La caída de las acciones de IA ha vuelto a los mercados tres meses después del primer desplome del sector. CoreWeave se ha hundido más de un 25% en apenas dos sesiones y el Nasdaq busca un salvavidas en Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, para frenar un pánico que ya no viene de un solo sitio.
Claves de la operación
- Una ‘tormenta perfecta’ de tres miedos. El desplome no responde a un único detonante: coinciden el encarecimiento de la deuda, el avance de los fabricantes chinos de memoria y la congelación de las salidas a bolsa del sector.
- Los resultados récord no sostienen las cotizaciones. Micron, TSMC, ASML y Samsung han batido previsiones, pero ninguna cifra positiva está sirviendo para frenar las ventas.
- Nvidia se erige en el banquero central de la IA. Huang ha salido a calmar al mercado asegurando que su compañía no rescatará a CoreWeave porque ‘no lo necesita’.
El miedo a la deuda ahoga a las ‘neoclouds’
En la última semana, las ‘chiperas’ vuelven a hundirse y el miedo se extiende a toda la cadena. Las ‘palas’ de los centros de datos, con Caterpillar a la cabeza, también caen con fuerza. Y las neoclouds, las plataformas de datos en la nube que crecieron al calor de la fiebre por la IA, se desmoronan con CoreWeave como gran víctima.
Por el momento, la temporada de resultados arranca con buenas señales. Micron, TSMC y ASML han batido expectativas y presentado beneficios estratosféricos. Samsung ha puesto sobre la mesa el trimestre más rentable de su historia, con 80.000 millones de dólares de ganancias. Ninguna de ellas ha recortado previsiones ni ha dado señales de debilidad a corto plazo.
Nada de eso basta. Cualquier dato positivo queda aplastado por lo que llega desde los mercados de deuda. La financiación de las inversiones para la IA está encareciendo toda la deuda. La guerra de Irán ha reavivado la inflación, los bancos centrales aprietan y la deuda de los Estados se encarece. El círculo se cierra: atraer capital para la IA exige ahora intereses cada vez más altos, porque el inversor tiene alternativas mucho más seguras.
La gran víctima ha sido CoreWeave. La compañía ha emitido una enorme cantidad de deuda sin contar con las ‘máquinas de imprimir dinero’ que sostienen las inversiones de Google o Microsoft. El mercado teme que no sea capaz de devolver todo lo prestado y que acabe absorbida o fusionada para sobrevivir. Sus CDS rondan ya el 12% y sus bonos se hunden hasta cerca del 16% de rentabilidad, más del triple que la deuda estadounidense a diez años.
La IA ya no se financia con relatos, sino con deuda que exige tipos crecientes y que penaliza a quien no tiene caja para pagarla.
El propio Huang ha terminado ejerciendo de banquero central del sector. Desde un evento en Suecia, Jensen Huang ha realizado su particular imitación de Mario Draghi para calmar al Nasdaq. Allí ha asegurado que el fabricante de chips no saldrá a rescatar a CoreWeave porque ‘no lo necesita’, y ha añadido que los costes de capital de la firma están cayendo y que su negocio es ‘más fuerte cada día’. El mercado se ha aferrado a sus palabras y ha borrado parte de las caídas.
El miedo a China y a las salidas a bolsa que nunca llegan
El segundo frente es la competencia china. Cada vez que CXMT e YMTC anuncian avances en memoria, el sector se hunde. El temor es que, en un par de años, inunden el mercado, los compradores dejen de racionar chips y se desate una guerra de precios que se lleve por delante los beneficios y los contratos a cinco años ya firmados por Micron, Sandisk o SK Hynix.
El resultado es paradójico. Algunas de las firmas más rentables del mundo cotizan a un PER de tres años, como SK Hynix, o de cinco, como Micron y Sandisk. Están por debajo de los precios más bajistas que pronostican los analistas a doce meses. Morgan Stanley insiste en que no ve señales de debilidad en el mercado de chips y sostiene que la producción adicional china se quedará en su propio mercado. Los inversores, sin embargo, siguen mirando a 2029 y 2030.
El tercer miedo son las salidas a bolsa fallidas. OpenAI ha aplazado su debut hasta 2027 entre dudas sobre sus ingresos. Firmus, una compañía australiana respaldada por Nvidia, iba a salir este mes, y el viernes pasado optó por una ronda privada ante la incertidumbre. Las caídas ahuyentan a quien quiere vender acciones y esa negativa a salir a bolsa amplía las caídas. La gran esperanza es Anthropic, que mantiene su proceso y aspira a debutar en noviembre con un crecimiento de ingresos del 46%.
Una burbuja con beneficios récord que el mercado no quiere pagar
La burbuja de la IA es extraña, muy distinta a la de las puntocom. Aquí sobran empresas con beneficios escandalosos y caja. La duda está arriba de la pirámide. JP Morgan calcula 1,4 billones de dólares de inversión de capital en 2027, tras los 967.000 millones previstos para este año. Todo ese dinero lloverá sobre los proveedores de chips y sostendrá sus valoraciones. Pero para que las cifras se sostengan, el sector debe generar beneficios que las justifiquen.
En esta redacción observamos un patrón incómodo. El mercado castiga a las ‘chiperas’ no por lo que ganan hoy, sino por lo que teme que ganen dentro de tres años. Es la misma lógica que tumbó al sector en 2023, ahora con un ingrediente nuevo: la deuda. El IBEX 35 apenas tiene exposición directa a la IA pura. Su principal referencia tecnológica, Indra, cotiza al calor del rearme europeo y no de los chips. Esa menor dependencia ha protegido al índice español de la volatilidad del Nasdaq, pero también le ha hecho perder el tren de la revalorización del sector.





