Elecciones Brasil: el balotaje se estrecha a un punto, Bolsonaro 45% y Lula 44% en el sondeo de Quaest

El real brasileño y la curva de deuda afrontan el lunes 26 de octubre su primer examen tras el escrutinio, con el tipo oficial en el 13,75%. Santander y BBVA concentran la exposición española al riesgo político brasileño.

He analizado el último sondeo de Quaest para las elecciones de Brasil y el balotaje ya no admite márgenes. Flávio Bolsonaro pierde un punto y cae al 45% de los votos válidos; Lula da Silva se mantiene en el 44%. A cinco días de la votación del domingo 25 de octubre, la distancia es de un punto porcentual y el empate técnico se ha estrechado hasta el límite.

La medición anterior de la misma casa daba 46% a 44%. El senador conservador cede; el presidente aguanta. Con un 9% de votos en blanco y nulos y apenas un 2% de indecisos, el margen es mínimo. La firma Meio/Ideia publicó este jueves un 51,1% frente a 48,9%, también a dos puntos.

Publicidad

Quaest estrecha el margen: 45% frente a 44% y un empate técnico dentro del intervalo

Los números desagregados dicen más que el titular:

  • Quaest, votos válidos: Bolsonaro 45%, Lula 44%. Una semana antes, 46% y 44%.
  • Intervalo del 95%: Bolsonaro entre el 43% y el 47%; Lula entre el 42% y el 46%. Los rangos se solapan.
  • Fidelidad de voto: repite el 94% de los electores de Bolsonaro y el 95% de los de Lula.
  • Encuesta espontánea: 40% para cada uno; los indecisos pasan del 7% al 14% y entre las mujeres llegan al 17%.
  • Desaprobación: la de Bolsonaro baja del 54% al 52%; la de Lula se desploma del 53% al 47%.

Ese último movimiento merece una lectura pausada. El 38% valora positivamente la gestión de Lula, dos puntos menos que la semana previa, y el 26% la califica de promedio. Parte del rechazo se ha convertido en indiferencia, no en apoyo.

«La elección sigue estando muy reñida. Los dos candidatos continúan técnicamente empatados. Con un 95% de nivel de confianza, la intención de voto para Flávio se sitúa entre el 43% y el 47%; la de Lula, entre el 42% y el 46%.» — Felipe Nunes, director de Quaest, 21 de octubre de 2026

El voto que faltó en la primera vuelta decide el balotaje

El dato que de verdad mueve esta elección no está en el 45-44. Está en los casi 34 millones de brasileños que no fueron a votar en la primera vuelta, de un censo de unos 160 millones. Entre quienes se abstuvieron, votaron en blanco o anularon, el 40% votará ahora por Lula y el 36% por Flávio Bolsonaro. Ambos han avanzado ahí; el gobierno, algo más.

La Bolsa Família explica parte del desplazamiento. El ejecutivo puso en marcha esta semana el pago del subsidio con un incremento y, entre sus beneficiarios —el 21% de la muestra—, la ventaja de Lula pasó de 29 a 37 puntos. En ese segmento crece el temor a un regreso de la familia Bolsonaro.

El contexto ayuda a entender la volatilidad. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro ganó por 1,8 puntos, poco más de dos millones de votos, y el propio Lula admitió sorpresa. Solo una encuestadora pequeña, Vox, acertó entonces; ahora sostiene que el presidente ganaría por 51% a 49%.

El debate del domingo pasado no cambió las posiciones, pero estrechó la brecha. A eso se suma la enmienda constitucional que reduce la semana laboral a 40 horas, un coste nuevo que heredará el próximo gobierno.

Lo que el mercado brasileño vigila y la encuesta no mide

En mi lectura, el mercado no vota, pero descuenta. Y lo que descuenta Brasil no es el nombre del ganador, sino la aritmética fiscal que hereda. El tipo oficial se sitúa en el 13,75%, diez puntos por encima de la inflación, y el 80% de las familias arrastra deudas que ese nivel de tipos vuelve cada mes más pesadas. Cualquier gasto adicional —el subsidio ampliado, la semana de 40 horas— se financia con prima de riesgo o se recorta en otro capítulo.

El real brasileño es el termómetro más rápido y también el más engañoso. Hay dos contradicciones que ningún dato resuelve. La primera es la participación: con 34 millones de ausentes, cualquier modelo de probabilidad de voto arrastra un error invisible en un margen de dos puntos.

La segunda es regulatoria: la disputa sobre un supuesto sesgo de Meta en favor de Bolsonaro, intensificada en los días previos según The Guardian, añade un riesgo de gobernanza digital ausente de las encuestas. El lunes 26 de octubre el primer veredicto no lo dará el Tribunal Superior Electoral, sino el tipo de cambio y la curva de deuda.

🌍 El impacto en España y Europa

El efecto directo sobre el Euríbor es prácticamente nulo: el índice hipotecario español se mueve con el BCE y con el diferencial periférico, no con un sondeo brasileño. Dicho eso, hay tres canales que conviene vigilar.

  • Banca española: Santander y BBVA tienen filiales relevantes en Brasil; un giro intervencionista o un deterioro del crédito afectaría a sus cuentas consolidadas y al IBEX.
  • Precios de importación: Brasil es proveedor global de café, soja y azúcar; un real más volátil traslada ruido a los costes alimentarios de la cesta española.
  • Agenda comercial: la tramitación del acuerdo UE-Mercosur sigue condicionada por la orientación del próximo gobierno brasileño, con automoción, maquinaria y química como sectores expuestos.

Para el consumidor español el efecto es indirecto y pequeño, salvo que el resultado abra una crisis financiera regional. La probabilidad no es alta; el coste de ignorarla, tampoco.


Publicidad