Zelenski rompe la tregua petrolera con Rusia y desafía a Trump: el crudo se dispara

El análisis de Negocios TV sitúa el pulso entre Zelenski y Trump como detonante de una nueva escalada del crudo y del diésel. La presión sobre las refinerías rusas y el debate sobre la legitimidad del mandato ucraniano anticipan un invierno de tensión energética.

Volodímir Zelenski ha decidido no bajar la cabeza. En las últimas horas ha concedido varias entrevistas —entre ellas una al Financial Times— en las que ha descartado convocar elecciones y ha confirmado que los ataques contra refinerías rusas van a continuar. Es un pulso en toda regla a Donald Trump que, en la lectura que se hizo en Negocios TV, tiene traducción inmediata sobre el precio de la energía.

Un desafío en toda regla desde Kiev

El programa abrió con una idea que los contertulios repitieron: lo ocurrido en las últimas horas marca un punto de inflexión. La tregua petrolera con Rusia —ese equilibrio nunca escrito que mantenía contenidos los golpes ucranianos contra la infraestructura energética— queda, a su juicio, rota por decisión de Kiev. Zelenski no solo no se pliega a las exigencias de Washington, sino que responde con más presión sobre las refinerías.

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El analista L. de Castro subrayó que la posición de Trump no le sorprende lo más mínimo y que responde a una hoja de ruta escrita mucho antes de volver a la Casa Blanca. Según su lectura, el presidente estadounidense ha pasado de las palabras a los hechos: primero el pulso verbal, después los movimientos sobre inteligencia y sobre el servicio de internet por satélite, que según se comentó en el plató ha regresado a su funcionamiento habitual tras un paréntesis.

El crudo y el diésel, rehenes del pulso

Hay un hilo económico que atraviesa toda la conversación. En Negocios TV se insistió en que el precio del diésel se ha convertido en un problema doméstico de primer orden para Estados Unidos, con impacto directo en el transporte, la industria y los agricultores. El propio Trump, recordaron, ha utilizado el encarecimiento del combustible como argumento para justificar su presión sobre Kiev.

De ahí, añadieron, el acuerdo de suministro de diésel con Rusia que la Administración estadounidense cerró semanas atrás y que ahora queda en una posición incómoda. Los contertulios atribuyeron buena parte de esa crisis energética a lo que consideran un error de cálculo de Washington en Oriente Próximo: el envolvimiento en el conflicto con Irán, en coordinación con el Gobierno israelí, habría tensado el mercado justo cuando la economía estadounidense menos lo necesitaba.

Trump le puso la cruz a Zelenski hace mucho tiempo; lo que estamos viendo ahora es que ha decidido pasar de las palabras a los hechos.

— L. de Castro, en Negocios TV

Trump, Zelenski y una enemistad con memoria

La animadversión entre ambos no nació ayer. L. de Castro la remontó a la primera presidencia de Trump, cuando el entonces mandatario pidió que se facilitara la investigación sobre los negocios ucranianos de Hunter Biden y el entramado corrupto que rodeaba a la empresa energética del país. Aquel episodio, recordó, acabó costándole dos procesos de destitución que finalmente no prosperaron. El analista lo resumió con una imagen: Trump anota los nombres en una libreta oscura y no olvida.

Su tesis es que la agenda del republicano tiene hoy más puntos en común con Moscú que con Kiev o con Bruselas, y no por simpatía ideológica sino por materias primas: tierras raras, energía y recursos estratégicos que Estados Unidos necesita y que sus actuales socios no pueden garantizarle. Frente a eso, Londres, París y Berlín sostuvieron un respaldo incondicional a Zelenski que, según el programa, ha sido el principal dique de contención.

La legitimidad del mandato, en el aire

El debate jurídico ocupó buena parte de la tertulia. Se recordó que la Constitución ucraniana impide celebrar elecciones presidenciales bajo la ley marcial, pero también que no contempla la prórroga automática del mandato: esa potestad pasaría al presidente de la Rada Suprema. De ahí la conclusión sostenida en el plató: Zelenski carece de legitimidad formal conforme al texto constitucional, por mucho que su mandato haya expirado por una circunstancia impuesta y no por un golpe de Estado.

La comparación que se usó resultó incómoda para Kiev. Israel afronta varios frentes abiertos y ha convocado elecciones; Rusia celebró comicios presidenciales y legislativos en plena guerra. Zelenski, en cambio, se niega. Y el motivo, según L. de Castro, es evidente: su popularidad se ha desplomado y unas urnas hoy podrían poner fin a su carrera política, dentro de una estrategia de desgaste orientada al cambio de régimen.

Elecciones que no podrían serlo del todo

El otro contertulio del programa introdujo el matiz que suele faltar en este debate. Levantar la ley marcial permitiría convocar elecciones sin problemas legales, pero no logísticos. Millones de ucranianos —se citó la cifra oficial de siete millones, probablemente a la baja— salieron del país tras la invasión. Sin voto por correo ni mecanismos de sufragio a distancia, la pregunta es obligada: cómo ejercen su derecho.

A eso se suman las regiones ocupadas, que conforme a la propia legislación ucraniana deberían participar en la elección, y el riesgo de que la campaña se desarrolle bajo ataques con drones contra colegios electorales. Una participación muy baja generaría un resultado poco representativo y, de ahí, un regalo argumental para el Kremlin: el nuevo presidente tampoco sería legítimo. Para que unas elecciones fueran mínimamente creíbles haría falta, antes, una tregua rusa.

Europa, el balón de oxígeno de Zelenski

Con Washington en modo presión, Bruselas aparece como el último apoyo sólido. En el programa se subrayó que la Comisión, el Parlamento y el Consejo Europeo han mantenido un respaldo firme, y que Ucrania ya ha abierto negociaciones de adhesión, un proceso que no culminará antes de una pacificación pero que sirve de anclaje político. A eso se suma un calendario útil: el mandato de Trump termina el 20 de enero de 2029, y ganar tiempo es, quizas, la mejor estrategia disponible.

Un conflicto que encara su quinto año

La guerra cumplirá en febrero de 2027 cinco años, una cifra que en 2022 nadie habría firmado. Ese desgaste explica buena parte de los movimientos: Rusia ha reconvertido su industria, Europa ha reducido —no eliminado— su dependencia energética de Moscú y Estados Unidos ha descubierto que su principal preocupación ya no es Ucrania, sino el coste interno de una crisis energética que se le escapa. En ese tablero, el riesgo geopolítico vuelve al centro de las decisiones de mercado.

Para el lector que sigue los mercados, la lectura es doble. A corto plazo, cada ataque contra una refinería rusa es una variable que se traslada al crudo y a los productos refinados, y una presión añadida para una Administración que ha convertido el precio del combustible en asunto electoral. La cita del 3 de noviembre, según se apuntó en el programa, funciona como telón de fondo de todos estos movimientos.

A medio plazo, lo relevante no es tanto el pulso personal entre dos presidentes como la erosión de los marcos de referencia. Si la tregua petrolera deja de existir y si la propia legitimidad del interlocutor ucraniano se convierte en objeto de disputa, cualquier negociación futura arranca con un déficit de confianza difícil de recomponer. En términos de mercado, eso se llama prima de riesgo; en términos políticos, se llama esperar a que el otro caiga.

Zelenski sigue siendo el interlocutor reconocido por todos los gobiernos que cuentan en esta guerra, y esa es su mayor garantía de supervivencia política. Pero su margen se estrecha cada semana que pasa sin alto el fuego. La pregunta, al final, es sencilla y no tiene buena respuesta: ¿puede un país en guerra celebrar elecciones verdaderamente libres, y puede permitirse no hacerlo?

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.

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