España libera 4,4 millones de barriles de reservas de petróleo: el mayor desembolso en 50 años

España ya liberó 3,7 millones de barriles en marzo y con esta segunda tanda cubre buena parte del compromiso de 11,5 millones adquirido ante la AIE. Repsol y Moeve, principales contribuyentes del sistema, ejecutan una operación equivalente a algo más de cuatro días de consumo.

Las reservas de petróleo de España movilizan 4,4 millones de barriles, el mayor desembolso del almacén de emergencia en medio siglo. La decisión, adoptada este jueves, busca contener la escalada de precios del carburante que ha desatado la guerra del Golfo Pérsico. Repsol y Moeve asumen la mayor parte de la operación.

El Ejecutivo ha ordenado la salida de crudo, gasóleo y gasolina del sistema que gestiona la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores). Son algo más de cuatro días de consumo nacional colocados de golpe en el mercado. Nunca antes se había tirado del depósito con esa intensidad en una sola tacada.

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Los barriles saldrán durante este mismo mes de octubre. No es una decisión aislada. Responde al compromiso que España adquirió en marzo ante la Agencia Internacional de la Energía para amortiguar el golpe de la crisis de Oriente Próximo sobre el precio del petróleo.

Detrás del anuncio hay una maquinaria poco conocida. Cores es una entidad semipública que sostienen cerca de 400 empresas obligadas a financiar de forma permanente un colchón de existencias. Las grandes energéticas son las que más aportan, y lo hacen en función de sus ventas.

El reparto de esa carga explica quién ejecuta ahora la operación. Repsol y Moeve son los grandes contribuyentes en petróleo, precisamente el producto que se libera. En el capítulo del gas, la compañía con más peso en las reservas es Naturgy.

El almacén no lo paga el Estado: lo sostienen las petroleras que venden en España, y aporta más quien más vende.

No es la primera vez que se recurre a este mecanismo. En marzo ya salió una primera tanda de 3,7 millones de barriles. Entonces España se comprometió a movilizar hasta 11,5 millones, el equivalente a 12,3 días de consumo total del país.

Liberar reservas es fácil de anunciar y difícil de cobrar: después de cada tanda, el mercado ha seguido subiendo.

La aportación española representaba el 2,9% del volumen total del plan coordinado por la AIE. Con las dos entregas, buena parte de ese compromiso queda ya ejecutada. Los precios, eso sí, no han cedido.

Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico sostienen que el movimiento responde a un acuerdo más amplio: ‘considerando la situación en los mercados internacionales, los países de la AIE han decidido acelerar la liberación del resto de reservas’.

De la gasolina al queroseno de aviación

El volumen tiene una composición muy concreta. De los algo más de once millones de barriles comprometidos por España, 2,2 millones son gasolina y nueve millones son destilados medios: gasóleos de automoción, otros gasóleos, y los querosenos que consume la aviación. Los fuelóleos aportan apenas 297.000 barriles.

La iniciativa internacional empuja en la misma dirección. La Agencia Internacional de la Energía acordó poner a disposición del mercado 400 millones de barriles durante 90 días para contrarrestar el impacto de la guerra en Irán, y lo hace con existencias que ya están en manos de la industria, las distribuidoras y los operadores petrolíferos. En paralelo, el G7 ha anunciado la liberación de otros 100 millones de barriles de petróleo y diésel.

Los barriles no salen de un depósito estatal: están en manos de las compañías, las distribuidoras y los operadores, que los colocan en el circuito comercial. Esa arquitectura explica el papel central de las grandes energéticas en cada operación.

El calendario también aprieta. Los países de la AIE han decidido acelerar la entrega del resto de sus existencias antes de lo previsto. España no es una excepción: su compromiso se estrecha a medida que el crudo sigue subiendo.

El gasóleo no reacciona

precio gasoil

El objetivo declarado es el precio del carburante. La operación actúa sobre el mercado mayorista y debería trasladarse después al surtidor. De momento, no. El crudo mantiene la tendencia al alza que arrastra desde el arranque del conflicto, y la tanda de marzo no frenó la escalada.

Para el consumidor, el carburante que más pesa es el gasóleo. Marca el coste del transporte de mercancías y, por extensión, buena parte de la cesta de la compra. Es también el producto con mayor presencia en esta liberación: nueve de los algo más de once millones de barriles comprometidos son destilados medios. El diseño del reparto apunta a ese peso del diésel en la economía española.

El margen, en cualquier caso, es limitado. Cuatro días de consumo no alteran la ecuación de un mercado global que se mueve por el riesgo geopolítico, no por el inventario español. La cuenta no cierra por mucho que se abran los grifos.

El escudo de 1974 frente a una crisis de precios

El sistema de reservas estratégicas se remonta a 1974. Antes de esta crisis solo se había activado en cuatro ocasiones: la Guerra del Golfo de 1991, los huracanes Katrina y Rita en 2005, la Primavera Árabe y el conflicto libio de 2011, y la guerra de Ucrania en 2022. Ninguna tuvo la envergadura de la actual.

La diferencia de fondo es el motivo. Las cuatro activaciones anteriores respondieron a riesgos de suministro físico: un corte real de crudo, un huracán que paralizó refinerías, una guerra que cerró un grifo. Esta vez el detonante es el precio. El colchón pensado para que el país no se quede seco se convierte en herramienta de intervención sobre el mercado.

Ese cambio de función tiene consecuencias. La primera es la reposición: cada barril que sale hoy tendrá que volver al almacén con el crudo que marque el mercado en ese momento. Si el conflicto se prolonga y el Brent mantiene el rumbo actual, reconstruir el escudo se hará con materia prima más cara. Nadie ha detallado todavía el calendario ni el coste de esa vuelta.

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La segunda contradicción es de mensaje. El Gobierno presenta la medida como una palanca para contener los precios, mientras el mercado puede leerla como una confirmación de la gravedad del problema. Cuando varios países vacían a la vez parte de sus existencias de emergencia, el operador interpreta que la escasez es real. La evolución de las cotizaciones después de marzo apunta en esa dirección.

Queda, además, el techo del compromiso. España anunció hasta 11,5 millones de barriles y con estas dos tandas ha cubierto buena parte del recorrido. Lo que resta es poco y la AIE ya ha pedido acelerar.

La próxima prueba será el precio. Si el crudo no cede después de esta segunda entrega, el Ejecutivo tendrá que decidir entre agotar el compromiso internacional o guardar barriles para lo que venga. Esa decisión no depende del Ministerio. Depende de cuánto dure la guerra del Golfo.


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