El telescopio espacial James Webb ha fotografiado directamente un exoplaneta superjúpiter frío a solo 12 años luz de la Tierra, uno de los mundos más gélidos jamás retratados fuera del Sistema Solar. El hallazgo, descrito en el estudio publicado en Nature, convierte a este gigante en el laboratorio más parecido a Júpiter que tenemos a mano.
Un retrato directo a 12 años luz
Bautizado como Epsilon Indi Ab, el planeta orbita la estrella Epsilon Indi A, una enana algo más fría que el Sol y de edad parecida. Los astrónomos calculan que su masa multiplica por varias veces la de Júpiter, lo que lo clasifica como un superjúpiter. Su temperatura ronda los 2 °C, apenas un centenar de grados por encima de los gigantes gaseosos de nuestro propio vecindario cósmico.
Está a 12 años luz, una distancia que en astronomía equivale a la puerta de al lado. La sonda más veloz jamás lanzada tardaría más de 200.000 años en recorrerla. Aun así, en la escala del cosmos es nuestro vecino: se trata del planeta más cercano descubierto que supera en masa a Júpiter.
Lo excepcional no es solo el mundo, sino haberlo visto. Hasta la fecha únicamente unas pocas decenas de exoplanetas han sido captados mediante imagen directa, y los candidatos más fáciles suelen ser jóvenes, calientes, y radiantes, mundos que brillan con luz propia y destacan sobre el fondo estelar. Epsilon Indi Ab es justo lo contrario: viejo, frío y casi apagado.
La estrella anfitriona ayuda. Epsilon Indi A tiene una edad similar a la del Sol, aunque algo más fría, y el equipo la eligió precisamente por eso: su sistema recuerda lo suficiente al nuestro como para estudiarlo como un análogo cercano. Comprender cómo se formó y evolucionó puede decirnos algo sobre el lugar que habitamos.
Cómo se fotografía un mundo que casi no brilla

El truco está en apagar la luz que estorba. El equipo empleó el coronógrafo del instrumento MIRI de Webb, el mismo tipo de dispositivo que la sonda SOHO de la NASA usa para tapar el disco solar y observar lo que lo rodea. Aquí, el coronógrafo bloquea el resplandor de Epsilon Indi A para que el planeta, mucho más tenue, asome a su lado. Es como poner la mano frente al sol para distinguir mejor lo que hay delante de uno.
La observación exige, además, trabajar en el infrarrojo medio, la franja donde emiten los cuerpos fríos. Ese rango es casi imposible de captar desde el suelo, pero encaja a la perfección con el gran espejo de Webb y su resolución espacial. Sin esas dos bazas —longitud de onda adecuada y espejo grande—, separar el planeta de su estrella sería prácticamente inviable.
Fotografiar un exoplaneta frío es como retratar una luciérnaga que revolotea junto a un faro encendido.
Lo que no encaja en los modelos
La historia tiene una arruga que interesa a los astrónomos más que la propia foto. Antes de apuntar con Webb, el equipo ya sabía que en aquel sistema debía de haber un planeta: la estrella se bamboleaba ligeramente, la señal clásica que delata el método de velocidad radial. El objeto que apareció en la imagen, sin embargo, no era el que habían pronosticado. Resultó ser unas dos veces más masivo, algo más alejado de su estrella y con una órbita distinta a la esperada.
Ese desajuste sigue siendo una pregunta abierta. También lo es su atmósfera. Las pocas medidas fotométricas disponibles apuntan a un mundo más apagado de lo previsto en las longitudes de onda cortas, lo que podría indicar la presencia de metano, monóxido de carbono y dióxido de carbono absorbiendo esa luz. El planeta podría estar, además, cubierto por una espesa capa de nubes.
El equipo se muestra cauto, y conviene serlo con ellos. Hablamos de unos pocos datos fotométricos, insuficientes para cerrar conclusiones firmes sobre la composición atmosférica. Ahí es donde un hallazgo así demuestra su valor real: no por lo que responde, sino por las preguntas que deja servidas.
Los mundos fríos son, paradójicamente, los más valiosos. Un Júpiter templado como este se parece mucho más a los planetas gigantes de nuestro Sistema Solar que los ardientes cuerpos recién nacidos que solemos fotografiar. Estudiarlo es acercarse al tipo de mundo que, por masa y temperatura, más se parece a casa.
Y el sistema no deja de sorprender. Los astrónomos llevaban décadas imaginando planetas ahí: la ficción los colocó en episodios de Star Trek, en novelas y en videojuegos como Halo antes de que existiera una sola imagen real. Ver uno por fin, y empezar a medir sus propiedades, cierra un círculo que arrancó en la literatura.
Lo que viene es más observación: nuevas medidas fotométricas y espectroscópicas de Epsilon Indi Ab, y la búsqueda de mundos parecidos en otros sistemas. Cada superjúpiter frío que se retrata añade una pieza a un mapa que, por ahora, está casi en blanco.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La imagen directa de Epsilon Indi Ab, un exoplaneta superjúpiter frío varias veces más masivo que Júpiter.
- Dónde: Orbita la estrella Epsilon Indi A, a 12 años luz de la Tierra.
- Institución responsable: Equipo internacional liderado por Elisabeth Matthews, del Instituto Max Planck de Astronomía, con resultados publicados en la revista Nature.
- Cuándo: Observaciones del programa 2243 del primer ciclo de Webb, recogidas en la revista Nature.
- Impacto a futuro: Abre el estudio de atmósferas en mundos fríos y ofrece un análogo cercano a nuestro Sistema Solar.




