupción en cuestión no es sutil, y no está escondida’, afirma. Y añade: ‘Aunque el presidente ha vestido sus acuerdos corruptos con el lenguaje de la nueva tecnología —tokens y stablecoins, sociedades holding y rendimientos de reservas—, ese vocabulario no debe ocultar lo que esto es: la forma más antigua de corrupción pública, un funcionario que recibe dinero de una potencia extranjera.

La tecnología cambia el envoltorio. El sobre con dinero extranjero sigue llegando a la misma puerta.

Por qué importa: la Clarity Act encallada y el precedente del dinero extranjero

El litigio —la primera demanda contra Trump que ataca de frente su negocio cripto— no cae en el vacío. El mes pasado, un grupo de legisladores bloqueó la Clarity Act, la ley marco con la que Washington pretendía ordenar el mercado de activos digitales y que el propio Trump respaldaba. Varios de esos legisladores justificaron su voto precisamente por los negocios cripto de la familia presidencial. El resultado es una paradoja: el Capitolio se atasca mientras los reguladores siguen adelante con normas favorables al sector.

Trump ha negado siempre cualquier conflicto de interés. En agosto, antes de la votación de la Clarity Act, respondió a las críticas demócratas señalando que algunos de sus acusadores habían ganado dinero con la bolsa. Es el argumento de siempre en este tipo de disputas: mirar el dedo que señala en lugar de lo que se señala.

La cláusula de retribuciones: el precedente que complica la demanda

El fondo del asunto es antiguo. La Constitución estadounidense prohíbe a sus cargos públicos recibir regalos, pagos, o títulos de potencias extranjeras sin permiso del Congreso. Es la llamada cláusula de retribuciones (Emoluments Clause), pensada para que ningún presidente cobre de un gobierno ajeno mientras ocupa el cargo. Durante el primer mandato de Trump se presentaron varias demandas por esa vía, ligadas a los hoteles de su familia y al dinero que dejaban allí diplomáticos y delegaciones extranjeras. Casi todas se archivaron por cuestiones procesales: los tribunales consideraron que los demandantes no habían demostrado un perjuicio directo.

Ese es el escollo al que se enfrenta Greenberg. Ser accionista de Circle no implica automáticamente haber sufrido un daño concreto y cuantificable. Su equipo tendrá que argumentar por qué un negocio de stablecoins canalizado por un competidor —World Liberty compite con USDC en el mismo mercado— le perjudica como socio. No es imposible. Tampoco es sencillo. Cosas que pasan en 2026.

Hay, además, un riesgo de fondo que trasciende este expediente. Si el mercado de stablecoins en dólares acaba concentrado en dos o tres emisores con vínculos políticos evidentes, la pregunta deja de ser quién paga a quién y pasa a ser quién decide qué moneda digital se usa para liquidar el comercio internacional. Eso es infraestructura monetaria, no una anécdota de tribunales.

De momento, todo depende de si el juez admite la demanda a trámite. Si lo hace, el caso entrará en una fase de documentación que puede durar meses y que probablemente obligará a World Liberty a detallar el origen y el destino del dinero emiratí. Si no, quedará otra vez la sensación de que la política cripto estadounidense se escribe en una zona gris donde nadie termina de rendir cuentas. La próxima señal llegará del calendario judicial, no del precio de bitcoin.


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