3El recorrido por las murallas medievales: puertas, torres y castillo
El recinto amurallado de Buitrago del Lozoya se despliega sobre una península triangular que el río Lozoya dibuja en un meandro, un foso natural que explica por qué fue uno de los enclaves más codiciados de la Sierra Norte. El perímetro ronda los 930 metros y encierra algo más de 40.000 metros cuadrados de casco histórico. La muralla se organiza en dos paseos de ronda bien diferenciados: el adarve bajo, de acceso libre, corre paralelo al cauce con lienzos de unos dos metros de espesor y seis de altura, mientras que el adarve alto, en el lado sur —el único sin río que lo proteja—, se refuerza con tres metros de grosor y nueve de altura. La ruta de otoño propone recorrerlos ahora, cuando la piedra y la vegetación de ribera cambian de tono.
La puerta principal del recinto se abre en la base de la Torre del Reloj, una mole pentagonal de unos 16 metros de altura que sustituyó en el siglo XIV a un acceso anterior; su pasillo en recodo obligaba a los atacantes a girar y quedaba cerrado por un rastrillo. A ambos lados del muro sur se alinean catorce torres cuadradas, de unos nueve metros, macizas hasta su base y rematadas por cámaras de guardia. Hay otros accesos históricos, como el Arco de las Nieves o el del Piloncillo. En el ángulo sureste se adosa el castillo de los Mendoza, un alcázar gótico-mudéjar de los siglos XIV y XV con siete torres, tres de ellas heredadas de la propia muralla, y un patio de armas de unos 35 por 40 metros que se prolonga hacia el río mediante la coracha.



