El pacto del diésel ruso de Trump llega a Europa con una promesa de Moscú: 3,5 millones de toneladas mensuales. Lo he leído en las declaraciones de Alexander Novak, viceprimer ministro ruso, al programa Vesti: su país asegura que puede colocar en el mercado global más combustible del que figura en el acuerdo firmado con Washington. El techo no está en el papel.
Putin y Trump pactaron el viernes un texto que contempla 300.000 toneladas de diésel en octubre, medio millón en noviembre y un millón en diciembre. A cambio, la Casa Blanca suspende las sanciones sobre los productos petrolíferos rusos hasta abril de 2027. Lo relevante no es el volumen: Trump necesita bajar el precio del combustible antes de las legislativas de principios de noviembre y está dispuesto a pagarlo con moneda diplomática europea.
Las cifras: 100 millones de barriles pesan más que el acuerdo
Conviene mirar los precios reales antes de dar por hecho el efecto del pacto. El diésel estadounidense cotizaba a 6,19 dólares por galón a principios de octubre, un 78% por encima de los 3,81 dólares del 28 de febrero, víspera del conflicto con Irán, según la Agencia de Información de la Energía (EIA).
- Diésel: 4,10 dólares por galón antes de la invasión de Ucrania, 3,81 dólares antes de la guerra del Golfo y 6,19 dólares ahora.
- Gasolina sin plomo: 3,48 dólares antes de la invasión, 2,79 antes del conflicto con Irán y 4,15 dólares hoy, un 50% más.
- Impuestos: entre el 11% y el 12% del precio final, de modo que la única palanca real de Washington es la oferta.
Con esas cifras, Kostis Stambolis, director ejecutivo del Instituto de Energía para el Sudeste de Europa (IENE), sostiene que el factor decisivo será el anuncio del G7 del 2 de octubre de liberar 100 millones de barriles de reservas estratégicas, más otros 80 millones de una liberación previa de 400 millones de barriles. Rusia produce 5,8 millones de toneladas mensuales de diésel, de las que unos dos millones son exportables. “El mundo está 5 millones de barriles diarios por debajo del nivel anterior a la guerra del Golfo”, me señala.
Kyiv responde y Bruselas mueve ficha
Ucrania asegura haber destruido cerca de la mitad de la capacidad de refino rusa, una estrategia que Zelenskyy defendía como eficaz y que el acuerdo deja en entredicho al suspender las sanciones.
“Los regalos a Putin no conducirán a la paz. Cualquier debilitamiento de las sanciones contra Rusia sin un acuerdo claro y duradero de desescalada es una señal evidente de debilidad.” — Volodymyr Zelenskyy, presidente de Ucrania, 10 de octubre de 2026
La respuesta europea se ha articulado en torno al dinero. Ursula von der Leyen anunció el domingo que la financiación de Ucrania estará “en el centro” del Consejo Europeo de esta semana, y la ministra de Exteriores finlandesa, Elina Valtonen, pidió prohibir todos los visados turísticos a los ciudadanos rusos.
El fin de semana dejó la contradicción a la vista. Trump anunció el domingo un alto el fuego energético y Kyiv suspendió sus ataques a refinerías; horas después, los bombardeos rusos golpeaban la red eléctrica de Kyiv y mataban a doce personas en Dnipropetrovsk. “No creo que se haya ganado un respiro”, dijo el ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov. Trump fue más lejos: “Creo que es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente”.
Lo que veo en el fondo: política antes que economía
Mi lectura es que el componente energético es secundario. Stambolis lo describe sin rodeos: la jugada es “puramente política” y busca arrinconar a Zelenskyy. Trump quiere transmitir que Estados Unidos no tiene problema con Rusia y que es Europa la que lo tiene.
“Trump está mostrando a los europeos que no quiere tratar con Europa y que se vayan al infierno. Esto abre aún más la brecha entre Estados Unidos y la Unión Europea.” — Kostis Stambolis, director ejecutivo del IENE, 13 de octubre de 2026
Hay un dato estructural que explica la posición europea: alrededor de 30 refinerías europeas han cerrado en 15 años por razones medioambientales y por el coste del comercio de derechos de emisión. El continente no es autosuficiente en productos refinados.
La política de Trump hacia Rusia es, además, pendular: firmó en septiembre la ley Graham, que permite castigar a los países que compren crudo ruso, y once días después dio marcha atrás. Si el diésel no baja antes de noviembre, la jugada se le vuelve en contra en las urnas; si baja, habrá financiado de facto la maquinaria de guerra rusa mirando las encuestas. El hito para comprobarlo está cerca: la cumbre europea de esta semana y la liberación de reservas del G7.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el lector español, el canal de transmisión pasa por la energía y, desde ahí, por la inflación y por el Euríbor. Un diésel más barato aliviaría la cesta de consumo y reforzaría la desinflación europea, lo que daría margen al BCE para recortar tipos; el Euríbor a 12 meses lo descontaría con antelación.
- Euríbor e hipotecas: el índice sigue al BCE, no al diésel ruso; cada recorte de 25 puntos básicos del BCE suele trasladarse al Euríbor a 12 meses en un rango de 10 a 20 puntos básicos.
- Inflación y consumo: el gasóleo pesa en el transporte de mercancías, así que una escalada sostenida encarecería los alimentos y tensionaría la cesta de la compra.
- Tejido exportador e IBEX: las refinerías españolas compiten en un mercado europeo con menos capacidad de refino, y la volatilidad del crudo encarece la financiación de las energéticas.




