La deuda pública de Francia ha dejado de ser un asunto interno. Lo que veo en el mercado de bonds esta semana es la constatación de que los inversores están cobrando a París un precio que no le exigían desde hace casi un cuarto de siglo.
El rendimiento del bono francés a diez años ha superado el 4,9% tras subir más de 130 puntos básicos desde junio. Es el nivel más alto desde 2002. Y la cifra importa por lo que tiene de ruptura: la prima de riesgo francesa ya no se explica solo por la política del BCE, sino por la solvencia del propio emisor.
Los números que han encendido las alarmas
He revisado los datos del Tesoro francés y de los organismos internacionales. El diagnóstico es conocido; lo nuevo es la velocidad.
- 3,6 billones de euros de deuda, el 119% del PIB. En 2019, antes de la pandemia, el ratio era del 98%.
- Déficit previsto del 5,4% del PIB para 2026, frente al entorno del 3% de la media de la Unión Europea.
- Gasto público cercano al 57% del PIB, solo por detrás de Finlandia en la OCDE.
- Pensiones públicas del 14% del PIB, una partida que crecerá con el envejecimiento de la población activa.
- Crecimiento del 0,4% este año, tras el 0,9% de 2025.
Ninguno de esos indicadores describe una insolvencia por separado. Juntos dibujan algo más incómodo: un país que gasta como el que más, crece como el que menos y no cierra la brecha fiscal desde 2020.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, intenta sacar adelante un presupuesto con 54.000 millones de euros de ahorro. En una Asamblea Nacional fragmentada, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon —los dos aspirantes mejor situados para las presidenciales de 2027— rechazan el ajuste. El Ejecutivo aún podría activar el artículo 49.3 para aprobarlo sin votación, el escenario que el mercado descuenta con más prima.
«La sostenibilidad de la deuda soberana rara vez viene determinada por su nivel absoluto. Depende mucho más de su trayectoria, su estructura y el contexto económico y financiero.» — Victor Lequillerier, presidente de BSI Economics, a Al Jazeera, 20 de octubre de 2026
Por qué Francia paga más que Italia, Japón o Estados Unidos

La comparación internacional es la parte que más me interesa. La deuda francesa es alta, pero no la más alta: Italia supera el 140% del PIB, Japón rebasa el 200% y Estados Unidos emite sin límite aparente. Cada uno de esos casos cuenta con un amortiguador que Francia ha perdido.
Washington se beneficia del dólar como moneda de reserva. Tokio coloca la mayor parte de su deuda entre instituciones nacionales y mantiene tipos ultrabajos. Roma, con una carga mayor, ha reducido su déficit hasta el entorno del 3%. París compite ahora por el mismo capital en euros con una Alemania que emite más deuda y con una España y una Italia que han saneado sus cuentas.
«¿Son las cifras francesas mucho peores que las de otros países? No, pero marginalmente son peores. La dificultad real es que la situación política no ofrece al Gobierno un camino fácil hacia un presupuesto sensato desde el punto de vista de la deuda.» — Antonio Fatas, profesor de Economía del INSEAD, a Al Jazeera, 20 de octubre de 2026
Lo que veo aquí no es una crisis de deuda en marcha, sino una crisis de credibilidad política que se factura en forma de tipos. Esa es la diferencia clave. El mercado no duda de que Francia pueda pagar; duda de que su sistema político sea capaz de decidir cómo hacerlo. Ese tipo de duda se resuelve con votos, no con comunicados.
El riesgo que los datos no resuelven es el de la retroalimentación. Cada mes de retraso encarece la refinanciación y cada punto de yield adicional recorta el margen para el ajuste. Con un crecimiento del 0,4%, la aritmética no ayuda. Nada conduce a un impago, como subrayan los analistas, pero sí a una pérdida de credibilidad que tardaría años en repararse.
Seguiré tres referencias: el diferencial frente al Bund, el calendario de aprobación del presupuesto y el tono de las próximas compras del BCE. Si la prima de riesgo no se estabiliza, el debate dejará de ser francés.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el lector español, el canal de transmisión es el coste del dinero. Si el bono francés no se estabiliza, la presión se traslada al conjunto de la curva europea y llega al Euríbor con un desfase de semanas.
- Euríbor e hipotecas: una ampliación sostenida de 20 puntos básicos en la prima francesa suele trasladarse en parte al Euríbor a doce meses y, con él, a las revisiones de las hipotecas variables.
- Inflación y consumo: el encarecimiento de la financiación soberana tensiona el crédito y frena la inversión, justo cuando la eurozona consolida la desinflación.
- Empresas del IBEX: las compañías que emiten deuda a tipo fijo en el mercado europeo verán subir el coste si el spread periférico acompaña al francés. Los bancos, con carteras de deuda soberana, afrontan ajustes de valoración.
- BCE y disciplina fiscal: Bruselas gana argumentos para exigir ajustes a los países con déficit excesivo, y el margen del BCE para bajar tipos se estrecha si el riesgo soberano se abre.




