Google TeraWulf: 3.200 millones de respaldo a Fluidstack y warrants sobre la minera

La garantía cubre los alquileres de Fluidstack en Lake Mariner durante diez años y no convierte a Google en operador del campus. Los warrants, hasta 73,5 millones de acciones, abren una vía de entrada en el capital de la minera.

Google ha ampliado hasta 3.200 millones de dólares su respaldo a los contratos de arrendamiento que Fluidstack mantiene en Lake Mariner, el campus que la minera de bitcoin TeraWulf tiene en Somerset, en el estado de Nueva York. La cifra llega acompañada de un paquete de warrants que, si se ejercen, darían al gigante tecnológico cerca del 14% de las acciones de la compañía.

El importe no aparece de golpe. Google ya había comprometido 1.800 millones y ahora suma otros 1.400 millones, hasta ese techo de 3.200, según el anuncio difundido este domingo. Ese dinero no paga la obra ni compra servidores: respalda las obligaciones de pago que Fluidstack ha asumido al alquilar espacio en el campus.

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Qué respalda Google exactamente (y qué no)

Conviene separar dos figuras que el anuncio mezcla. El arrendatario es Fluidstack, un proveedor de capacidad de cómputo para inteligencia artificial. Google actúa como garante: si el inquilino no paga, responde él. Eso no le convierte en operador de las instalaciones ni en dueño de los edificios, y tampoco implica que vaya a gestionar los servidores que se monten allí.

Otra cosa son los warrants. Un warrant es el derecho a comprar acciones a un precio y en un plazo pactados por adelantado; no es una acción ya emitida y nada obliga a ejercerlo. En este caso, Google podría llegar a hacerse con 73,5 millones de títulos de TeraWulf, de los cuales 32,5 millones van ligados a la ampliación anunciada ahora. Las condiciones de ejercicio no se han hecho públicas.

360 megavatios contratados frente a 102 ya en producción

Fluidstack ha contratado cerca de 360 megavatios de capacidad crítica de TI en Lake Mariner mediante acuerdos a diez años. Esa potencia, la que se destina a los servidores propiamente dichos y no a refrigeración ni al resto del recinto, se repartirá en tres edificios identificados como CB-3, CB-4 y CB-5. El último incorpora 160 megavatios adicionales dentro de la ampliación. Ahí está el grueso del negocio.

La distancia entre lo firmado y lo que ya funciona marca la lectura correcta de la noticia. En sus resultados del segundo trimestre de 2026, TeraWulf reportó 102 megavatios de capacidad crítica generando ingresos y otros 336 en construcción. Capacidad contratada, capacidad en obras y capacidad operativa son tres cosas distintas y no se suman como si fueran la misma.

Google no enciende servidores ni factura a nadie: avala la nómina de otro para que el proyecto se financie sin que todo el riesgo caiga sobre la minera.

El calendario previsto arranca en esta segunda mitad de 2026 y se extiende hasta 2027, con energización por fases. El grueso del negocio, por tanto, está todavía por llegar y depende de que las obras avancen. La compañía calcula costes iniciales de entre 8 y 10 millones de dólares por megavatio crítico, una estimación unitaria que no equivale al coste total del campus ni garantiza que el gasto final se quede en ese rango.

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De minar bitcoin a alquilar la nave: por qué el sector cambia de negocio

Lake Mariner ocupa el terreno de una antigua central eléctrica de carbón y conserva dos líneas de transmisión de 345 kilovoltios. El detalle suena técnico, pero explica casi todo: conseguir una conexión así desde cero puede llevar años, y quien ya la tiene puede alquilarla. Ahí está la ventaja competitiva.

La lógica se parece a la de un propietario que cambia de inquilino. Minar bitcoin da ingresos altos cuando el precio acompaña y márgenes estrechos cuando no; el último halving, en abril de 2024, recortó a la mitad la recompensa por bloque y apretó las cuentas de todo el sector. Alquilar potencia a un cliente de IA ofrece, en cambio, contratos largos y pagos previsibles. La minera sigue minando, pero cada vez depende más de ser casera y menos de acertar con el precio del bitcoin.

Google no es el único que firma papeles así, ni TeraWulf la única que los recibe. La compañía mantiene por separado un contrato de arrendamiento a veinte años con Anthropic en su campus Justified Data, en Kentucky. Son operaciones independientes, con contrapartes y ubicaciones distintas, y conviene no mezclarlas al medir la exposición de la empresa.

Quedan riesgos que el respaldo no elimina. El primero es de ejecución: un campus con 360 megavatios contratados vale lo que valgan las obras que los hagan posibles. El segundo es de concentración: cuanto más pesa un cliente y su garante, más depende la minera de decisiones, que no controla. El tercero es societario y aparece en la letra pequeña: el suelo bajo Lake Mariner pertenece a Somerset Operating Company, vinculada al consejero delegado de TeraWulf, Paul Prager, y la información publicada no detalla los términos económicos de esa relación.

Tres cosas que conviene vigilar en los próximos trimestres:

  • Cuánta de la capacidad contratada entra realmente en servicio y en qué fechas.
  • Si el coste por megavatio se mantiene entre esos 8 y 10 millones o se desvía.
  • Bajo qué condiciones puede Google ejercer los warrants y con qué efecto sobre el accionista actual.

Para quien sigue a WULF en el Nasdaq, la pregunta ha dejado de ser cuántos bitcoins produce la compañía y pasa a ser cuántos megavatios es capaz de entregar a tiempo. Para el resto, la operación es una muestra más de cómo la infraestructura nacida para minar cripto se reconvierte en alquiler de potencia para inteligencia artificial, con las grandes tecnológicas poniendo la firma al pie del contrato.

El siguiente hito llegará con la energización por fases y las cuentas del cuarto trimestre. Ahí se verá si el aval de Google fue una garantía barata o el primer paso hacia algo bastante más grande.


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