El límite de 1,5 °C del Acuerdo de París va a romperse. No es una advertencia de campaña ni un titular de urgencia: es la conclusión del informe anual del PNUMA, que califica el exceso temporal de ‘inminente e inevitable’ después de décadas de recortes insuficientes.
Titulado The point of return, el documento es la entrega de 2026 de la serie anual sobre la brecha de emisiones y ya no discute si el mundo superará el umbral. Lo da por hecho. Lo que discute es cuánto durará ese exceso, cuánto calor extra se acumulará durante él y si queda una ruta creíble para volver a 1,5 °C antes de que acabe el siglo.
El overshoot deja de ser un riesgo y pasa a ser el escenario base
El overshoot —el término que el informe emplea sin traducir— designa el periodo en el que la temperatura media global rebasa los 1,5 °C y después desciende, gracias a la retirada de CO₂ de la atmósfera. Hasta ahora se hablaba de evitarlo. El PNUMA lo sitúa ahora en el centro de la política climática.
Incluso el escenario más benigno que el informe considera viable admite un pico de 1,7 a 1,8 °C a mediados de siglo antes de que la curva empiece a bajar. Ese recorrido, señala, sigue siendo compatible con el objetivo de temperatura a largo plazo del Acuerdo de París, pero exige recortes globales del 18% en 2030 y del 45% en 2035 respecto a los niveles de 2025, además de una ampliación masiva de la retirada de CO₂ atmosférico.
Los compromisos que los países tienen hoy sobre la mesa, incluso aplicados al completo, entregarían entre un 5% y un 8% en 2030 y entre un 11% y un 15% en 2035. La distancia entre ambas columnas no es un matiz de negociación.
La diferencia entre 1,7 y 1,5 grados parece una discusión de termómetro; en realidad mide cuántas décadas de exceso tendrá que administrar quien herede el siglo.
Las cifras de partida ayudan a ver el tamaño del problema. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero sumaron 58,4 gigatoneladas de CO₂ equivalente en 2025, apenas 0,16 menos que el año anterior y con un margen de incertidumbre alto. El propio informe advierte de que, al ser datos provisionales, no permite concluir en qué dirección van las emisiones. Dicho de otro modo: son unas siete toneladas de CO₂ equivalente por cada habitante del planeta, bebés incluidos.
Lo que sí se ve es la tendencia de fondo: el crecimiento medio pasó del 1,7% anual entre 1990 y 2015 al 0,8% anual desde 2016. Se ralentiza, pero no se detiene. El CO₂ fósil subió entre un 0,4% y un 1,1% en 2025, el metano se mantuvo plano y la caída de emisiones por cambio de uso del suelo —lastrada por menos incendios en África, Sudamérica y el sudeste asiático— compensó justo lo anterior. El PNUMA avisa de que el actual episodio de El Niño podría revertir esa ayuda durante 2026.
Del 18% al 5%: la brecha de emisiones que las promesas no cierran

La contabilidad de los compromisos ha mejorado, y eso permite medir el hueco con más precisión. A 1 de septiembre de 2026, 124 países habían entregado su tercera contribución determinada a nivel nacional, frente a los 122 que existían al cierre de la cumbre de Brasil. Cubren el 75% de las emisiones globales, el doble que un año antes, y 155 partes incluyen ya objetivos para todos los gases, ocho de ellas por primera vez.
Si se cumplieran íntegramente, bajarían las emisiones de 2035 en 3,5 gigatoneladas de CO₂ equivalente respecto a los objetivos de 2030. El informe lo dice sin rodeos: ‘lejos de las reducciones globales necesarias’. Cada punto porcentual de recorte son unas 584 millones de toneladas al año; la diferencia entre el 5% prometido y el 18% exigido supera los 7.000 millones, más que el hueco entre lo que se firma y lo que se aplica.
Hay un detalle incómodo en la letra pequeña. La proyección de emisiones para 2035 es unos 3.000 millones de toneladas superior a la del informe anterior. No es un error de cálculo: se debe a la retirada formal de Estados Unidos del Acuerdo de París y a la armonización con los datos históricos más recientes. La brecha de implementación también se ha estrechado, pero por cambios de política, no por avances. El informe lo formula con una frialdad que impresiona.
Lo que el informe no puede resolver
Conviene leer el documento con dos lentes a la vez. La primera es la del dato duro: 2025 no rompió el récord de emisiones, pero tampoco lo bajó, y el mundo sigue un 80% por encima del nivel que debería tener en 2030 para mantener el 1,5 °C sin exceso. Entre los seis grandes emisores, solo Estados Unidos registró un aumento apreciable, 133 millones de toneladas más, por una mayor demanda eléctrica, un invierno más frío y el rebote del carbón.
La segunda lente es la de las limitaciones, y aquí el PNUMA es honesto. Las cifras de 2025 son provisionales y no permiten fijar la dirección del año. Los escenarios de calentamiento que servían de referencia quedaron obsoletos: se construyeron entre 2015 y 2020 suponiendo recortes inmediatos que nunca llegaron. Y la contabilidad de las contribuciones nacionales mide promesas, no políticas aplicadas. Catorce de las diecisiete economías del G20 han presentado objetivos para 2035, pero sus trayectorias siguen desalineadas con sus propios compromisos de cero neto.
Donde sí hay señales de cambio es en la electricidad. La energía solar y los vehículos eléctricos explican los descensos más claros en los sectores eléctrico y de transporte, aunque el transporte sigue creciendo por la aviación y la navegación internacionales. Los centros de datos, con una demanda eléctrica que se prevé duplicar de aquí a 2030, representan hoy menos del 1% de las emisiones totales. Es la parte del informe que menos titulares dará y la que más importa a diez años vista: la transición avanza donde hay tecnología barata y se atasca donde no la hay.
El informe no es un comunicado fúnebre. Sostiene que existe ‘amplio margen para acelerar la acción’ y que los países aún pueden limitar el pico, acortar el overshoot y mantener vivos los objetivos de París. También cifra el coste de esperar: cada cinco años de retraso añaden 0,1 °C al pico de temperatura. Es la única aritmética del documento que se puede leer como una cuenta atrás.
Dentro de un año habrá una nueva edición de este trabajo, con datos de 2026 y con las contribuciones revisadas. Para entonces, la distancia entre lo prometido y lo emitido debería haber empezado a cerrarse. Si no lo ha hecho, la cifra que hoy se lee como aviso será la línea base del siguiente. La página oficial del informe se actualiza con cada entrega y cada tabla de datos.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El PNUMA concluye que superar temporalmente el límite de 1,5 °C es ya inevitable y sitúa el objetivo en minimizar el tamaño y la duración del overshoot.
- Dónde: Análisis global de emisiones y políticas climáticas de todos los países, con datos de 2025 y proyecciones hasta 2035.
- Institución responsable: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en su informe anual sobre la brecha de emisiones, disponible en su página oficial.
- Cuándo: Edición de 2026, titulada ‘The point of return’, con los compromisos contabilizados hasta el 1 de septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: Redefine la próxima década de política climática: el éxito ya no se mide en evitar el exceso, sino en recortarlo.




