El FMI alerta: La burbuja IA y la deuda global disparan el riesgo de crisis financiera

Los operadores de centros de datos han pasado de emitir menos del 1% de los bonos corporativos de calidad a concentrar el 10% en dos años. El organismo avisa de que un pinchazo tecnológico arrastraría a bancos, aseguradoras y fondos.

El FMI alerta de que la burbuja de la IA puede estallar en el peor momento posible. El organismo con sede en Washington presentó esta semana su Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial con un diagnóstico que incomoda: las valoraciones de las tecnológicas, el endeudamiento público y el encarecimiento de la financiación forman una combinación capaz de arrastrar al conjunto de la economía global.

Los mercados llevan meses resistiendo embestidas serias. Aranceles, guerras, tensión geopolítica. Esta vez el aviso no llega desde fuera del sistema, sino desde dentro: el motor que sostiene las bolsas —la inteligencia artificial— es también el epicentro del riesgo.

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El bono corporativo de los centros de datos pasa del 1% al 10%

El dato que más preocupa al Fondo Monetario Internacional está en los balances. Los grandes operadores de centros de datos y servicios de computación han pasado de concentrar del 1% al 10% de las emisiones mundiales de bonos corporativos de alta calidad entre 2024 y 2026. En dos años, un sector que apenas pedía prestado se ha convertido en uno de los mayores emisores del mercado.

La razón es sencilla. Las inversiones en semiconductores, servidores e infraestructura de cómputo exigen cantidades que la caja de las compañías ya no cubre, y el fondo recurre cada vez más al endeudamiento. ‘El apalancamiento podría agravar esta perturbación’, advierte el organismo en su informe.

El otro temor es más de fondo. Las inversiones multimillonarias han disparado las expectativas sobre lo que la IA puede aportar a la productividad. Si esos beneficios llegan tarde, o llegan menores de lo previsto, la corrección de las cotizaciones tecnológicas será difícil de esquivar.

Y el problema no es solo el volumen. Es la red. Las tecnológicas están tan interconectadas —como proveedores, como clientes, como acreedores— que una corrección en una de ellas difícilmente quedaría aislada. Un pinchazo local se convierte en un efecto dominó que cruza fronteras.

La factura de la IA no la pagará quien la prometió, sino quien la financió con bonos.

El FMI insiste en que el episodio no se quedaría en Estados Unidos. Las tecnológicas cotizan en medio mundo y financian sus planes en los mismos mercados de capitales a los que acuden gobiernos y bancos.

La deuda pública, el frente que nadie quiere mirar

El segundo foco rojo es el endeudamiento de los Estados. Con la inflación resistiéndose a bajar —en España, el IPC alcanzó el 4,9% en septiembre— y las cuentas públicas bajo sospecha, los inversores pueden exigir intereses cada vez más altos para comprar deuda soberana.

Ahí está el mecanismo que el informe subraya: cuando sube la rentabilidad exigida a los bonos nuevos, cae el valor de los que ya están en circulación. Quien los tenga en cartera —bancos, aseguradoras, y fondos de inversión— registra pérdidas. Y el golpe no se queda en el balance de la institución: llega a empresas y familias por la vía de un crédito más caro.

crisis financiera

A esto se suma una competencia inesperada. Los gobiernos necesitan refinanciar volúmenes enormes de deuda justo cuando las grandes tecnológicas salen a los mercados a captar capital para su carrera por la IA. Todos pujan por el mismo dinero, y eso encarece la financiación del Estado.

El riesgo sistémico que llega con retraso

El FMI no es la primera voz que señala la burbuja. Llevamos más de un año escuchando comparaciones con las puntocom, aquel desplome que se llevó por delante a media Nasdaq. Pero hay una diferencia que agrava el caso actual y que el informe deja caer sin subrayarla del todo: en 2000, las tecnológicas que reventaron estaban financiadas con capital propio y con acciones; ahora se financian con deuda.

Cuando una empresa quiebra sin pasivo, mueren sus accionistas. Cuando quiebra con pasivo, arrastra a bancos, aseguradoras y fondos. Esa es la diferencia sistémica que transforma un ajuste sectorial en un problema de todos.

Mi lectura es que el riesgo no está en la IA como tecnología, sino en la velocidad a la que el mercado le ha puesto precio al futuro. Los centros de datos que hoy se construyen no generarán ingresos hasta dentro de varios años, pero el bono hay que devolverlo antes. Esa brecha —entre lo que se promete y lo que se cobra— es el punto débil real.

El FMI pide prudencia, no anuncia una nueva crisis financiera. Avisa de que las dos variables que más han subido, las valoraciones tecnológicas y la deuda soberana, son también las más difíciles de desmontar sin ruido. La próxima cita para comprobarlo llegará con la temporada de resultados del cuarto trimestre, cuando las grandes tecnológicas empiecen a rendir cuentas sobre el retorno real de su inversión en IA.


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