Cardano quiere multiplicar por cinco su capacidad para procesar transacciones. El primer paso tiene nombre propio: Leios, la actualización que Input Output, la desarrolladora principal de la red, ha atado al próximo hard fork Dijkstra. Un hard fork es, en román paladino, una actualización que cambia las reglas del protocolo de forma coordinada y sin vuelta atrás sencilla.
El plan difundido el 20 de octubre no promete milagros ni pone fecha al despliegue. Fija una primera meta de tres a cinco veces la capacidad actual y deja abierta la puerta a un escenario de 10 a 15 veces que exigirá pruebas en la red principal y nuevas votaciones comunitarias. Lo importante: instalar Dijkstra habilitará el sistema, pero no activará Leios por sí solo.
Qué cambia Leios: de 4,5 kilobytes por segundo a 22,5
Para medir la magnitud conviene mirar el techo actual. Ouroboros Praos, el mecanismo de consenso que sostiene Cardano desde su lanzamiento en 2017, mueve en torno a 4,5 kilobytes de datos de transacciones por segundo. Aplicar el multiplicador inicial lleva esa cifra a entre 13,5 y 22,5 kilobytes por segundo. La segunda etapa hablaría de 45 a 67,5.
Ojo con la unidad. La hoja de ruta habla de kilobytes y no de transacciones, porque cuántas operaciones caben en ese flujo depende del tamaño de cada una. Una transferencia simple ocupa poco; un contrato inteligente complejo, mucho más. Traducir esos números a un ‘tantas transacciones por segundo’ sin contexto es uno de los errores más repetidos cuando se comparan redes.
Cómo funciona, en corto: Leios conserva los bloques de clasificación de Praos y añade bloques endosantes cuando el volumen pendiente desborda lo que un bloque normal puede transportar. Esos bloques endosantes llevan referencias a transacciones que aún esperan y se certifican con los votos de los operadores. Input Output calcula que lo procesado por esa vía llegará al libro contable en unos 45 a 60 segundos.
Quién tiene que moverse: claves BLS, 2.700 pools y varias votaciones
El detalle menos glamuroso es el que decidirá si Leios arranca. Los operadores de stake pools —los nodos que mantienen la red y validan bloques a cambio de recompensas— tendrán que generar claves de votación BLS y registrarlas mediante certificados de pool actualizados. Cada registro empieza a contar en el siguiente límite de época.
Dijkstra abre la puerta. Quien decide si Cardano la cruza no es un programador: son los operadores y los votantes de la red.
Los certificados BLS permiten agrupar en una sola firma los votos de cientos de pools. Cardano los necesita para certificar los bloques endosantes. El umbral estimado: claves que representen entre el 90% y el 95% del stake delegado, muy por encima del 75% que basta para certificar un bloque normal. Input Output calcula que la participación podría implicar a los 500 o 900 pools principales de los cerca de 2.700 registrados.
Quien no registre su clave seguirá produciendo bloques Praos, pero no votará sobre los endosantes. Ahí hay un riesgo real. Ese margen del 90-95% existe precisamente para compensar a los pools lentos o desconectados. Casi nada.
La gobernanza también tiene números. La enmienda constitucional previa necesita el 75% del stake de los representantes delegados (los DReps, los votantes que delegan los tenedores de ADA) y dos tercios del Comité Constitucional. El hard fork, un 60% del stake de los DReps, el 51% del stake de los operadores y dos tercios del comité. Y cada subida posterior de rendimiento, un 67%, un 51% y dos tercios otra vez.
Pruebas prometedoras, demanda pendiente y una cuenta que no cuadra sola
MusashiNet, la red de pruebas, dio un resultado que invita al optimismo: un pico de 26,8 kilobytes por segundo frente a los 4,51 de Praos en mainnet, casi 5,94 veces la referencia. Fase Tierra de 41 días, más de 127.000 bloques y 63 pools participantes. El informe de ingeniería del 20 de agosto también registró fugas de memoria, bifurcaciones de cadena, sincronizaciones atascadas y una caída provocada por tratar un certificado inválido como error fatal. Corregidas, según el equipo.
Pero una testnet no es la red. Y aquí llega la parte que la propia hoja de ruta admite: el rendimiento medido con tráfico sintético no refleja demanda real. Aumentar el espacio disponible no garantiza que aparezcan usuarios. Es el viejo problema del carril extra en la autopista.
La economía lo deja claro. Más del 85% de las recompensas por época sale hoy de la Reserva de Cardano y no de las comisiones. Según la estimación de CIP-164, los ingresos por comisiones necesitarían un tráfico sostenido de 50 a 70 kilobytes por segundo para alcanzar el equilibrio. Leios acerca técnicamente a ese nivel. No lo genera.
Hay un dato paralelo que ayuda a leer el ecosistema sin adornos: de las 103 aplicaciones listadas en la web oficial del proyecto, 21 han activado el seguimiento de transacciones. Un 20,4%. No significa que las otras 82 estén muertas; significa que ese escaparate no es un censo de actividad.
Con perspectiva, este es un giro más en una serie que ya dura años. En 2022, Vasil maduró los contratos inteligentes. En 2024, Chang abrió la gobernanza en cadena. Y el pasado julio, van Rossem llevó la mainnet a la versión 11 del protocolo. Cada era ha vendido una promesa distinta y cada una ha tardado meses en notarse en el uso real. Intersect, la coordinadora de la hoja de ruta, sitúa Linear Leios en la primera fase y Peras en una actualización aparte prevista para el segundo trimestre de 2027, siempre con fechas sujetas a pruebas y gobernanza.
Los riesgos están a la vista. Depender de que cientos de operadores completen un registro técnico en plazo. Un umbral de stake tan alto que un puñado de pools grandes pueda bloquear el proceso si se descuelga. Y la tentación de vender los multiplicadores como si fueran rendimiento ya disponible en mainnet. Nada de eso está resuelto.
Sin fecha para Dijkstra, la pregunta útil es otra: cuándo se mide el primer bloque endosante en la red real. Esa es la señal que separa la hoja de ruta de la realidad, mucho más que cualquier diapositiva. Y de paso se verá si el precio de ADA, el token de la red, responde a algo más que al calendario de anuncios. De momento, la pelota está en el tejado de los operadores.




