Ethereum y su capa 2 ya mueven el 77% del volumen global de stablecoins

Base mueve 8,5 billones de dólares en transferencias de stablecoins y supera a la red principal de Ethereum, que registró 7,1 billones en la ventana de 90 días analizada. El dato mide volumen liquidado, no pagos minoristas ni dinero nuevo que entre al ecosistema.

Ethereum y sus redes de capa 2 concentran el 77% del volumen mundial de transferencias de stablecoins, según el informe recogido por CriptoNoticias y Cryptonews.net. La cifra consolida a la red como la infraestructura dominante del dólar digital, aunque el reparto interno del tráfico ya no es el que era hace dos años.

Conviene empezar por lo básico: una stablecoin, o moneda estable, es un criptoactivo diseñado para mantener un valor fijo, casi siempre anclado al dólar, que circula por una red blockchain igual que un cheque de viajero cambia de país sin perder valor. Que el 77% de esas transferencias ocurra en Ethereum y sus capas 2 no es un detalle menor: la red que nació para experimentar con contratos inteligentes se ha convertido en la tubería del dinero digital.

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Qué dicen los datos: 16,75 billones de un total de 21,55

Durante una ventana de 90 días, el conjunto de redes registró 21,55 billones de dólares en transferencias de stablecoins. De ese total, 16,75 billones correspondieron a Ethereum y sus capas 2, el 77% del mercado. El 23% restante se repartió entre el resto de redes, una porción sustancial que confirma el peso del ecosistema sin llegar a hablar de monopolio. El detalle por cadenas puede seguirse en el panel público de L2Beat.

Hay un matiz de escala que conviene aclarar: 16,75 billones de dólares son 16.750.000 millones, en la acepción española del término, el equivalente a diez veces el PIB anual de España. No es dinero nuevo que entra al sistema, sino dinero que se mueve.

El volumen de transferencias no equivale a pagos de consumo. El propio informe, citando a Ethereum Institutional, aclara que esas cifras reflejan sobre todo grandes operaciones institucionales y flujos de DeFi, es decir, las finanzas descentralizadas que funcionan sin intermediarios: préstamos flash (que se devuelven en la misma transacción), provisión de liquidez y arbitraje entre protocolos. Una misma suma puede circular varias veces y contabilizarse cada vez, así que el total mide liquidación, no adopción minorista.

Base adelanta a la red principal: 8,5 billones frente a 7,1

El detalle más llamativo no es el 77%, sino cómo se reparte dentro de casa. Base, la capa 2 impulsada por Coinbase, movió 8,5 billones de dólares en transferencias de stablecoins, por encima de los 7,1 billones de la red principal. La diferencia a favor de Base fue de 1,4 billones en el periodo analizado, mientras que Optimism y los demás rollups se quedaron en volúmenes menores.

El 77% del volumen no lo sostiene una red, sino un ecosistema: la actividad migró a las capas 2 y el relato del mercado no se ha actualizado.

La lectura del informe es de tendencia, no de accidente. No hubo un lanzamiento ni un anuncio de un emisor que explique el salto: durante esos 90 días los usuarios siguieron migrando hacia redes de coste más bajo y Base capturó buena parte de ese trasvase. Para un desarrollador, la consecuencia es práctica: una aplicación desplegada solo en la red principal puede estar ignorando dónde ocurre cada vez más actividad. Y el grueso de las transferencias se concentran ya en las capas 2.

Qué significa esto para quien tiene ether

Merece la pena recordar el precedente. Cuando Dencun se activó en marzo de 2024, Ethereum estrenó los blobs, un espacio de datos barato reservado a las capas 2 que hizo desplomarse las comisiones de rollups como Base, Arbitrum u Optimism. El objetivo era exactamente ese: que el tráfico se fuera a las vías de servicio y que la autopista central quedara para lo que necesita la máxima seguridad. Dos años y medio después, el resultado está a la vista, con un matiz incómodo para el inversor de ETH: si el volumen vive en las capas 2, parte del valor económico también.

La contradicción es real y no conviene maquillarla. Las transferencias ejecutadas en una capa 2 generan actividad en esa capa, no en la red principal, y el informe lo subraya: más volumen allí no implica que la mainnet reciba una porción equivalente de actividad económica. Ethereum cobra por el espacio de datos que esas redes publican en su bloque, pero esas comisiones son una fracción de lo que se movía antes de Dencun. Cuanta más gente usa las capas 2, menos ether se destruye por la quema de EIP-1559, el mecanismo que retira de circulación parte de las comisiones pagadas. Es el peaje del éxito.

Hay más riesgos sobre la mesa. El primero es la concentración: un puñado de rollups canaliza la mayor parte de ese tráfico y cualquier problema operativo, regulatorio o de gobernanza en uno de ellos se nota en el conjunto. El segundo es la competencia: ese 23% ajeno a Ethereum incluye redes que llevan años peleando por el negocio de pagos y remesas. El tercero es cuánto de ese volumen responde a uso real y cuánto a ingeniería financiera que infla el contador mientras la actividad que antes se ejecutaba en en la red principal se reparte por media docena de cadenas.

Con todo, la posición de partida es difícilmente discutible. Ethereum no gana este mercado por ser la red más rápida ni la más barata, sino porque su ecosistema de capas 2 ofrece los dos extremos a la vez: coste bajo y asentamiento seguro. Queda por ver si ese liderazgo se traduce en valor para el token o se queda en la puerta. El debate que el mercado arrastra desde The Merge, la transición de septiembre de 2022 de la minería a la prueba de participación, no es quién mueve más stablecoins, sino quién cobra por moverlas.


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