Starknet vota su salida de Ethereum: el riesgo cuántico pone en jaque a las L2

La propuesta, impulsada por StarkWare, busca protección frente a la computación cuántica sin depender de los plazos de Ethereum. La votación cierra el 22 de octubre y el resultado no autoriza ninguna migración.

La capa 2 Starknet ha abierto una votación que puede redefinir su relación con Ethereum. Durante siete días, los tenedores de su token STRK decidirán si la red explora su salida del ecosistema de Ethereum para convertirse en una cadena de capa 1 independiente, con el riesgo cuántico como argumento de fondo. La consulta se cierra el 22 de octubre y, por sí sola, no activa ningún cambio.

Qué se vota en Starknet y qué no

No es una votación vinculante. Se trata de una encuesta de siete días con tres respuestas posibles: respaldar que se siga investigando la independencia, oponerse o mantenerse neutral. Un resultado favorable significaría que la comunidad apoya que StarkWare, la empresa desarrolladora detrás de la red, continúe explorando esa vía, pero no autorizaría ninguna transición. El texto de la propuesta está publicado en la web oficial de Starknet.

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Convertirse en capa 1 exigiría nuevas propuestas y votaciones de gobernanza, y nadie ha anunciado un calendario. Conviene recordar qué es una capa 2: una red que procesa transacciones por su cuenta y después envía un resumen a Ethereum, lo que abarata las comisiones y le permite heredar buena parte de su seguridad.

Ese punto es justo el que ahora se cuestiona. Starknet depende de Ethereum para su puente —la infraestructura que permite mover activos entre redes— y para la disponibilidad de datos, el sistema que garantiza que la información publicada sea accesible. StarkWare señala esas dos piezas como las que seguirían siendo vulnerables ante un ataque cuántico aunque el resto se blindara.

Por qué el riesgo cuántico divide a las capas 2

El argumento de StarkWare es de calendario. La compañía sostiene que puede desarrollar defensas post-cuánticas a su propio ritmo, sin esperar a los plazos de actualización de Ethereum. Su consejero delegado, Eli Ben-Sasson, ha defendido públicamente que blindar las criptomonedas frente a la computación cuántica es urgente y que el sector debe moverse a máxima velocidad, frente a lo que considera un ritmo más lento en Ethereum y Bitcoin.

Un matiz que suele quedarse fuera del titular es qué significa de verdad ser resistente a la cuántica. La mayoría de las cadenas actuales firma sus transacciones con criptografía de clave pública, el sistema que protege también las firmas digitales bancarias, y un ordenador cuántico suficientemente potente podría romperlo. La criptografía post-cuántica se apoya, en cambio, en problemas matemáticos que se resisten a ese tipo de ataque.

La pregunta no es si Ethereum resistirá a la computación cuántica, sino si sus capas 2 están dispuestas a esperar el turno.

Starknet no es un caso aislado, aunque sí es el primero que pone sobre la mesa una salida completa. En junio de este año, StarkWare presentó una hoja de ruta de tres fases para blindar su red: actualización de firmas, migración de los contratos inteligentes y, por último, las infraestructuras que dependen de Ethereum. El horizonte que maneja la compañía apunta a 2027 para tener esa primera red plenamente resistente a la computación cuántica.

Al otro lado está Ethereum, que no se ha quedado quieta. En marzo, los desarrolladores del protocolo crearon un equipo dedicado a la criptografía post-cuántica con el objetivo de introducir las primeras protecciones a nivel de protocolo en 2029. El conjunto de esos trabajos se organiza en la hoja de ruta pública del proyecto. Dos velocidades, un mismo problema.

El dilema de fondo: soberanía o seguridad compartida

El movimiento toca una fibra sensible del ecosistema. Desde 2022, cuando Ethereum completó The Merge —el cambio que trasladó la validación de la minería al staking, es decir, a bloquear ETH como garantía para asegurar la red—, y sobre todo desde Dencun, en marzo de 2024, las capas 2 se han convertido en la principal vía de crecimiento del ecosistema.

La lógica era sencilla: Ethereum pone la seguridad, las capas 2 ponen la velocidad. Pero esa división del trabajo también ha creado dependencia. Buena parte de los rollups concentra su actividad en unos pocos secuenciadores, los ordenadores que ordenan las transacciones antes de enviarlas a la red principal. Que uno de los proyectos más grandes del sector pregunte en voz alta si merece la pena seguir atado a Ethereum es, como mínimo, un aviso.

Conviene ser prudente con el alcance real de la noticia. Una encuesta no vinculante no rompe nada, y el historial reciente está lleno de propuestas que se anuncian con gran despliegue y después se diluyen en los foros de gobernanza. Tampoco es descartable lo contrario: que el debate empuje a Ethereum a acelerar unos planes post-cuánticos que ya están sobre la mesa desde marzo.

Para el tenedor de ETH, el impacto más tangible es de expectativas. Si una parte del valor de las capas 2 empieza a desligarse de Ethereum, la tesis de que todo el ecosistema se retroalimenta pierde fuelle. Para quien tiene STRK, la promesa de una red independiente con reglas propias puede leerse como una oportunidad, con el riesgo evidente de renunciar al paraguas de seguridad de la red principal.

La votación se cierra el 22 de octubre y los resultados se publicarán después. Lo que salga de las urnas no cambiará el calendario de nadie de un día para otro, pero sí dará una pista sobre cuánta paciencia le queda al ecosistema para abordar la amenaza cuántica en común. La próxima cita no es una fecha técnica: es la respuesta de la comunidad.


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