Funcas alerta: la economía española crece un 2,5% pero se ralentiza por la inflación

Funcas vincula el frenazo a una inflación que se resiste a bajar y a un coste de la deuda que seguirá apretando a familias y empresas. El aviso llega mientras la economía española mantiene el liderazgo de crecimiento en la eurozona.

Funcas mantiene su previsión de crecimiento de la economía española en el 2,5% para este año, pero avisa de que lo complicado llega después. La fundación anticipa una ralentización del PIB durante los dos próximos ejercicios por culpa de una inflación persistente y unos tipos de interés que seguirán en terreno elevado.

Funcas mantiene el 2,5% pero anticipa dos años de frenazo

El dato en sí no cambia. Funcas sigue estimando que el producto interior bruto español crecerá un 2,5% en el ejercicio en curso, una cifra que la sitúa entre las más optimistas del panel de previsiones. Lo que cambia es el tono: la fundación no ve un desplome, pero sí una desaceleración progresiva que se extenderá a lo largo de los dos años siguientes.

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El diagnóstico tiene dos ingredientes. El primero es la inflación, que se resiste a volver al entorno del 2% y mantiene tensiones sobre los precios de bienes y servicios básicos. El segundo es el coste del dinero. Los tipos altos encarecen la financiación de familias y empresas, y esa factura se nota en cada cuota de hipoteca y en cada préstamo que se renueva.

La combinación no es nueva, pero sorprende que España mantenga el tipo mientras buena parte de la zona euro ya mira hacia el retroceso. La economía española crece por encima de la media europea, sí, pero esa ventaja se estrecha a medida que el consumo interno pierde fuelle. Según recoge la propia Funcas en su último informe, el cuadro no invita al optimismo desbordado.

El matiz importa porque España llega a este tramo con una posición distinta a la de hace una década. El empleo resiste, el turismo marca récords y el sector servicios tira del carro, pero la inversión privada no termina de arrancar. Sin ese empujón, el crecimiento depende más de factores externos que de la propia maquinaria interna.

El impacto sobre los hogares: inflación persistente y coste de la deuda

Donde más se va a notar es en el bolsillo. Funcas alerta de que la persistencia de la inflación golpea directamente a los hogares, sobre todo, a los que tienen menor capacidad de ahorro. Cuando los precios suben de forma sostenida y los ingresos no acompañan, la pérdida de poder adquisitivo deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una decisión diaria sobre qué se compra y qué se deja.

El crecimiento del 2,5% sostiene la estadística; lo que se agrieta es la capacidad real de las familias para mantener su nivel de vida.

La deuda añade otra capa de presión. El encarecimiento de la financiación afecta tanto a las hipotecas a tipo variable como a los créditos al consumo, y también a las empresas que dependen del crédito para invertir. Funcas reclama medidas para hacer frente a la subida de la inflación y al mayor coste de la deuda, un llamamiento con más de advertencia que de receta cerrada.

Lo llamativo es que la fundación no concreta su catálogo de soluciones, y ese silencio es en sí un mensaje. En un contexto de tipos altos y una inflación que no cede, el margen de maniobra de cualquier Gobierno es estrecho. Subir impuestos o recortar gasto tiene coste político; no hacer nada, también.

Análisis: una ralentización que no es una recesión

Llevo tiempo señalando lo mismo: la economía española aguanta mejor de lo que muchos pronosticaban, pero aguantar no es lo mismo que acelerar. El aviso de Funcas encaja en ese patrón. No anuncia un batacazo, anuncia un frenazo, y esa distinción importa porque determina qué decisiones conviene tomar y cuáles no.

El riesgo central no es tanto el crecimiento como su composición. Un PIB que avanza gracias al consumo público y a un sector exterior resistente puede maquillar durante un tiempo la debilidad de la demanda interna. Cuando el consumo de las familias se enfría por la inflación y el coste de la deuda, el motor se queda con menos cilindros. Y ahí es donde los márgenes empresariales empiezan a apretarse de verdad.

El precedente más cercano invita a la prudencia. En 2008, la economía española también crecía por encima de la media europea semanas antes de que todo se torciera. No sostengo que estemos ante un escenario parecido, porque los fundamentales son otros y el sistema financiero está mucho más saneado, pero conviene recordar que las señales de ralentización casi nunca se anuncian con estruendo.

Hay una contradicción que no deberíamos pasar por alto. España lidera el crecimiento europeo mientras arrastra una productividad que no termina de despegar y un mercado laboral que, aunque resiste, sigue lastrado por la temporalidad en sectores clave. Crecer al 2,5% con esos mimbres es un mérito, pero también una señal de que buena parte del impulso es coyuntural.

Lo que vigilaré en los próximos meses son dos cosas. Primero, si la inflación subyacente cede lo suficiente como para permitir un alivio de los tipos sin reavivar los precios. Segundo, si las medidas que reclama Funcas llegan o se quedan en el cajón. La próxima revisión de previsiones será el primer test real del escenario que dibuja la fundación.


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