La Comisión Europea ha seleccionado 77 proyectos de tecnologías limpias de 23 países para repartir 3.400 millones de euros del Fondo de Innovación de la UE, y España coloca ocho, algo más del 10% del total.
El anuncio llegó el 19 de octubre. Según los cálculos de Bruselas, esos 77 proyectos evitarán unos 290 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en su primera década de funcionamiento. Cerca de una tonelada de CO2 por segundo durante diez años.
La lista mezcla celdas de batería, captura de CO2 en cementeras, e-metanol para barcos y queroseno sintético para aviones. Entra por primera vez un reactor nuclear modular pequeño, en Pierrelatte (Francia), y una planta de captura directa de aire en Øygarden (Noruega).
El dato que mejor mide la tensión del programa no está en la lista, sino en la convocatoria. Llegaron 358 solicitudes que pedían 17.500 millones frente a un presupuesto inicial de 2.900 millones. Seis veces más dinero del disponible. Bruselas elevó el reparto final hasta 3.400 millones; la brecha sigue siendo estructural.
El Fondo no sale de los presupuestos nacionales. Se nutre de lo que recauda el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE, el mercado en el que fábricas, centrales y aerolíneas compran un permiso por cada tonelada de CO2 emitida. Cuanto más alto es el precio del carbono, mayor es el fondo. «Estos proyectos muestran que los innovadores europeos están convirtiendo la ambición climática en liderazgo industrial», señaló Wopke Hoekstra, comisario de Clima, Cero Emisiones Netas y Crecimiento Limpio.
Un fondo que recibe seis veces más peticiones que dinero disponible no tiene un problema de ambición: tiene un problema de escala.
Por países, y sin contar los consorcios que comparten varios Estados miembros, solo Francia supera a España, con 15 proyectos. Países Bajos empata con los ocho españoles. La lista no mide dinero recibido —los documentos publicados solo detallan el total por categoría— sino la capacidad de colocar propuestas técnicamente sólidas en una convocatoria feroz.
Estar en la lista no es cobrar: es entrar en la fase en la que el proyecto debe demostrar que puede ejecutarse.
De Sagunto a Sevilla: los ocho proyectos que España coloca
La pieza de mayor tamaño es la gigafactoría de PowerCo en Sagunto (Valencia), filial de baterías del Grupo Volkswagen. La ficha oficial la describe como una planta de cero emisiones netas capaz de fabricar hasta 27 GWh al año de celdas prismáticas de litio-ferrofosfato (LFP), una química que sustituye níquel y cobalto por hierro y fosfato. Tendrá ocho líneas de producción totalmente electrificadas y alimentadas con electricidad renovable. En noviembre de 2025, según la compañía, unas 1.400 personas trabajaban en las obras y ya se habían levantado 11 edificios industriales.
El cemento es otra historia. Dos de los tres proyectos españoles de gran escala atacan el CO2 que sale de la propia piedra caliza. Mosusol-netCO2, de Cementos Molins, capturará en torno al 97% de las emisiones de la fabricación de clínker en su planta de Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) y llevará el gas por un tubo de 100 kilómetros hasta un almacén geológico en Tarragona. La Comisión calcula hasta 1,1 millones de toneladas de CO2 al año. Molins quiere esa fábrica neutra en carbono en 2031, según el acuerdo firmado con Enagás en febrero de 2025.
ECO2FLY hará algo parecido en la fábrica de Holcim en Villaluenga de la Sagra (Toledo), con un giro: parte del CO2 capturado se convertirá en eSAF, queroseno sintético fabricado con hidrógeno renovable. El resto viajará en tren hasta un almacén geológico. La ficha prevé cubrir cerca del 50% de la demanda española de eSAF en 2032. En julio firmó con Volotea un memorando por 6,5 millones de litros en 2032 y 32 millones anuales desde 2035. Su director, Javier Esteban, sostuvo que el acuerdo «valida nuestro modelo de producción de eSAF», un combustible que recorta más de un 75% las emisiones netas y depende menos de materias primas limitadas que los SAF de origen biológico.
En el puerto de El Musel (Gijón), Musel GreenMet producirá e-metanol y biometanol dentro del Valle del Hidrógeno de Asturias. Es el único proyecto español de escala media y ya obtuvo en septiembre de 2026 su permiso ambiental. En Sevilla, el piloto VICTORIA de ICODOS montará en la depuradora de Copero una planta que combinará CO2 biogénico de las aguas residuales con hidrógeno de un electrolizador de 10 MW para producir unas 3.800 toneladas de e-metanol al año, orientadas al transporte marítimo. Es la lógica del hidrógeno verde aplicada a un residuo que hasta ahora se ventilaba.
Cierran la lista CIRCUS, de Greenertis Tarragona, que convertirá residuos plásticos mezclados en aceite de pirólisis para fabricar polímeros nuevos y evitará unos 1,5 millones de toneladas de CO2 en sus diez primeros años; CATREF, de XFuel, que transformará en Cataluña residuos oleosos de barcos en gasóleo marino reciclado, con un ahorro previsto del 92,18% de las emisiones y compras comprometidas por 84.000 toneladas al año; y ELSA, de Solvay Química, un piloto para fabricar carbonato sódico con electrodiálisis, electricidad renovable y CO2 biogénico.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 evitado: unos 290 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en la primera década de los 77 proyectos seleccionados.
- Capacidad industrial: 27 GWh anuales de celdas LFP en Sagunto y 1,1 millones de toneladas de CO2 capturadas al año en Sant Vicenç dels Horts.
- Inversión: 3.400 millones repartidos; el importe por proyecto no figura en los documentos publicados.
- Equivalencia: cerca de una tonelada de CO2 por segundo durante diez años.

La letra pequeña: 84 proyectos se quedan fuera y el dinero aún no está asignado
Estar en la lista no significa cobrar. Los promotores deben negociar ahora los acuerdos de subvención con la Agencia Ejecutiva Europea de Clima, Infraestructuras y Medio Ambiente (CINEA), y la Comisión anunciará el resultado de esa fase en el primer trimestre de 2027, según el comunicado IP/26/2187 y sus anexos. Los documentos no detallan cuánto recibirá cada proyecto. Varios siguen en planificación: ECO2FLY, sin ir más lejos, prevé su arranque comercial en 2032.
Otros 84 proyectos aprobaron la evaluación y se quedaron sin dinero. Recibirán el sello de calidad STEP para buscar financiación en otras fuentes, un premio de consolación que no sustituye la subvención. La siguiente convocatoria llegará a principios de diciembre de 2026, con 1.000 millones para fabricación de tecnologías limpias. Más detalle sobre el mecanismo, en la página oficial del Fondo de Innovación.
Lo que revela un reparto seis veces sobresuscrito
El Fondo de Innovación no es nuevo. En convocatorias anteriores ya hubo proyectos españoles entre los elegidos, y el patrón se repite: mucha propuesta solvente y poco dinero para todas. La UE ha construido un mercado de carbono que genera ingresos y los reinvierte en descarbonizar la industria que paga esos permisos, con el Fit for 55 y el CBAM como telón de fondo. El diseño es coherente. El tamaño, no tanto.
Con 17.500 millones solicitados frente a 3.400 concedidos, el cuello de botella deja de ser tecnológico y pasa a ser financiero. Quien llega a esta fase ya ha superado un filtro técnico durísimo. La mayoría de los proyectos españoles compite en sectores donde el coste de la primera planta es prohibitivo. Por eso la negociación con CINEA decide de verdad: ahí se cae quien no acredita cofinanciación, calendario y comprador. El memorando de ECO2FLY con Volotea o los contratos de CATREF por 84.000 toneladas anuales son exactamente eso, la prueba de que hay demanda esperando.
España coloca ocho proyectos de 77 en sectores que hasta hace poco se daban por imposibles de descarbonizar: baterías, cemento, metanol marítimo y queroseno sintético. Ahí se juega la próxima década, y la convocatoria de diciembre pondrá a prueba si el sistema absorbe el ritmo que exige el calendario climático o si el capital sigue llegando tarde.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 290 millones de toneladas de gases de efecto invernadero evitadas en la primera década de los 77 proyectos seleccionados.
- Modelo que cambia: el cemento y el transporte marítimo dejan de asumir el CO2 como coste inevitable y empiezan a capturarlo, reutilizarlo o sustituirlo por combustibles sintéticos.
- Para las próximas generaciones: la industria pesada europea demuestra que puede fabricar baterías, cemento y combustible de aviación con emisiones netas cercanas a cero como cartera financiada, no como excepción de laboratorio.




