UBS selecciona tres activos reales 2027 como refugio ante la volatilidad tecnológica

El banco suizo agrupa su apuesta en inmobiliario, infraestructuras y materias primas, con el oro como cobertura. La clave no es el tema, sino el vehículo con el que se compra y el precio de entrada.

Los activos reales 2027 vuelven al primer plano: UBS los sitúa entre sus grandes apuestas del año. El banco suizo sostiene que la volatilidad de las tecnológicas, y de buena parte del sector financiero, devuelve el atractivo a lo tangible.

La tesis no es nueva, pero llega en un momento incómodo para las carteras. En su informe de perspectivas, los analistas de UBS distinguen tres categorías: activos inmobiliarios, infraestructuras —redes eléctricas, telecomunicaciones e infraestructura digital— y materias primas. Ninguna depende de un múltiplo de beneficios, proyectado a cinco años.

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La definición que maneja la entidad es simple. Son, según los materiales publicados por UBS, ‘inversiones tangibles cuyo valor proviene de sus características físicas y de su uso en el mundo real’.

Dentro del paquete conviven dos lógicas. Las propiedades inmobiliarias y las infraestructuras generan ingresos por el pago de rentas. Las materias primas se mueven por escasez: su precio sube o baja según la oferta y la demanda físicas, sin cupón de por medio.

El tercer argumento es el que más pesa en la asignación. UBS subraya que estos activos diversifican la cartera, refuerzan su resiliencia y ayudan a preservar el poder adquisitivo cuando la inflación se instala. Con el rally de la inteligencia artificial algo más frenado, ese papel de contrapeso gana enteros.

El atractivo de lo tangible no nace de un pronóstico optimista, sino de la incomodidad que generan las valoraciones de todo lo demás.

Tres tendencias que sostienen la tesis de UBS

La primera tendencia es la propia inteligencia artificial. El despliegue de la IA está impulsando la demanda de centros de datos, electricidad e infraestructura energética. A eso se suman la electrificación, la seguridad energética y la reconfiguración de las cadenas de suministro. Según UBS, el cóctel favorece tanto a las materias primas industriales como a los activos de infraestructura.

La segunda pata es inmobiliaria. La actividad de desarrollo ha caído en muchos segmentos, lo que limita la oferta futura. Los analistas señalan cuatro nichos bien posicionados: centros de datos y oficinas de alta calidad, además de residencias para personas mayores y vivienda multifamiliar. Sin obra nueva, precios y rentas deberían sostenerse.

La tercera pieza es el oro, con un papel distinto. UBS no lo trata como activo productivo, sino como cobertura: la incertidumbre fiscal, los choques geopolíticos y las dudas sobre la inflación podrían impulsar su demanda como reserva de valor. El metal no se mueve con el ciclo industrial, y ahí está su utilidad.

Cuatro escenarios y un ganador distinto en cada uno

UBS no vende una sola hoja de ruta. Reconoce que los distintos activos reales reaccionan ante condiciones diferentes, y cruza su apuesta con cuatro escenarios. En el escenario base —inversión continuada en IA, energía, electrificación, defensa y cadenas de suministro— ganan peso las materias primas y la infraestructura.

Si la productividad mejora y la IA deja efectos tangibles en la economía real, la demanda de electricidad, redes y semiconductores empuja a las materias primas industriales y a la infraestructura. El oro puede quedar rezagado mientras se descomprimen las primas por riesgo fiscal y geopolítico.

El escenario adverso rompe la fiesta: una reversión brusca del ciclo de IA debilitaría las materias primas cíclicas y el sector energético. Solo el oro mostraría resistencia si caen los rendimientos reales. En inflación estructural persistente, UBS ve ganadores a energía, metales industriales, infraestructura y oro.

Por qué el vehículo importa más que la tesis

Hay un matiz que el informe deja en segundo plano y que, a mi juicio, decide el resultado: el vehículo importa tanto como la tesis. Comprar el tema no es lo mismo que comprar el activo. La infraestructura cotizada lleva años de rally y cotiza con prima; el inmobiliario directo exige horizontes largos y tolerancia a la iliquidez; las materias primas no generan rentas y su correlación con la inflación es menos mecánica de lo que sugiere el folleto.

La fortaleza del argumento está en otro sitio: en que los activos reales no dependen de que la IA cumpla su promesa. El test llegará cuando el ciclo de inversión en centros de datos empiece a mostrar retornos visibles, algo que el mercado sitúa ya en 2027. Si para entonces el capex no se traduce en caja, el refugio tangible habrá cumplido su función. Eso sí, conviene vigilar el precio de entrada: el entusiasmo por lo físico también se paga.


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