He repasado los datos de siniestros de la Organización Marítima Internacional y la cifra es la que más me preocupa: el Estrecho de Ormuz acumula ya tres buques hundidos desde que estalló la guerra entre Irán y Estados Unidos el 28 de febrero. Los dos últimos se han ido al fondo en apenas 24 horas.
El primero en hundirse fue el GFS Pride, un portacontenedores de pabellón singapurense con capacidad para 2.824 TEU. Según el comunicado que la Autoridad Marítima de Singapur difundió el miércoles, el buque sufrió daños y un incendio a bordo mientras cruzaba el estrecho y acabó hundiéndose. Los 21 tripulantes fueron evacuados sin heridos.
Más siniestro resulta el segundo caso, porque el barco ya estaba tocado. Se trata del Cape Dao, un granelero con bandera de Antigua y Barbuda que había recibido el impacto de un proyectil el pasado 23 de septiembre. Los datos de la OMI confirman que se ha hundido cerca del estrecho. Un tripulante murió en el ataque inicial; el resto fue evacuado de inmediato. La naviera gestora, la emiratí Peonies Shipmanagement, no ha respondido por ahora a las peticiones de comentario.
La escalada de los últimos diez días mueve el Brent
Los ataques en torno a esta vía marítima se han multiplicado en la última semana y media. Irán sostiene que está intensificando los golpes en represalia por el bloqueo estadounidense de sus puertos y por las sanciones más duras aprobadas el mes pasado. Los números que manejo dibujan este cuadro:
- Tres buques hundidos desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, según el análisis de los datos de siniestros de la OMI.
- 21 tripulantes evacuados sin heridos del GFS Pride.
- Un muerto en el Cape Dao, alcanzado semanas antes de hundirse.
- Un portacontenedores de 2.824 TEU y un granelero de carga seca en el fondo del estrecho.
Lo relevante para el mercado es que el objetivo ya no son solo los petroleros. La firma de gestión de riesgos MARISKS advierte de que la amenaza se extiende a portacontenedores y graneleros, justo los activos que mueven mercancía manufacturada desde Asia hacia Europa. Cuando el seguro de guerra encarece la travesía, el sobrecoste no tarda en aparecer en el índice de fletes y, unas semanas después, en el precio final del producto.
“Estamos profundamente preocupados por los ataques continuados contra el transporte marítimo comercial en el Estrecho de Ormuz. Son ataques no provocados, injustificables y una violación del derecho internacional.” — Autoridad Marítima de Singapur, comunicado oficial, 14 de octubre de 2026
Por qué Irán apuesta por encarecer el crudo
Aquí veo a un Irán que ha convertido el estrecho en una palanca política antes que militar. Dos altos cargos iraníes han reconocido que el objetivo es mantener el precio del petróleo alto para influir en las elecciones de medio mandato estadounidenses. Es una lógica que ya vimos en crisis anteriores del Golfo: Teherán sabe que no puede ganar un pulso naval convencional, pero sí puede encarecer cada barril que sale hacia Asia y, por extensión, hacia Europa.
El riesgo que los datos no resuelven es el de la respuesta. La propia OMI y las autoridades de Singapur hablan de un incremento sostenido de los siniestros. Si Washington intensifica el bloqueo, Irán puede escalar, y cada hundimiento añade una prima de riesgo al Brent que se traslada a la gasolina europea en cuestión de semanas.
Aquí entra Asia de lleno. El estrecho no es una vía europea: es la autopista que conecta el crudo del Golfo con India, China, Japón y Corea del Sur. Cuando se encarece, el golpe se reparte entre las refinerías asiáticas y los consumidores de medio mundo. El hito que seguiré ahora es doble: la próxima reunión de la OPEP+ sobre bombeo y el desenlace del bloqueo estadounidense de los puertos iraníes. Cualquiera de los dos puede mover el precio más que cualquier ataque aislado.
🌐 El efecto dominó en Occidente
El primer impacto se verá en la apertura de los mercados europeos: cada escalada en Ormuz empuja el Brent al alza y arrastra a las energéticas del IBEX y a las aerolíneas. Para el consumidor español, la vía de transmisión es clara: si el barril sube de forma sostenida, la gasolina y el diésel repuntan en semanas, y esa presión se filtra al IPC justo cuando el BCE intentaba bajar tipos.
- Mercados: las energéticas europeas suben con el crudo, mientras las aerolíneas y las químicas lo pagan.
- Inflación: el encarecimiento del combustible puede devolver tensión al IPC de la eurozona tras meses de desinflación.
- Empresas europeas: los importadores de electrónica y textil asiáticos notarán antes que nadie el sobrecoste de los fletes por el seguro de guerra.
En España el impacto directo es indirecto pero real. No tenemos refinerías en el Golfo, pero compramos buena parte de nuestra energía y de los bienes que viajan por esa ruta. Si el estrecho sigue bloqueado varias semanas, los carburantes podrían notarlo en el surtidor y el Euríbor, en plena senda bajista, tendría un motivo para frenar.




