Hoskinson ataca la privacidad de Ethereum: la IA generativa expondrá lo que la red oculta

Hoskinson defiende tres capas criptográficas para que el dato no quede expuesto y prevé abrir Midnight City en los próximos meses. El mercado, mientras, castiga a NIGHT un 19,3% en la semana.

La privacidad en Ethereum vuelve al centro del debate y no por un fallo técnico: Charles Hoskinson, fundador de Cardano, sostiene que la red no la resuelve. Su tesis es que el modelo de una sola computadora mundial para todos estaba mal planteado desde el origen, y que los agentes de inteligencia artificial van a dejar ese hueco a la vista.

No discute el tamaño de Ethereum ni su seguridad. Discute algo más incómodo: que cada transacción queda escrita para siempre y a la vista de todos. Su pregunta es si alguien quiere de verdad que el resto del mundo vea lo que compra y con quién habla. Para siempre.

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La alternativa de Hoskinson: tres cerraduras para el mismo dato

La respuesta se llama Midnight, una red de privacidad desarrollada en paralelo a Cardano, y se apoya en tres piezas que conviene traducir. Las pruebas de conocimiento cero demuestran que un resultado es válido sin enseñar los datos que lo sostienen. La computación multiparte permite calcular sobre información sensible sin que ninguna parte vea la de la otra. Y los entornos de ejecución confiables ejecutan código en una zona sellada del procesador, fuera del alcance del sistema operativo.

Con esas capas, Hoskinson resume el diseño en una frase: lo que entra, nadie más lo ve. Es una arquitectura para el usuario individual, no para el libro contable global.

El envoltorio comercial es Midnight City, un mundo simulado donde agentes de IA viven, comercian y se prueban entre ellos. Según su fundador, acumula ya unos 14.000 probadores en fase beta y prevé estar plenamente operativo en los próximos meses. Cada usuario podrá alojar un agente con cartera e identidad propias y alquilar estrategias de trading de terceros. El mercado conectará con Solana, Ethereum, Hyperliquid y Binance.

La privacidad ha dejado de ser una preferencia estética del usuario para convertirse en el requisito técnico que decide qué agentes pueden operar sin exponer a quien los usa.

El argumento que sí incomoda: los agentes de IA necesitan datos reales

Un agente que opera on-chain necesita contexto para ser útil: historial, preferencias, límites de riesgo, contrapartes. Cuanto más datos tiene, mejor decide. Y cuanto mejor decide, más expuesto queda quien lo usa si todo eso acaba escrito en una cadena pública.

Hoskinson lo dijo sin rodeos: no se siente cómodo compartiendo esa información con Sam Altman ni con Dario Amodei, los responsables de OpenAI y Anthropic. La frase tiene intención. Señala al adversario real del debate, que no es otra cadena, sino las plataformas centralizadas que ya gestionan los datos de medio mundo.

Ethereum libra mientras tanto su propia batalla, la de la experiencia de usuario. Ha empujado las passkeys (llaves de acceso guardadas en el dispositivo, como la huella o el reconocimiento facial) y la abstracción de cuentas, con la EIP-7702 como pieza estrella: permite que una cartera corriente se comporte de forma temporal como un contrato inteligente. Eso reduce el riesgo de phishing, y elimina fricción. No oculta nada. Son planos distintos.

El mercado tampoco compró la tesis. Ether cotizaba en torno a 2.372 dólares, con una caída del 6,7% semanal, según los datos recogidos por Stocktwits. Cardano cedía un 13,1% hasta 0,2158 dólares y NIGHT, el token de Midnight, se dejaba un 19,3% hasta 0,0401. El sentimiento minorista que mide esa plataforma seguía en zona bajista para ambos y en extremo bajista para ETH.

Ganar el debate no es ganar el mercado.

La asignatura pendiente que Ethereum nunca ha aprobado

La privacidad ha sido el flanco débil de las cadenas públicas desde el primer bloque. El episodio que cambió el tono fue Tornado Cash, en agosto de 2022: cuando la oficina antilavado del Tesoro estadounidense sancionó ese mezclador —un servicio que rompe el vínculo entre el origen y el destino de unos fondos—, quedó claro que la privacidad on-chain ya no era filosofía, sino asunto regulatorio. Desde entonces, cualquier proyecto que prometa anonimato carga con la sospecha de facilitar blanqueo.

Ethereum ha respondido con otras prioridades: escalar y facilitar el uso. Los blobs de Dencun, que abarataron los rollups, o la propia EIP-7702 van por ahí, no por esconder el contenido de las transacciones. Hay investigación en direcciones stealth, pruebas de conocimiento cero para pagos y esquemas de divulgación selectiva, pero ninguna tiene fecha en el protocolo base. Es defendible: la transparencia permite auditar el suministro y detectar fraudes. También es un coste que el usuario paga sin saberlo.

No obstante, la crítica arrastra un conflicto de interés evidente. La formula el fundador de la red que compite por ese mercado, en una semana en la que su ecosistema cae más que aquel al que critica. Y su solución no es gratis: los entornos de ejecución confiables ponen la confianza en hardware de terceros, fabricantes de chips con historial de vulnerabilidades documentadas. Privacidad real, sí; sin coste, no.

Mi lectura es que el debate importa por lo que anticipa. Si los agentes de IA mueven volumen serio on-chain, la demanda de privacidad no vendrá del usuario que oculta sus compras, sino de la empresa que no puede publicar su estrategia en abierto. Ese día Ethereum tendrá que elegir entre dos relatos que ha sostenido a la vez: el libro contable transparente y la plataforma corporativa. La decisión no llegará en un foro, sino en el próximo hard fork, la actualización coordinada que reescribe las reglas de la red.


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