Un dinosaurio emplumado de 57 centímetros hallado en China obliga a replantear cómo evolucionó el vuelo. Se llama Norellraptor barsboldi y su esqueleto casi completo, descrito este mes en Nature Communications, sugiere que distintos linajes de dinosaurios aprendieron a moverse por el aire por caminos separados.
El fósil procede de los depósitos del Cretácico Inferior de la Formación Jiufotang, en la provincia de Liaoning, noreste de China. La unidad forma parte del Grupo Jehol, uno de los archivos paleontológicos más espectaculares que existen: de allí han salido dinosaurios, pterosaurios y aves primitivas con plumas y tejidos blandos conservados.
El ejemplar, catalogado como 130108-MHGU-F4281, mide unos 57 centímetros y conserva impresiones de algunas de sus plumas. Para hacerse una idea de la escala, el animal entero cabría sobre el antebrazo de una persona adulta. Era pequeño, ligero, y llevaba plumas largas en las extremidades.
La especie pertenece a los microraptorinos, un grupo de terópodos pequeños y emplumados dentro de los dromeosáuridos, la misma familia que Velociraptor y Deinonychus. No era un ave. Era un dinosaurio no aviano, y ahí está el interés.
Dos caminos distintos hacia el mismo invento
La pregunta que sostiene el estudio no es menor: ¿heredaron las aves y los microraptorinos su equipo de vuelo de un antepasado común, o lo construyeron por separado? El equipo comparó los rasgos asociados a la locomoción aérea en ambos grupos y encontró que cerca del 30% de las innovaciones evolutivas detectadas en los microraptorinos aparecieron también, de forma independiente, en el linaje de las aves.
El dato sería menos relevante si el orden coincidiera. No coincide. Las adaptaciones no surgieron en la misma secuencia, lo que apunta a dos programas evolutivos distintos convergiendo hacia una solución parecida. La convergencia evolutiva no es una rareza. Aquí afecta a algo tan complejo como un aparato de vuelo entero.
El trabajo lo firma un equipo internacional encabezado por Wang, X. y Ji, Y., con la participación del paleontólogo italiano Andrea Cau, del OPHIS Museo Paleontologico e Centro Erpetologico de Teramo. El artículo se titula Independent assembly of the flight apparatus in a non-avian dinosaur clade y puede consultarse en la página del estudio en Nature Communications.
Dos linajes separados por millones de años de evolución resolvieron el mismo problema técnico con piezas distintas y en un orden distinto.
El nombre de la especie rinde homenaje a dos figuras decisivas de la paleontología de terópodos. El género recuerda a Mark Norell (1957-2025), referencia mundial en el estudio del origen de las aves. La especie honra a Rinchen Barsbold (1935-2025), cuyo trabajo sobre los dromeosáuridos mongoles cambió la forma de leer su anatomía.
Huesos que cuentan la edad del animal

Más allá de la anatomía externa, los investigadores cortaron los huesos para leer su interior. El análisis histológico, es decir, el estudio de los tejidos óseos fosilizados, indica que el individuo tenía al menos tres años cuando murió. No era un ejemplar juvenil, lo que refuerza el valor de los rasgos observados.
El equipo detectó además indicios de patrones de desarrollo de las extremidades poco habituales entre los microraptorinos. El detalle importa. Si el crecimiento del ala sigue un programa propio, la construcción misma del animal es distinta. La anatomía adulta cuenta solo la mitad de la historia; la otra mitad está en cómo se llega hasta ella.
El Grupo Jehol es una ventana excepcional: allí se han recuperado embriones de dinosaurio, plumajes completos e incluso el color de algunas plumas. Más contexto sobre la familia del animal, en la entrada sobre los dromeosáuridos.
Por qué este fósil no cierra el debate, pero lo mueve
La idea de que las aves heredaron un aparato de vuelo ya montado de sus antepasados lleva décadas discutiéndose. Algunos microraptorinos tenían plumas largas en las patas delanteras y traseras, una configuración que sugiere planeo o alguna forma de locomoción aérea. La pregunta era siempre la misma: ¿ese paquete anatómico viene de un ancestro compartido con las aves o se inventó más de una vez?
El análisis de Norellraptor barsboldi se inclina por lo segundo, y lo hace con un argumento concreto: si dos linajes heredaran el mismo programa, las piezas aparecerían en el mismo orden. No aparecen. Eso no demuestra que no existiera un antepasado común, pero sí complica la explicación más simple.
Hay que poner límites a la conclusión. Se trata de un solo ejemplar y de una comparación anatómica, no de una prueba biomecánica de vuelo. El porcentaje del 30% describe coincidencias en rasgos derivados, y la reconstrucción de secuencias depende de cómo se codifican esos rasgos. La evidencia es sólida y está revisada por pares, pero no es definitiva.
Lo que sí hace es reforzar una intuición que gana terreno en paleontología: el vuelo no fue un invento único. Varios linajes de dinosaurios emplumados probaron soluciones aéreas, y solo uno de ellos llegó a ser lo que hoy llamamos aves. Los próximos fósiles del Jehol y los estudios de crecimiento óseo decidirán si esta escena se sostiene.
Mientras tanto, el pequeño terópodo de 57 centímetros ya ha hecho su trabajo: colocar una pieza nueva en un rompecabezas que llevamos más de un siglo intentando armar.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Norellraptor barsboldi, un terópodo emplumado de unos 57 centímetros, y evidencia de que el aparato de vuelo se ensambló de forma independiente en microraptorinos y en el linaje de las aves.
- Dónde: Formación Jiufotang, provincia de Liaoning, noreste de China.
- Institución responsable: equipo internacional liderado por Wang, X. y Ji, Y., con Andrea Cau (OPHIS Museo Paleontologico e Centro Erpetologico, Teramo); publicado en Nature Communications.
- Cuándo: estudio publicado en 2026 en el volumen 17 de Nature Communications (artículo 10074); el ejemplar procede del Cretácico Inferior.
- Impacto a futuro: refuerza la hipótesis de que el vuelo se inventó más de una vez en el árbol de los dinosaurios.




