Un agricultor egipcio ha hallado en su campo una estatua de Ramsés II que, completa, mediría 8,5 metros. El hallazgo, todavía sin estudio científico publicado, apunta a un yacimiento faraónico en el delta del Nilo y ha convertido a Khaled El-Shahat Khalil en el vecino más famoso de Bahbit El-Hegara, en la gobernación de Gharbia.
Un bloque rosa con dos títulos de faraón
El hombre trabajaba en su tierra un viernes cuando topó con algo que no era tierra. Era un bloque de granito rosa de 1,3 metros de largo, con signos grabados en una de sus caras. Según relató después a la cadena CBS News, avisó a las autoridades y los arqueólogos llegaron poco después.
Lo que leyeron en la piedra justificaba la prisa. Los jeroglíficos conservados incluyen dos fórmulas clásicas del trono egipcio: Nesu Beti, rey del Alto y el Bajo Egipto, y Sa Ra, hijo de Ra. Acompañaban al nombre del monarca dentro del cartucho, y la lectura del conjunto es lo que ha llevado a identificar al faraón como Ramsés II.
La excavación que siguió encontró algo mucho mayor. Junto al bloque apareció la cabeza de una estatua colosal: 1,6 metros solo el rostro y la corona. Con ese fragmento como referencia, los especialistas estiman que la escultura completa mediría unos 8,5 metros, la altura de un edificio de tres plantas.
El rey aparece tocado con el pschent, la doble corona que simbolizaba la unión del Alto y el Bajo Egipto. El detalle no es menor. Ramsés II gobernó entre 1279 y 1213 a. C., hace unos 3.200 años, y buena parte de su propaganda política consistió en presentarse como el hombre que había vuelto a coser un país partido. Cuando subió al trono, Tutankamón llevaba casi medio siglo enterrado en el Valle de los Reyes.
Tres mil doscientos años después, un hombre con una azada y sin formación arqueológica hizo lo que ningún faraón habría previsto.
También salieron a la luz restos de la parte superior del pilar dorsal de la estatua, la columna que sostiene la espalda de estas figuras y que solía servir de soporte a las inscripciones. En ella se lee el nombre de Horus del monarca, Hor-ka-nakht-mery-maat: toro poderoso, amado de Maat. Era la fórmula ritual con la que el faraón se convertía, al subir al trono, en encarnación terrestre de Horus y en garante del orden frente al caos.
Una segunda estatua a un metro de distancia
No había una sola pieza. A un metro escaso del bloque de granito rosa, los arqueólogos localizaron la mitad mayor de otra estatua, de unos 2,4 metros de altura, que probablemente también representa a Ramsés II. Para hacerse una idea: 2,4 metros es más que cualquier puerta de una casa corriente.
Bahbit El-Hegara, en pleno delta del Nilo, está catalogado como zona arqueológica relevante desde hace décadas: bajo sus tierras se conservan los restos de un templo dedicado a la diosa Isis. El delta fue, además, el centro de gravedad de la dinastía XIX. Ramsés II impulsó allí la nueva capital, Pi-Ramesses, y salpicó la región de colosos.

El ministerio egipcio de Turismo y Antigüedades ha homenajeado al agricultor y a su esposa en su pueblo con un certificado de agradecimiento y una peregrinación a Arabia Saudí, según la información difundida estos días. El gesto tiene su lógica: entregar una pieza así a las autoridades no es lo más habitual. El departamento ha anunciado nuevas campañas en el yacimiento para seguir excavando.
Lo que el hallazgo cambia (y lo que todavía no)
Ramsés II es el faraón más prolífico en piedra de la historia egipcia. Sus talleres produjeron colosos en serie, y no pocas de las estatuas que hoy llevan su cartucho fueron en realidad usurpadas a reyes anteriores. Encontrar un fragmento suyo no es raro; encontrar dos estatuas juntas, con contexto de excavación y en una zona del delta central donde no se esperaba un conjunto monumental, sí lo es. Su reinado de 66 años sigue siendo el más largo documentado de un faraón: solo Luis XIV (72) e Isabel II (70) superan esa marca entre los monarcas europeos verificables.
El dato más valioso es el lugar. La mayoría de los grandes colosos ramésidas conocidos proceden de Menfis, Tebas, Abu Simbel o Pi-Ramesses. Gharbia queda fuera de ese mapa clásico, y si la excavación confirma la estratigrafía, obligará a revisar la densidad de asentamientos del imperio en el delta medio.
Conviene, eso sí, poner los pies en el suelo. No hay todavía publicación en una revista con revisión por pares, ni fotografías del conjunto difundidas con detalle técnico. La estimación de 8,5 metros es una extrapolación a partir de la cabeza, y la atribución de la segunda estatua a Ramsés II se presenta como probable, no como segura. Tampoco consta la fecha exacta de la excavación ni el inventario completo de piezas recuperadas.
En arqueología, un anuncio mediático y un artículo científico son dos cosas distintas, y entre una y otra pueden pasar años. Lo que hoy es un hallazgo espectacular puede quedar matizado mañana por un informe cerrado. Es la letra pequeña del oficio, y conviene no olvidarla cuando la noticia se vuelve viral.
Queda un hilo abierto. El ministerio habla de seguir excavando en Bahbit El-Hegara, y la próxima campaña dirá si bajo ese campo hay un templo, un taller de estatuas o simplemente un coloso que nadie llegó a terminar. Un agricultor con una azada ha abierto la puerta. La ciencia todavía está cruzando el umbral.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: fragmentos de dos estatuas colosales atribuidas a Ramsés II, entre ellos una cabeza de 1,6 metros de una escultura estimada en 8,5 metros.
- Dónde: Bahbit El-Hegara, gobernación de Gharbia, delta del Nilo (Egipto).
- Institución responsable: excavación de arqueólogos egipcios supervisada por el Ministerio de Turismo y Antigüedades, sin publicación científica por el momento.
- Cuándo: hallazgo casual durante labores agrícolas y excavación posterior, difundidos en 2026.
- Impacto a futuro: amplía el mapa de la presencia de Ramsés II en el delta central y abre nuevas campañas en un yacimiento que alberga un templo de Isis.




