Se confirman en México un observatorio de 2.500 años, el más antiguo de Mesoamérica fuera del área maya

El Grupo E de Tetelihtic, en la Sierra Norte de Puebla, alineaba sus dos basamentos con la salida del Sol y con la estrella Canopus. El INAH sitúa su construcción entre los años 1000 y 600 a. C., durante el Preclásico Medio.

Un patio de hace 2.500 años en la Sierra Norte de Puebla es el observatorio solar más antiguo de Mesoamérica fuera del área maya. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) acaba de confirmar que el Grupo E de Tetelihtic, un asentamiento prehispánico situado a unas tres horas en coche al este-sureste de Ciudad de México, funcionó como un instrumento de observación astronómica.

La noticia no es que aquellas sociedades miraran al cielo. Es que lo hicieron con una precisión arquitectónica documentada siglos antes de que Teotihuacán, Cholula o Cantona dominaran el paisaje del altiplano. Sus constructores integraron la arquitectura y la observación del cielo para medir el tiempo y reconocer los ciclos agrícolas, según los resultados difundidos por el proyecto arqueológico.

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El yacimiento tampoco es un hallazgo repentino. El investigador Vicente Lombardo Toledano lo mencionó en 1939, pero no quedó registrado oficialmente hasta el año 2000, y las excavaciones sistemáticas no arrancaron hasta 2014, bajo el Proyecto Arqueológico Teteles de Ávila Castillo. Ahora, ese trabajo acumulado permite leer en planta lo que durante décadas fue solo un conjunto de basamentos cubiertos de vegetación.

Un centro ceremonial de 16 estructuras que miraba a Canopus

Las excavaciones han sacado a la luz numerosos fragmentos de cerámica, herramientas de piedra, y restos de un centro ceremonial con al menos 16 estructuras. El trazado urbanístico no era casual: permitía seguir el Sol y registrar el ciclo agrícola.

La Estructura 1, de planta cuadrangular, mide 52 metros por lado y alcanza los 12 metros de altura. Su orientación coincide con la aparición de Canopus, la segunda estrella más brillante del cielo nocturno, visible en la región durante febrero. La Estructura 2, de 50 por 27 metros, formaba parte del mismo conjunto dedicado a observar el recorrido solar.

La diferencia entre un montículo de tierra y un observatorio es una línea de horizonte y una fecha que se repite cada año.

Cómo dos basamentos convirtieron el cielo en calendario agrícola

El conjunto recién confirmado se sitúa al este del sector conocido como Gran Plaza. Un patio cuadrangular queda flanqueado por dos basamentos: uno alargado al este, de 90 metros de largo por 40 de ancho —la longitud de un campo de fútbol—, y otro al oeste de menores dimensiones, de 46 por 27 metros. La disposición de ambas construcciones permitía seguir los movimientos del Sol y establecer referencias para el calendario.

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El detalle que más ha sorprendido al equipo de Alberto Diez Barroso Repizo, director del proyecto, es que el basamento alargado no marca el punto central de los equinoccios. Servía para fijar febrero como inicio del calendario mesoamericano y octubre como referencia de la época de la cosecha. El basamento oriental, en cambio, sí registraba el recorrido solar: desde su frente, al amanecer, se seguían los solsticios y los equinoccios. El conjunto se construyó entre los años 1000 y 600 a. C., durante el Preclásico Medio.

El doble de grande que Uaxactún: lo que Tetelihtic aún no puede demostrar

El trazado presenta similitudes con otros complejos astronómicos del área maya, como el Grupo E de Uaxactún, en el Petén guatemalteco. La diferencia es de escala: el de Tetelihtic tendría aproximadamente el doble de tamaño. La comparación no es un detalle menor, porque los llamados grupos E son uno de los patrones arquitectónicos más estudiados de la arqueoastronomía mesoamericana, y encontrar un equivalente fuera del área maya obliga a preguntar quién estaba mirando al cielo y desde cuándo.

La ocupación principal del asentamiento se prolongó aproximadamente desde el año 900 a. C. hasta el 100 d. C. Su abandono parcial coincidió con el desarrollo de centros como Cantona, Cholula y Teotihuacán. Sin embargo, varias ofrendas halladas en la periferia del recinto, fechadas entre los años 100 y 600 d. C., indican que el lugar continuó utilizándose como espacio de culto. Otra ofrenda, de época totonaca y datada entre los años 600 y 900 d. C., apunta a una reutilización ritual posterior, cuando el asentamiento ya estaba abandonado.

Los análisis podrían aportar además nuevas pruebas sobre la presencia maya en la región, que según una de las hipótesis del equipo podría remontarse a un milenio antes de nuestra era. También ayudarían a investigar los vínculos entre los grupos mayas y huastecos. Otra hipótesis plantea que Tetelihtic albergaría las raíces de la cultura totonaca, que posteriormente floreció en la Sierra Norte de Puebla y en el norte de la costa del golfo de México. La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, subrayó que la arquitectura del asentamiento refleja cómo las sociedades prehispánicas desarrollaron conocimientos astronómicos y los incorporaron a la organización de sus espacios ceremoniales.

Conviene poner ese entusiasmo en su sitio. La confirmación es un anuncio institucional del INAH, no un artículo publicado en una revista con revisión por pares, y las mediciones de alineación dependen de reconstruir el horizonte tal y como era hace unos 2.800 años. Los cerros de la sierra siguen ahí, pero la vegetación, la erosión y los propios derrumbes de los basamentos modifican la línea visual. Como ocurre con buena parte de la arqueoastronomía mesoamericana, la interpretación es sólida en la comparación arquitectónica y más frágil en el detalle exacto de qué día del año señalaba cada esquina.

Tetelihtic se construyó cuando los olmecas esculpían sus cabezas colosales y en Grecia se empezaban a fijar por escrito los poemas homéricos. Es decir: el cielo ya era un instrumento administrativo. Lo que viene ahora depende de las próximas temporadas de excavación y de que el equipo publique las mediciones completas de ambos basamentos, con la orientación exacta y la corrección por la inclinación del horizonte. Ahí se sabrá si este rincón de Puebla fue una excepción brillante o la prueba de una práctica mucho más extendida de lo que el mapa actual sugiere.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: la confirmación de que el Grupo E de Tetelihtic funcionó como observatorio solar, el más antiguo registrado en Mesoamérica fuera del área maya.
  • Dónde: yacimiento prehispánico de Tetelihtic, en Teteles de Ávila Castillo, Sierra Norte de Puebla (México).
  • Institución responsable: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Proyecto Arqueológico Teteles de Ávila Castillo, dirigido por Alberto Diez Barroso Repizo.
  • Cuándo: conjunto construido entre 1000 y 600 a. C. (Preclásico Medio); confirmación difundida por el INAH en octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: amplía el mapa de la arqueoastronomía mesoamericana y abre la vía para rastrear contactos mayas, huastecos y totonacos en el golfo de México.

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