El módulo lunar Griffin-1 de Voyager Technologies ha superado casi tres meses de pruebas ambientales en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena (California). El vehículo ha resistido el vacío del espacio, las vibraciones del despegue y un barrido térmico de 175 grados. Queda listo para volar a la Luna antes de que termine 2026.
No es un demostrador barato. Griffin-1 pertenece al programa CLPS (Servicios Comerciales de Carga Útil Lunar), dentro de la iniciativa Moon Base con la que la agencia estadounidense quiere levantar el primer asentamiento humano en la Luna. Llevará a bordo diez demostraciones científicas y tecnológicas procedentes de seis países. Entre ellas viaja el rover FLIP de Astrolab, que la NASA presenta como el mayor cargamento comercial enviado hasta ahora a nuestro satélite.
Su destino es el cráter Nobile, muy cerca del polo sur lunar, donde el Sol roza el horizonte y amplias zonas llevan miles de millones de años sin recibir luz directa. El atractivo científico es evidente: en esas sombras frías puede conservarse hielo de agua. El problema también lo es. Un aterrizador tendrá que operar allí sin apenas energía solar y con temperaturas que castigan cada componente.
Dos semanas a 75 grados sobre cero y a 100 bajo cero en el simulador de 26 metros
El examen final se celebró bajo el techo de 26 metros —la altura de un edificio de ocho plantas— de la Cámara de Simulación Espacial de 25 pies del JPL, un recinto inscrito en el Registro Nacional de Lugares Históricos de Estados Unidos. Durante unas dos semanas, Griffin-1 se coció y se congeló por turnos: hasta 75 grados Celsius en el extremo cálido y hasta menos 100 en el frío. Ese salto de 175 grados reproduce lo que el vehículo encontrará durante el viaje y, después, sobre la superficie lunar.
Por este habitáculo han pasado las sondas Ranger, las que dieron a la NASA sus primeras imágenes cercanas de la Luna a mediados de los años sesenta, además de las Surveyor, las Mariner, y las Voyager. Mucho después llegaron el rover Perseverance y la sonda Europa Clipper. Buena parte de la instrumentación se ha ido actualizando durante seis décadas, pero el edificio sigue siendo el mismo.
El mismo recinto que dio a la NASA sus primeras fotos cercanas de la Luna prepara ahora el regreso con un aterrizador comercial.
Las cifras del vehículo ayudan a entender la escala. Griffin-1 pesa 1.265 kilogramos y transportará más de 455 kilogramos de carga útil, el peso aproximado de un piano de cola de concierto. Con ese cargamento entra en la categoría que la NASA denomina de clase infraestructura: no va a hacer una demostración breve, sino a dejar equipo sobre el terreno para que otros lo usen después.
Del silencio de la cámara anecoica al estruendo de 153 decibelios

Antes del frío llegó el ruido, y antes del ruido, el silencio. En una cámara anecoica tapizada con largas púas de espuma que absorben ondas sonoras y electromagnéticas, el equipo comprobó que los componentes electrónicos del aterrizador no interfieren entre sí. Parece rutinario y es crítico: un solo canal de comunicación contaminado puede arruinar una maniobra de descenso.
Después vino la mesa vibradora. Cientos de sensores midieron el comportamiento de la nave mientras una plataforma la sacudía en tres direcciones con fuerza creciente, simulando la salida de la atmósfera terrestre a bordo de un cohete pesado. En paralelo, los ingenieros hicieron girar el vehículo sobre una mesa especial para medir sus propiedades másicas y detectar cualquier oscilación inesperada que comprometiera la navegación.
El capítulo más estridente fue el acústico. Dentro de una cámara sellada, enormes bocinas alimentadas con nitrógeno gaseoso comprimido golpearon a Griffin-1 con hasta 153 decibelios. Para hacerse una idea: un avión a reacción despegando a treinta metros ronda los 140. El margen no es capricho. Si un componente se suelta en los primeros segundos de vuelo, no hay segunda oportunidad.
Toda la campaña arrancó en julio, cuando el aterrizador viajó por carretera desde las instalaciones de Voyager Lunar Systems en Pittsburgh hasta las estribaciones de las montañas de San Gabriel, en California. Tras pasar por el laboratorio, el vehículo ha regresado a Pensilvania para el montaje final. El siguiente paso son las operaciones de preparación de lanzamiento, antes de su envío a Cabo Cañaveral y del despegue a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX. Los detalles técnicos aparecen en el comunicado de la NASA sobre la misión, y el JPL ha publicado además una galería de imágenes de los ensayos.
Qué demuestra este examen y qué no demuestra
Conviene ser preciso con el alcance del hito. Las pruebas ambientales acreditan que Griffin-1 sobrevivirá al lanzamiento y al tránsito por el vacío; no acreditan que vaya a posarse bien sobre la superficie. Aterrizar cerca del polo sur lunar sigue siendo la parte más difícil de cualquier misión: el relieve es abrupto, la iluminación rasante engaña a los sensores y no hay atmósfera que frene nada. Según Charles Whetsel, responsable de la Oficina de Desarrollo de Sistemas de Exploración del JPL, el centro lleva poniendo a prueba exploradores robóticos desde el programa Ranger, y ese conocimiento se ha trasladado ahora a la fase comercial.
El modelo CLPS invierte la lógica tradicional. La NASA no construye el vehículo: compra el servicio de transporte y traslada el riesgo al socio privado. Griffin-1 es el intento más ambicioso de esa fórmula, porque por primera vez el encargo no es solo científico, sino logístico. Si funciona, el polo sur lunar deja de ser un destino de visita y empieza a ser un sitio donde quedarse. John Thornton, vicepresidente ejecutivo de Voyager, enmarca el aparato en una nueva era de exploración comercial que convierte la presencia sostenida en la Luna en algo más que una visión. El calendario del lanzamiento, eso sí, aún no está cerrado: la compañía habla de finales de este año y no ha anunciado una fecha concreta.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha logrado: el módulo lunar Griffin-1 de Voyager Technologies ha completado casi tres meses de pruebas ambientales y queda listo para su lanzamiento.
- Dónde: Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena (California); destino final, el cráter Nobile, cerca del polo sur lunar.
- Institución responsable: Voyager Technologies, con el JPL de la NASA como centro de ensayos, dentro del programa CLPS de la agencia.
- Cuándo: pruebas desarrolladas entre julio y octubre de 2026; lanzamiento previsto a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX antes de que termine 2026.
- Impacto a futuro: primera pieza logística de clase infraestructura del programa Moon Base, el futuro asentamiento humano en la Luna.




