La política exterior de Estados Unidos vuelve a girar en torno a un hombre al que nadie votó: Volodimir Zelensky. En su análisis de este viernes, Negocios TV dedicó el programa a descifrar el giro de Donald Trump contra el presidente ucraniano, y de la conversación salió una tesis incómoda. Trump necesita un culpable antes de las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre, y ese culpable, sostienen los expertos consultados, va a acabar siendo Kiev.
Un chivo expiatorio antes de las urnas
El analista estratégico Cristóbal de la Torre lo dijo sin rodeos: el presidente norteamericano está buscando un chivo expiatorio al que trasladar sus problemas internos de inflación. Y el candidato natural es Zelensky, señalado por no plegarse a los intereses estratégicos de Washington. De la Torre recuerda que Trump ya se ha sentado con Putin y ha firmado un acuerdo en materia de diésel cuya repercusión real sobre los precios, avisa, será mínima.
El experto en geopolítica Fernando Moragón coincidió en el fondo y añadió la capa táctica. A su juicio, la verborrea del presidente no es un arrebato, sino una maniobra de comunicación dirigida al electorado norteamericano. Lo que busca es desviar la mirada de su propio desastre en Oriente Medio, que es lo que de verdad ha tensionado el precio de la gasolina y del diésel dentro de Estados Unidos.
El diésel como coartada
Moragón fue especialmente duro con la explicación oficial. Atribuir la escalada de los destilados intermedios a los bombardeos ucranianos sobre refinerías rusas, argumenta, no resiste el menor análisis. Esos ataques contribuyen, concede, pero no son lo que está dinamitando la economía energética mundial. El origen está, insiste, en una operación militar que Washington no sabe cómo cerrar y que él describe como una derrota.
En ese marco, Trump ha subido el tono y ha llegado a pedir elecciones en Ucrania, cuestionando de paso la legitimidad de su presidente. Para los dos invitados, el mensaje es simple y se repite con distintas palabras: todos queremos la paz, salvo quien no hace lo que se le ordena. La presión, sin embargo, no es nueva ni ha funcionado nunca.
Trump está buscando un chivo expiatorio, y al final Zelensky va a ser sacrificado para poder cerrar el acuerdo que realmente le interesa con Moscú.
— Cristóbal de la Torre, analista estratégico, en Negocios TV
La palanca real: la inteligencia y los satélites
El episodio más revelador, según ambos analistas, es el apagón informativo. Washington cortó a Kiev el acceso a la inteligencia satelital, a las comunicaciones y a los sistemas de navegación. Sin ese flujo, resume Moragón, las fuerzas ucranianas quedan ciegas y sordas y no aguantarían una semana de combate. El corte duró apenas un día y medio y después se restableció.
¿Por qué volver atrás? Porque Estados Unidos necesita que la guerra continúe. Mientras Ucrania pueda desangrar a Putin, Washington conserva una herramienta de negociación. Si retira ese apoyo del todo, el conflicto se acaba y con él la capacidad de presionar a Moscú. Es la paradoja que ambos describen: Kiev es a la vez el problema y la palanca.
Lo que Trump persigue en realidad
Detrás de la retórica hay intereses muy concretos. De la Torre apunta a que la producción estadounidense de hidrocarburos ha tocado techo y entrará en descenso en los próximos años. Cuando eso ocurra, Washington necesitará gas y petróleo, y el único proveedor capaz de cubrir ese hueco es Rusia. Ese es el acuerdo con Moscú que el presidente persigue.
Hay un segundo vector: los minerales críticos. En la carrera por asegurarse el suministro, China parte con una ventaja difícil de discutir por reservas y capacidad de refinado. Pero entre los pocos países con yacimientos relevantes de tierras raras está Rusia. Para sentarse a negociar todo esto, Trump necesita quitarse de en medio la guerra de Ucrania.
Esferas de influencia y aliados prescindibles
De la Torre y Moragón dibujan el mismo escenario de fondo: un retorno a un orden internacional organizado por esferas de influencia, donde las potencias deciden y el resto se adapta. Ucrania y Europa, vienen a decir, son piezas prescindibles cuando dejan de encajar en el cálculo. Estados Unidos, recuerdan, ha abandonado antes a socios en cuanto han dejado de ser útiles.
El calendario tampoco ayuda a Kiev. Los propios analistas anticipan un invierno durísimo, y avisan de que sera peor que el del año pasado: sin agua, sin comida y sin calefacción en muchos puntos del país. Sitúan un posible colapso ucraniano en 2027, de ahí las prisas por presionar ahora. Y lanzan un aviso final: si Putin deja de estar empantanado, llegará a cualquier mesa de negociación con mucha más fuerza.
Qué significa esta jugada para el lector
Conviene no perder de vista lo esencial. Lo que Negocios TV describe no es un cambio de aliado, sino un cambio de prioridad. El apoyo militar a Ucrania deja de entenderse como un compromiso y pasa a ser una variable de ajuste en la relación entre Washington y Moscú. Para Europa, eso implica que buena parte de su seguridad se decide cada vez más lejos y con criterios que no son europeos.
Para el lector, la pregunta práctica es otra. Si Trump pierde el control del Congreso tras las elecciones de medio mandato, ¿seguirá teniendo margen para forzar ese entendimiento con Putin? Los invitados apuntan a que las encuestas no le son favorables y que el sistema electoral estadounidense admite todo tipo de ingeniería de distritos. La presión sobre Zelensky, en todo caso, ya está desplegada.
Queda la imagen de un presidente ucraniano sosteniendo el tipo mientras su principal proveedor de armas e inteligencia le pone fecha a la rendición. Zelensky puede desafiar a Trump, pero no puede sustituir lo que Estados Unidos le entrega cada semana. Esa asimetría, más que cualquier discurso, es la que decidirá cómo termina esta guerra.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.




