El arte paleolítico de Ucrania guarda una lección que llevaba 18.000 años esperando a ser leída. Dieciocho estatuillas de marfil de mamut halladas junto al río Desná sugieren que la creatividad de la Edad de Hielo no avanzó en línea recta, sino por caminos que se bifurcan.
Las piezas aparecieron en dos tandas. Once salieron a la luz entre 1908 y 1909 en el yacimiento de Mizyn, en el norte del país; otras siete, unos cuatro años más tarde. Representaban cuerpos femeninos, así que pronto se las conoció como las Venus de Mizyn. Las había tallado, milenios atrás, la cultura epigravetiense.
Lo que nadie sabía era qué había inspirado sus grabados. Zigzags, líneas sinuosas, marcas paralelas. Un repertorio demasiado ordenado para ser casual y demasiado extraño para ser simple adorno. La pregunta ha quedado abierta más de un siglo.
Los grabados que nadie había sabido leer
La investigación la coordina Simon Radchenko, de la Universidad de Stavanger (Noruega), y en ella participan especialistas de Ucrania, Reino Unido y Alemania. Los resultados se publican en npj Heritage Science, una revista del grupo Nature. Lo que describen es una lectura muy distinta de la que se había hecho hasta ahora.
El equipo examinó las 18 estatuillas con microscopios avanzados y herramientas digitales. El conjunto de las piezas muestran que los grabados no eran arbitrarios. El interior de un colmillo de mamut presenta dos tipos de patrones naturales: las líneas de Schreger, una trama cruzada visible en la sección transversal, y las líneas de Owen, anillos concéntricos que marcan el crecimiento de la dentina. Los zigzags grabados en varias figuras reproducen las primeras; las marcas sinuosas y paralelas de otras evocan las segundas.
En una de las estatuillas, el motivo serpenteante coincide casi exactamente con los anillos de crecimiento del propio marfil. Los grabados siguen esas líneas con una precisión inferior a un milímetro y se colocaron allí donde los patrones resultaban más visibles. Para los autores, eso descarta la imitación pasiva: quien tallaba sabía qué estaba siguiendo.
El artista de Mizyn no copió un dibujo: leyó la estructura del colmillo y decidió convertirla en trazo.
El dibujo ya estaba dentro del colmillo

La cronología ayuda a entender por qué importa. La tradición de las figuras femeninas, las llamadas Venus paleolíticas, arranca hace unos 44.000 años y se apaga en Europa hace unos 12.000, cuando la última glaciación se despedía. En medio, el frío extremo del último máximo glacial dejó un vacío de entre 1.000 y 3.000 años en la producción de figuras humanas.
Las de Mizyn, datadas hace entre 18.800 y 17.400 años, figuran entre las primeras representaciones antropomorfas que reaparecen en Europa después de ese parón. Y traen firma propia. Poco después surgieron en Europa occidental obras de cuerpo femenino igualmente abstractas, pero allí los investigadores no han detectado un uso parecido de los patrones internos del marfil. La hipótesis es que el arte de Europa oriental siguió un camino diferenciado.
Puestos en escala humana, 18.000 años son más de tres veces toda la historia escrita de la humanidad. Aquellas personas tallaban marfil cuando otros grupos humanos pintaban los bisontes de Lascaux, en Francia. Y lo hacían con una precisión inferior al grosor de una uña, guiándose por líneas que apenas se distinguen sin luz rasante o microscopio.
Por qué el arte paleolítico no avanza en línea recta
El trabajo toca una discusión vieja. El estudio de las figurillas del Paleolítico superior europeo permitió definir dos umbrales en la historia humana: la aparición de la representación figurativa y el salto hacia diseños abstractos y esquemáticos. Ambos ocurrieron hace más de 30.000 años y su cronología sigue sin estar clara. La tentación de ordenarlos como una escalera, de lo simple a lo complejo, es fuerte. Los datos de Mizyn la incomodan.
‘Nuestros hallazgos cuestionan la arraigada idea de que el arte antiguo evolucionó siguiendo una línea recta, desde formas básicas hasta otras más complejas’, señala Dmytro Kiosak, arqueólogo del Centro Leibniz de Arqueología. La arqueóloga Aimée Little, de la Universidad de York, lo describe como una ventana a la forma en que las sociedades paleolíticas percibían e interactuaban con su entorno material.
Mi lectura es más prudente en un punto. Dieciocho piezas de un solo yacimiento son una base estrecha para reescribir un continente. La coincidencia entre los grabados y la estructura del marfil está bien documentada, con imágenes microscópicas que la sostienen. Lo que falta es la prueba contraria: que otros yacimientos epigravetienses de Europa oriental repitan el patrón y que sus coetáneos occidentales no lo hagan. Hasta entonces, la hipótesis del camino propio es sólida, pero no cerrada.
El propio Radchenko confía en que los próximos trabajos sobre otras colecciones arrojen luz sobre la aparición y el desarrollo de la expresión artística en Europa. Ahí está el hito que conviene seguir. La mirada se desplaza ahora a los almacenes de los museos, donde puede haber marfil tallado esperando el mismo microscopio.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: que los grabados de las 18 estatuillas de marfil de mamut de Mizyn reproducen los patrones internos naturales del colmillo, lo que apunta a una evolución artística diferenciada en la Europa oriental del Paleolítico.
- Dónde: yacimiento de Mizyn, junto al río Desná, en el norte de Ucrania.
- Institución responsable: equipo internacional coordinado por Simon Radchenko (Universidad de Stavanger), con especialistas de Ucrania, Reino Unido y Alemania; resultados publicados en npj Heritage Science.
- Cuándo: piezas talladas hace entre 18.800 y 17.400 años, halladas entre 1908 y 1913 y reanalizadas en un estudio publicado en 2026.
- Impacto a futuro: abre la búsqueda del mismo uso del marfil en otras colecciones epigravetienses y replantea cómo se explica la evolución del arte prehistórico.




