La Avant Première de Art Basel Paris 2026 ha abierto con un Modigliani tasado por encima de 100 millones de dólares. La obra, Nu étendu (Lolotte), de 1917, cuelga en el stand de Pace Di Donna Schrader y es la pieza más cara de la feria. No es una venta cerrada. Es una declaración de precios.
El lienzo no se había visto en público en cerca de un siglo. Formó parte de la muestra que Modigliani presentó en 1917 en la Galerie Berthe Weill, su única individual en vida, que escandalizó entonces por indecencia. Emmanuel Di Donna advirtió de que colocar una pieza de este calibre requiere tiempo. La feria abrió el martes con la sensación, compartida por varios galeristas, de que el cierre de operaciones se ha ralentizado frente a hace cinco años.
Hauser & Wirth coloca a Richter y Baselitz cerca de 10 millones y blinda el segmento prime
Los números del primer día desmienten la lectura catastrofista. Hauser & Wirth vendió Rokokotisch (1965), de Gerhard Richter, por una cifra en torno a los 10 millones de dólares, y Der Hirte (1965), de Georg Baselitz, por un importe similar. Ambas eran incorporaciones de última hora al stand y no figuraban en los avances previos. La galería sumó un George Condo de 2026 por 2,9 millones, un Fontana de 1961 por 1,7 millones de euros y un Guston de 1969 por 1,5 millones.
Thaddaeus Ropac informó de quince ventas: cuatro Picasso fechados entre 1906 y 1938, un Fontana de 1953 por 1,8 millones de euros y un Baselitz de 2019 por 800.000. White Cube reportó dieciséis operaciones, entre ellas dos Julie Mehretu —2001 y 2018— a 7,85 millones cada una. Gagosian colocó un De Kooning de 1987 en ocho cifras y un Peter Doig. Todo con precios negociados fuera de catálogo.
El mercado prime no ha corregido: ha cambiado de método. Las ventas ya no se anuncian con fanfarria, se cierran en despachos y con compradores filtrados de antemano.
El resto del escalafón confirma la tónica. Templon vendió una pieza de Bilal Hamdad por 65.000 euros. Gladstone, un Victor Man por 1,3 millones y dos Wangechi Mutu a 325.000 cada uno. Kurimanzutto, una escultura de Haegue Yang por 110.000. Xavier Hufkens cerró diez operaciones, la mayor de 475.000 dólares, y David Kordansky un Sam Gilliam de 1965 por 300.000.
Doce stands compartidos y decisiones más lentas: la feria se blinda ante el escepticismo
El dato estructural de esta edición no es el Modigliani, sino los doce stands compartidos que agrupan a 24 galerías, el máximo histórico del certamen. Layr y Kraupa-Tuskany Zeidler comparten espacio en la segunda planta y ambos declaran colocaciones en colecciones europeas y estadounidenses. Repartir el coste fijo de una feria de este nivel no es una anécdota: es una respuesta defensiva a un margen que se estrecha.
La asesora Ana Sokoloff elogió el cuidado de los montajes. Nicolas Nahab describió un periodo de ajuste en el que el coleccionista ya no acepta el precio de salida y exige investigación previa antes de firmar. Más tiempo, más due diligence y más presión sobre el arte ultracontemporáneo, el segmento donde la opacidad de precios ha sido mayor en el ciclo 2021-2024.
La geografía del capital aguantó. Las protestas del fin de semana dejaron rastro en varios distritos y algunos coleccionistas cancelaron viajes, pero la afluencia estadounidense fue plena: el Metropolitan desplazó a un grupo amplio de patronos. Will Paley resumió la división de funciones entre Londres y París: Frieze para lo joven y lo arriesgado, Art Basel Paris para el precio alto.

Qué mira el inversor de patrimonio en una feria que ya no compra por impulso
Mi lectura es que el arte prime ha dejado de ser un mercado de impulso para convertirse en un mercado de custodia. Un Modigliani de 1917 tasado por encima de 100 millones de dólares no se compra: se negocia durante meses, con verificación de procedencia y, con frecuencia, con el lienzo integrado en una estructura de garantía o préstamo con la propia galería. Para un family office, la función del activo no es la revalorización anual, sino la descorrelación frente a la bolsa y la protección del poder adquisitivo en horizontes de diez años. Ahí el segmento prime sigue cumpliendo. El riesgo está en el otro extremo: en el arte ultracontemporáneo, donde la desconfianza en los precios que describe Nahab ya está alargando los plazos de cierre y reduciendo la base de compradores. Conviene recordar que la horquilla de costes de ida y vuelta en subasta —prima del comprador y comisión del vendedor— supera habitualmente el 20%, de modo que hace falta una apreciación real significativa solo para empatar. Quien compre hoy con horizonte de tres años está especulando, no invirtiendo. Los próximos hitos para calibrar el ciclo son Art Basel Miami Beach, en diciembre de 2026, y la individual de Bilal Hamdad en Templon en marzo de 2027, que medirá si el apetito por el artista joven sostiene los precios de galería.
Un Richter de 1965 colocado en torno a 10 millones dice más del apetito real del coleccionista que cualquier informe trimestral del sector.
💎 Veredicto Wealth
El arte prime sigue siendo un activo de diversificación válido para patrimonios con horizonte superior a diez años, no una herramienta de revalorización a corto. El riesgo a vigilar es la liquidez del arte ultracontemporáneo, donde el comprador exige ahora descuentos que antes no pedía.




