Greenpeace acusa a Ikea de deforestación en bosques europeos protegidos y señala al sello FSC como su coartada. Cada dos segundos cae un árbol para alimentar la cadena de suministro de la multinacional sueca, según la organización.
El informe que sitúa a Ikea en el centro de la deforestación europea
El informe ‘The Missing Manual: What Ikea Must Do to Protect Europe’s Forests’, publicado por Greenpeace Nordic, sostiene que la compañía sueca —uno de los mayores consumidores de madera del mundo— impulsa la destrucción de los bosques más valiosos del continente mientras se escuda en sistemas de certificación que no cumplen lo prometido. El documento apunta a una brecha enorme entre el discurso público de Ikea y su realidad operativa sobre el terreno.
Greenpeace va a los datos. Según el informe, la empresa ni siquiera mide la huella ambiental real de su cadena de suministro, lo que hace imposible verificar el impacto de su volumen de compra. Ikea promete usar su escala para convertir la madera sostenible en la norma global; sus proveedores no siempre cumplen esa promesa.
La responsable de Greenpeace en Suecia, Frida Bengtsson, sostiene que esa ambición debe empezar por un compromiso claro: nada de madera procedente de bosques que necesitan protección. La organización recuerda que la empresa tiene poder para cambiar toda una industria y que el cambio debería empezar por la madera de sus propios muebles.
La investigación de campo de Greenpeace Rumanía, en los Cárpatos, documentó la tala rasa de una zona forestal de alto valor ecológico y gran biodiversidad destinada a producir artículos tan populares como la cama SNIGLAR o el taburete BEKVÄM. El bosque de Rusca Montanã estaba previsto para protección estricta a principios de 2025 y acabó talado en 2026, despojado de su futuro estatus de conservación antes de que la protección legal pudiera aplicarse.
Una certificación que avala la tala de un bosque protegido no protege nada: solo traslada la destrucción al sello que debería impedirla.
Valentin Salageanu, portavoz de Greenpeace Rumanía, describe lo que encontraron sobre el terreno: tocones recientes donde hace pocos meses había bosques biodiversos y valiosos. La organización lo califica como una tragedia ecológica que no responde a una gestión forestal responsable.
Ningún sello sostiene un bosque que ya no está en pie: cuando la tala llega primero, la certificación solo firma el acta.
Ikea no ha discutido los hechos centrales. En su respuesta al borrador del informe, la compañía se limitó a subrayar su cumplimiento de la legislación local y de los estándares del FSC, y rechazó en gran medida las conclusiones y las recomendaciones, entre ellas la moratoria inmediata de tala en las zonas propuestas para protección. La empresa no negó la tala rasa del bosque considerado para una posible protección futura ni el vínculo de esa madera con su cadena de suministro.
La letra pequeña del FSC: certificar madera sin frenar la destrucción
Aquí está la letra pequeña. El FSC, el sello de madera sostenible más reconocido del mercado, certifica que una madera procede de una gestión responsable, pero Greenpeace sostiene que no garantiza que los bosques de alto valor de biodiversidad queden fuera de la tala. Es la paradoja central del caso: el certificado que debería proteger el bosque termina por legitimar su destrucción.
La organización pide a Ikea tres compromisos concretos:
- Dejar de inmediato de comprar madera procedente de bosques con alta biodiversidad que reúnen condiciones para ser protegidos.
- Fijar objetivos vinculantes de biodiversidad a nivel de consejo de administración en toda su cadena de suministro global.
- Seguir y garantizar la salud y la resiliencia de los ecosistemas forestales, y respaldar marcos políticos para proteger al menos el 30% del territorio —con un 10% bajo protección estricta— para 2030.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Ritmo de tala: Cada dos segundos se tala un árbol para alimentar la cadena de suministro de Ikea, según Greenpeace.
- Bosque afectado: Rusca Montanã, en los Cárpatos rumanos, iba a recibir protección estricta en 2025 y fue talado en 2026.
- Certificación cuestionada: El sello FSC avala la madera de Ikea, pero no evita la tala de bosques con alto valor de biodiversidad.
- Meta de protección: El Marco Global de Biodiversidad fija proteger el 30% del territorio y el 10% de forma estricta para 2030.
Lo que la cadena de suministro de Ikea arrastra al resto del sector
Este caso no es un incidente aislado. El Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal fija que gobiernos y empresas protejan el 30% de la tierra para 2030, un objetivo que muy pocos gigantes del mercado están midiendo con rigor. La próxima cumbre de biodiversidad, la CBD COP17 en Ereván, volverá a poner sobre la mesa el mismo interrogante: ¿pueden los compromisos voluntarios sustituir a la regulación?
La respuesta, aquí, es no. Ikea mueve un volumen de madera capaz de reconfigurar los precios de todo el sector forestal europeo y, cuando decide qué bosques entran en su cadena de suministro, marca de facto qué bosques se talan. El efecto dominó es directo: los proveedores de Rumanía, Polonia o Suecia ajustan su producción a la demanda del gigante sueco, y la certificación se convierte en un trámite que se compra, no en una barrera que se respeta.
El sector de la madera y el mueble afronta una transición que no puede ser cosmética. La madera certificada es hoy la única con salida comercial, y eso da a firmas como Ikea un poder enorme: pueden normalizar la trazabilidad real o convertir el sello FSC en una etiqueta que no distingue un bosque intacto de un claro recién talado. Las empresas del ramo —desde las papeleras, hasta las constructoras de estructura de madera— observan cómo se decide ese estándar.
La transición forestal ya es rentable cuando la trazabilidad es real, y ese es el terreno donde Ikea puede demostrar si su liderazgo es material o solo una declaración de intenciones. Lo que se resuelva en los Cárpatos se replicará en los bosques del norte de Europa y en las cadenas de suministro de medio mundo.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Frenar la compra de madera de bosques con alto valor de biodiversidad evita la tala rasa de zonas que deberían quedar bajo protección estricta.
- Modelo que cambia: La certificación sin consecuencias deja paso a objetivos de biodiversidad vinculantes y auditables en toda la cadena de suministro.
- Para las próximas generaciones: Proteger el 30% del territorio y el 10% de forma estricta para 2030 deja bosques en pie y biodiversidad viable, no solo madera contabilizada.





