Starknet respaldó con más del 93,5% del poder de voto abrir un estudio para dejar de ser una capa 2 de Ethereum. La consulta no autoriza ninguna migración, pero sienta la base de un debate que puede reordenar el mapa de los rollups, las redes de segunda capa que procesan transacciones fuera de Ethereum para abaratarlas y luego resumen el resultado en la cadena principal.
Participaron más de 2.800 carteras en una votación que permaneció abierta siete días y cerró este jueves por la mañana. El resultado es contundente, aunque conviene leerlo con precisión: los tenedores de STRK, el token nativo de la red, dijeron sí a que StarkWare y la Fundación Starknet investiguen el asunto. Nada más. No hay arquitectura definida, ni calendario, ni compromiso de ejecución.
Esa distancia entre respaldar una investigación y aprobar un cambio operativo es la clave de todo. La propuesta no resolvió cómo se implementarían los ajustes técnicos de una conversión en capa 1, ni cuánto costaría, ni qué ocurriría con los contratos ya desplegados. El mandato es exploratorio.
Un detalle relevante para leer ese 93,5% sin adornos: StarkWare no utilizó su poder de voto en esta primera consulta. El respaldo refleja a la comunidad, no el peso de la empresa desarrolladora. Y el propio consejero delegado, Eli Ben-Sasson, ha insistido en que el trabajo serio empieza ahora.
Una consulta que autoriza estudiar, no migrar
El siguiente hito tiene fecha: noviembre. Ben-Sasson explicó que su equipo se pondrá a redactar un libro blanco y que espera publicar un borrador para revisión pública ese mes. Ese documento deberá desarrollar la propuesta, hoy en fase preliminar, y ofrecer una base para discutir sus efectos sobre la red. Después, si aparece una propuesta formal, los tenedores de STRK tendrán que volver a votar.
La Fundación Starknet ya ha acotado dos garantías para calmar al personal: STRK seguiría siendo el token nativo y no habría activo nuevo, y los puentes con Ethereum permanecerían abiertos. Es decir, la independencia no se plantea como un corte de cables inmediato para el usuario.
Un 93,5% a favor de estudiar algo no equivale a un 93,5% a favor de hacerlo, y esa diferencia puede valer miles de millones en liquidez.
Qué dependencias de Ethereum no se arreglan con criptografía nueva
Starknet ya utiliza criptografía basada en hash y sus cuentas pueden adoptar firmas post-cuánticas sin tocar el protocolo. Ese es el argumento técnico de fondo. Pero el propio análisis reconoce dos ataduras que no se resuelven con una firma nueva: el puente con Ethereum y la disponibilidad de datos.
Dicho de otro modo: mientras la red siga apoyándose en Ethereum para mover activos entre cadenas y para publicar la información que certifica el estado de sus bloques, su protección frente a un ordenador cuántico suficientemente potente seguirá dependiendo de la seguridad de la cadena matriz. Y ahí es donde entra el calendario. La criptografía post-cuántica, por si el término suena a ciencia ficción, es la familia de algoritmos diseñados para resistir ataques de máquinas cuánticas.
Ben-Sasson sitúa el objetivo de seguridad cuántica de Starknet en 2027. Ethereum, según su hoja de ruta, apunta a 2029. Para el directivo, esa espera es demasiado larga y los plazos suelen resbalar; comparó la situación con lo que vivieron quienes aguardaron la Fusión de Ethereum, el cambio a prueba de participación de septiembre de 2022 que llegó años después de lo previsto. Es su evaluación sobre el ritmo de desarrollo, no un calendario acordado.
StarkWare ya presentó en junio una hoja de ruta post-cuántica de tres fases. La idea de una capa 1 se planteó por primera vez el 8 de octubre y la votación arrancó el 15. Siete días después, un mandato comunitario contundente y muchas preguntas abiertas.
Lo que este debate revela sobre el negocio de ser capa 2
Hay una lectura de fondo que trasciende a Starknet. Durante el ciclo de los rollups, el argumento de venta fue siempre el mismo: heredar la seguridad de Ethereum sin pagar sus comisiones. Dencun, el upgrade de marzo de 2024 que introdujo los blobs (espacios de datos baratos para que las capas 2 publiquen información), abarató tanto esa herencia que hoy competir por comisiones resulta casi imposible. La diferenciación se ha desplazado al rendimiento y, ahora, a la seguridad futura.
Ahí aparece la contradicción incómoda. Si Starknet se independiza, gana soberanía y velocidad de decisión, pero renuncia a la seguridad económica de Ethereum, el respaldo más grande del sector, y asume el coste de construir la suya. También fragmenta liquidez: los puentes seguirían abiertos, aunque un puente no es lo mismo que compartir ecosistema, incentivos y usuarios. Y sobrevuela el riesgo de que el relato cuántico funcione como argumento comercial antes que como urgencia técnica verificable.
El matiz importa para quien tiene STRK o usa la red a diario. Nada cambia hoy en las carteras ni en las transacciones. Pero el debate que arranca en noviembre decidirá si Starknet quiere ser una red más dentro de Ethereum o una cadena que compite con ella por su propio espacio. El borrador del libro blanco y la siguiente votación dirán si aquel 93,5% era entusiasmo o convicción.




