Adrián Sáenz lo plantea sin adornos: ser estudiante y querer ganar dinero es una ecuación difícil, porque falta tiempo y sobra prisa. En su último vídeo, el creador repasa seis negocios que, según sostiene, se pueden arrancar desde casa con Claude y con una inversión prácticamente nula.
No es una lista de ideas revolucionarias, y él mismo lo advierte. La premisa es otra: negocios que ya funcionan, que se activan en días y que no exigen capital de partida. Sáenz recuerda que él montaba proyectos mientras estudiaba y los compaginaba con trabajar los viernes por la tarde y los fines de semana. De esa experiencia sale el hilo de todo el vídeo.
Páginas web para negocios que siguen sin web
La primera vía es vender páginas web a negocios locales. El razonamiento es simple: restaurantes, peluquerías y clínicas que aún no tienen presencia digital o que arrastran webs de hace veinte años. Con Claude, afirma, se pueden levantar sitios profesionales en minutos y sin el aspecto de plantilla que delata a la competencia.
La parte interesante no es el diseño, sino la prospección. Sáenz enseña cómo usar la función de investigación de Claude para generar un listado de peluquerías de Valencia con más de cien reseñas en Google Maps y sin web propia: 208 peluquerías con teléfono, zona y reseñas, además de un campo de estado para marcar contactados, interesados o descartados.
Su método es de una simplicidad casi incómoda: crear diez webs en una tarde, una por cada negocio del listado, y al día siguiente presentarse en persona para enseñarlas gratis, preguntar qué falta y ofrecer la venta después.
Cuanto más vergüenza da lo que vamos a hacer, menos gente lo estará haciendo y más probabilidades tendremos de cerrar la venta.
— Adrián Sáenz
Los precios que maneja van de 100 a 300 euros por sitio, más un mantenimiento mensual o anual que cubra pequeños cambios y supervisión. Avisa, eso sí, de que la ventaja se estrecha: cuanto más se popularice la herramienta, más negocios preferirán hacerlo solos. La salida que propone es subir de nivel con reservas, chatbots y funciones que el cliente no pueda replicar; asi que conviene aprender rápido.
Dropshipping con Claude: menos prueba y error
La segunda vía es el dropshipping, el modelo con el que el propio Sáenz se ganó algo de dinero siendo estudiante. Lo resume así: tienda online, proveedor que envía directo al cliente y margen entre el precio de venta y el de coste. Frente a una marca propia con stock, permite empezar sin inversión inicial.
Su propuesta se apoya en tres piezas: un generador que monta la tienda de Shopify en minutos, un proveedor conectado (AutoDS en su ejemplo) y Claude enlazado mediante conectores. Con esa base, le pide informes con criterios concretos: producto que se pueda vender al triple de su coste, que resuelva un problema y que sea lo bastante raro como para no encontrarlo en la tienda de la esquina. El ejemplo que muestra es un informe de productos de belleza y fitness con el número de pedidos de cada referencia. La gracia, dice, es elegir entre diecisiete candidatos filtrados y no entre miles.
Micro-SaaS: una sola función, hecha bien
La tercera vía es un micro-SaaS: un software mínimo alojado en internet que hace una sola cosa y la hace bien. Su ejemplo es un conversor de enlaces a códigos QR, gratuito para el usuario y monetizado con anuncios. Las cifras que da: entre uno y tres euros por cada mil visitas, lo que equivaldría a 1.000-1.500 euros con 500.000 visitas mensuales. El cuello de botella, insiste, es el tráfico. Como ideas para estudiantes menciona una herramienta de gastos compartidos de piso o una calculadora de la nota que falta para entrar en una carrera.
Afiliados de Amazon: la fórmula clásica se agota
La cuarta es el marketing de afiliados de Amazon, con comisiones que sitúa entre el 1% y el 10%. Pone el caso de las bicis eléctricas: un 4% sobre una bici de 900 euros deja 36 euros. Pero Sáenz es honesto sobre el declive. El blog de afiliados clásico funciona cada vez menos porque la IA abarata la producción de artículos y multiplica la competencia. La salida que plantea es añadir algo diferencial, como un pequeño simulador de autonomía dentro de la propia web.
Print on demand: una marca de ropa sin stock
La quinta es una marca de ropa con print on demand: se diseña, se publica y solo se fabrica cuando alguien compra, así que no hay stock ni riesgo de quedarse con cajas en el salón. Los diseños pueden salir de ChatGPT y el proveedor imprime la prenda elegida. Después entra Claude para rehacer la tienda y que parezca una marca y no un catálogo genérico. Aun así, advierte de que una tienda bonita no vende sola: quien compra ropa compra pertenencia, y eso exige marketing.
Agencias de automatización: más exigente, más potencial
La sexta es montar una agencia. Bajar el concepto al suelo significa vender servicios a empresas: un chatbot de WhatsApp que agenda citas en una peluquería o una clínica dental, un asistente telefónico que reserva mesas en un restaurante, automatizaciones que ahorran horas. La receta de Sáenz: elegir un servicio y un nicho, construirlo con Claude Code sin programar, conseguir un primer cliente conocido y trabajar gratis o muy barato a cambio de un testimonio medible, del tipo 300 mensajes recibidos y 40 citas agendadas. Al principio se cobran unos cientos de euros más mantenimiento; las agencias consolidadas, dice, facturan miles por proyecto.
El contexto: la IA abarata producir, no distribuir
Más allá de lo que cuenta el vídeo, conviene ordenar el contexto. Que la IA abarate la producción de una web, un artículo o un chatbot no abarata lo más escaso: la distribución y la confianza. El propio creador lo reconoce al señalar el tráfico como el gran cuello de botella de casi todas las vías. Las cifras de AdSense y de comisiones que maneja son orientativas y dependen de la categoría, del país y del comportamiento de la subasta publicitaria, así que funcionan mejor como orden de magnitud que como promesa.
Qué significa para quien busca una renta extra
Para el lector que busca una renta extra, la lectura editorial es doble. La buena noticia es que la barrera técnica ha caído: hoy una persona sin formación en programación puede entregar un producto presentable en una tarde. La mala es que esa misma facilidad convierte cada nicho en un espacio concurrido en cuestión de meses. Lo que separa a quien gana dinero de quien acumula tutoriales no es la herramienta, sino la venta: llamar a la puerta, mostrar algo hecho y pedir el dinero. El vídeo insiste en un punto que suele pasarse por alto: el síndrome del objeto brillante, ese salto constante de idea en idea que garantiza no terminar nada. Su receta es elegir una sola vía y sostenerla seis meses antes de evaluar resultados.
Queda una pregunta abierta. Si la IA democratiza la producción, el valor se desplaza hacia quien sabe encontrar clientes, sostener una relación y resolver un problema concreto. La tecnología ya no es el filtro; la constancia y las ganas de tocar la puerta, sí.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Adrián Sáenz en YouTube.




