Una lanza de madera mató a un neandertal hace 75.000 años en el Kurdistán iraquí

La perforación de 15 milímetros en la escápula de Shanidar A apunta a un arma de madera y no a una punta de sílex. El mismo esqueleto conserva un diente partido que sugiere que el individuo recibió cuidados durante meses.

Un neandertal murió hace 75.000 años atravesado por una lanza de madera en el Kurdistán iraquí. Un equipo de la Universidad de Cambridge ha identificado en su escápula izquierda una perforación de 15 milímetros compatible con un arma afilada de madera, un hallazgo que podría ser la evidencia más antigua conocida de violencia letal entre homininos causada por este tipo de útil. El trabajo se publica en Scientific Reports.

Un agujero de 15 milímetros en una escápula que no debería haber sobrevivido

El individuo tiene nombre de catálogo: Shanidar A. Era un adulto de unos 45 años, una edad respetable para el Pleistoceno superior, y su esqueleto parcial apareció en 2020 en la cueva de Shanidar, en las estribaciones del Kurdistán iraquí. La escápula había sobrevivido bajo 7,5 metros de roca y sedimento, el equivalente a un edificio de dos plantas y media. Un hueso tan fino como una lámina de cartón, intacto después de 75.000 años.

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El hueso presenta un orificio circular de unos 15 milímetros, el diámetro de una moneda pequeña. Ahí está la clave forense. Una punta de sílex habría dejado una abertura angular, de bordes quebrados; la forma redondeada del agujero y los diminutos fragmentos de hueso desplazados apuntan a otro material. Los investigadores reconstruyeron el episodio: el arma entró por delante, atravesó el tórax, dañó el pulmón, y cortó con toda probabilidad los grandes vasos sanguíneos antes de salir por la espalda a través del omóplato.

Cómo se distingue una lanza de madera de una punta de sílex

violencia neandertal

Emma Pomeroy, autora principal del estudio desde el Leverhulme Centre for Human Evolutionary Studies, explicó que la lesión encaja con una muerte potencialmente intencionada. El equipo afina el argumento: la trayectoria descendente, desde arriba, sugiere que la punta buscó el corazón. Pero nadie puede cerrar la puerta al accidente. Los neandertales cazaban animales grandes a corta distancia con lanzas de empuje, y en esa coreografía un golpe mal calculado de un compañero mata igual.

Para descartar interpretaciones, los investigadores compararon la perforación fósil con el daño que producen réplicas de lanzas de madera sobre hueso fresco. La coincidencia fue estrecha. Eso significa que la tecnología capaz de infligir esa herida existía hace 75.000 años, y que la madera, un material que casi nunca llega hasta nosotros, puede dejar su firma en un cuerpo aunque el arma desaparezca para siempre.

La madera rara vez sobrevive en el registro arqueológico. Lo que queda es el hueco que cava a su paso por un cuerpo.

Hay más. Junto a la escápula aparecieron una mano derecha casi completa, fragmentos de costillas y siete dientes. Uno de los incisivos inferiores estaba partido a lo largo: conservaba solo la mitad de su estructura original. Sobre el conducto radicular expuesto se había acumulado una cantidad notable de cálculo dental, esa placa mineralizada que solo crece con el tiempo. Traducción: Shanidar A sobrevivió al menos un año a aquella segunda herida, quizá bastante más.

Un diente partido por la mitad y un sarro que tardó meses en formarse cuentan una supervivencia que ninguna lanza explica.

Una fractura así habría convertido cada comida en un tormento. Alguien tuvo que ayudar. Pomeroy señala que otros miembros del grupo pudieron ofrecer alimentos blandos y cuidados; excavaciones anteriores en Shanidar han documentado el remojo de vegetales antes de cocinarlos, una preparación que ablanda la comida y encaja con un herido incapaz de masticar.

Las lanzas de Schöningen y el problema de la madera que se pudre

La madera no se conserva. Casi nunca. Por eso las lanzas de Schöningen, en la Baja Sajonia alemana, siguen siendo una excepción deslumbrante: aparecieron en los años noventa, miden más de dos metros, rondan los 200.000 años y su reparto de peso indica que estaban diseñadas para ser lanzadas. En Clacton-on-Sea, en Essex, una punta recuperada en 1911 supera los 400.000 años. Son contadísimos restos de un mundo hecho de madera que se pudrió sin dejar rastro.

Shanidar, la cueva que cambió el retrato del neandertal

Shanidar no es un yacimiento cualquiera. Las excavaciones de los años cincuenta ya sacaron a la luz varios esqueletos neandertales, algunos con discapacidades severas que sus portadores sobrevivieron durante años, y ese detalle bastó para dinamitar el retrato del bruto prehistórico. Shanidar A apareció en 2020 dentro de un grupo reducido: cinco individuos, cuatro adultos y un bebé, depositados en momentos distintos y separados por finas capas de sedimento. El cuerpo yacía boca arriba, con la cabeza hacia el este, junto a un bloque de piedra vertical que pudo señalar un lugar reconocido para dejar a los muertos. Shanidar A es el más profundo de todos.

Violencia y compasión en el mismo esqueleto

La tentación es contar esta historia como un relato de barbarie. No lo es. El mismo esqueleto que registra una muerte violenta registra también meses de soporte social: alguien alimentó a una persona con media dentadura rota y una fractura facial. Violencia y cuidado no se contradicen; conviven en cualquier sociedad humana conocida, y no hay razón para suponer que los neandertales fueran la excepción. De hecho, el yacimiento entero apunta en esa dirección desde los años cincuenta.

Conviene, eso sí, medir el alcance de la conclusión. No hay arma. No hay testigos. No puede determinarse si el agresor fue otro neandertal o un Homo sapiens, ni si hubo intención deliberada. La perforación es compatible con una lanza de madera y la comparación experimental respalda esa lectura, pero se trata de un caso único: una instantánea, no una estadística. En arqueología, un hueso con un agujero elegante nunca es una prueba cerrada. He leído el artículo dos veces y sigo pensando que el dato más elocuente no es la perforación, sino el sarro del diente partido.

Lo que sí cambia es el catálogo de evidencias. Hasta ahora, la violencia interpersonal en el Paleolítico se discutía casi siempre a partir de lesiones craneales o de puntas de piedra alojadas en huesos. Un arma de madera que no se conserva y aun así deja firma amplía el repertorio forense. Y coloca a Shanidar, otra vez, en el centro del debate: la cueva que obligó a los antropólogos a repensar la compasión neandertal acaba de poner sobre la mesa su capacidad para matar con tecnología propia.

El equipo de Cambridge sigue estudiando el conjunto. Los detalles técnicos —la trayectoria, los fragmentos óseos, la reconstrucción experimental— están en el artículo publicado en Scientific Reports, y los materiales se conservan en el Leverhulme Centre for Human Evolutionary Studies. Todo eso está a disposición de quien quiera comprobar que, 75.000 años después, seguimos discutiendo por un agujero de quince milímetros.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: una perforación de 15 milímetros en la escápula izquierda de un neandertal adulto, compatible con el impacto de una lanza de madera afilada, junto a un diente partido que evidencia supervivencia y cuidado posteriores.
  • Dónde: cueva de Shanidar, en las estribaciones del Kurdistán iraquí.
  • Institución responsable: Universidad de Cambridge, con equipo internacional liderado por Emma Pomeroy, publicado en Scientific Reports.
  • Cuándo: el individuo murió hace unos 75.000 años, fue exhumado en 2020 y el estudio se ha publicado en octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: amplía el registro forense de la violencia entre homininos y refuerza la imagen de sociedades neandertales capaces de cuidar y de matar con tecnología propia.

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