El precio del gas natural ha escalado a 86 euros por megavatio hora, máximo desde enero de 2023. La referencia europea, el TTF holandés, ha tocado los 86,79 €/MWh en su pico intradía y abre la puerta a un invierno de facturas incómodas para el consumidor español.
El TTF marca 86,79 €/MWh, el nivel más alto desde enero de 2023
El mercado europeo de gas vuelve a moverse en terreno de crisis. A las 13:00 horas, el TTF holandés —el índice que fija el precio mayorista del gas natural en el continente— se encarecía un 1,93%, hasta 85,82 euros por megavatio hora, según los datos publicados por El Periódico de la Energía. La sesión había dejado antes un máximo intradía de 86,79 €/MWh a las 10:32, un 3% por encima del cierre del día anterior en 84,26 euros, y un mínimo de 83,99 euros.
La volatilidad de la jornada retrata el estado del mercado. El precio arrancó en 83,99 euros y trepó más de dos euros y medio en apenas seis horas, un movimiento que en un mercado maduro se tarda semanas en ver. Aquí se produjo antes del almuerzo.
La cifra tiene peso. No se veía un precio así desde el 3 de enero de 2023, el último coletazo de la crisis energética que siguió a la invasión rusa de Ucrania. El gas acumula una subida cercana al 200% en lo que va de año: cerró 2025 en 29,4 euros el megavatio hora y ahora cotiza casi al triple.
Detrás del repunte hay una combinación de factores que se refuerzan entre sí. El primero es geopolítico. La guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán ha derivado en el bloqueo del estrecho de Ormuz, paso obligado para las exportaciones de gas natural licuado del Golfo Pérsico, y en la destrucción de instalaciones energéticas en la zona.
El gas europeo no vive un repunte puntual: vive la factura pendiente de un continente que apostó por el GNL y ahora compite por él con Asia.
A ese cóctel se suman la reposición de almacenamiento para el invierno en Europa, el tirón de la demanda asiática y la posibilidad de que Estados Unidos limite sus exportaciones de GNL. Cuatro presiones sobre el mismo mercado.
Basta con que uno de esos cuatro frentes se cierre para que el precio se desinfle, pero también con que uno se abra para que siga subiendo.
Los operadores no descartan nuevas subidas. La agencia Reuters ya ha advertido de que Europa se encamina a otro invierno de precios elevados si el suministro no se normaliza antes de que llegue el frío. Cualquier nueva escalada en Ormuz, sostienen las mesas de gas, se trasladará al TTF en cuestión de horas.
Cómo llega la presión del gas a la factura de los hogares españoles
En España, el impacto no es inmediato, pero llega. El sistema gasista se abastece sobre todo de gas natural licuado —con Argelia y Estados Unidos como principales orígenes— y de los precios del mercado ibérico MIBGAS, que tiende a seguir al TTF con cierto decalaje.
España parte con una ventaja y una desventaja. La ventaja es que no depende del gas ruso y cuenta con seis plantas regasificadoras, la mayor capacidad de la Unión Europea. La desventaja es que esa misma red la obliga a pujar por el GNL en un mercado globalizado donde Asia aprieta cada vez con más fuerza.
La tarifa de último recurso (TUR) del gas, la que paga la mayoría de los hogares acogidos a la tarifa regulada, se revisa cada trimestre y su componente de materia prima replica la evolución del mercado mayorista. Ese mecanismo es el canal por el que un TTF disparado acaba notándose en el recibo, aunque con retardo y de forma amortiguada.
Los datos de almacenamiento europeo, que se publican cada semana, se han convertido en el termómetro que sigue todo el sector. Cuando los inventarios se alejan de los niveles de seguridad, el precio reacciona antes incluso que la propia demanda.
El gas no solo calienta casas. Los ciclos combinados, las centrales que queman gas para producir electricidad, marcan el precio del mercado mayorista eléctrico en buena parte de las horas. Un TTF instalado en la zona de los 85 euros empuja al alza el pool y, con él, la factura de la luz de los hogares acogidos al PVPC.

La próxima revisión de la TUR, la del 1 de enero de 2027, tendrá que digerir este salto si el gas se mantiene por encima de los 80 euros durante las próximas semanas. Nadie en el sector espera una traslación completa, pero tampoco una neutralidad total. Un invierno caro se perfila.
La gran industria gasintensiva es la más expuesta. Vidrio, cerámica, química y alimentación compran gas a precio de mercado y con contratos a corto plazo, por lo que un TTF sostenido en la zona de los 85 euros tensiona sus márgenes justo cuando la demanda industrial europea aún no ha recuperado los niveles previos a 2022.
Ormuz, el GNL y la trampa del almacenamiento europeo
La comparación con 2022 ayuda a calibrar el momento. Aquel agosto, el TTF superó los 300 €/MWh y arrastró a Europa a un racionamiento de hecho. Los 86 euros actuales están lejos de esa cota, pero muy por encima de la media de los dos últimos ejercicios, y llegan con un almacenamiento europeo más frágil que entonces.
La paradoja es incómoda. Europa ha construido durante tres años una red de regasificadoras y de contratos de GNL para sustituir el gas ruso por barco. Esa misma red la deja expuesta a la competencia asiática cada vez que el precio del combustible sube al otro lado del mundo. El suministro que antes llegaba por tubo y a precio estable ahora se subasta cada invierno en un mercado global.
No es la primera vez que el gas europeo se convierte en un problema político. La crisis de 2022 forzó a Bruselas a improvisar un tope al precio del gas y a acelerar el despliegue de renovables. Cuatro años después, el mercado vuelve a tensarse por una vía distinta: ya no es el tubo ruso que no llega, es el barco que se ha vuelto a poner caro.
Hay un segundo riesgo, menos comentado. La reposición de almacenamiento para el invierno europeo coincide con un invierno boreal que se prevé más frío que el anterior, lo que eleva la demanda de calefacción y de generación eléctrica a gas. Si el frío aprieta y Ormuz sigue bloqueado, la combinación deja al mercado sin colchón.
El sector mira dos señales concretas para saber si este repunte se convierte en tendencia o se desinfla. La primera, el nivel de los inventarios europeos en las próximas semanas. La segunda, cualquier decisión de la Casa Blanca sobre restringir sus exportaciones de GNL. Con ambas en el aire, la factura del gas en España afronta un cierre de año con más incertidumbre que certezas.




