El BBVA recompra acciones por 1.000 millones: arranca el segundo tramo y acelera la retribución

El banco reactiva el programa anunciado en julio y retoma la retribución al accionista tras completar el primer tramo. La nueva fase se pone en marcha este miércoles y se ejecutará de forma gradual en el mercado.

BBVA recompra acciones por 1.000 millones de euros desde este miércoles. La entidad inicia la segunda fase de su programa de retribución al accionista, una operación anunciada el pasado mes de julio que ahora entra en plena ejecución.

La ejecución se hará de forma gradual y en función de las condiciones de la cotización, un procedimiento habitual en este tipo de programas para no distorsionar el precio de la acción. El banco trasladó los términos al mercado a través de los registros oficiales de la CNMV antes de activar la compra.

Publicidad

Qué hay detrás del segundo tramo de la recompra

El programa se estructura en fases. La entidad ya completó el tramo inicial y ahora reactiva la compra de títulos propios, que se prolongará durante las próximas semanas. El ritmo dependerá de la liquidez del valor y del volumen que BBVA pueda absorber sin mover en exceso la cotización.

En una recompra de acciones, el banco adquiere sus propios títulos y después los amortiza, con lo que reduce el número de acciones en circulación. El efecto es aritmético: al repartir el mismo beneficio entre menos títulos, el resultado por acción tiende a crecer. Es una fórmula que convive con el dividendo y que no compromete un pago fijo a futuro.

Para un banco, recomprar acciones es, sobre todo, una decisión sobre capital. Cuando la entidad acumula recursos por encima de lo que exigen los supervisores y no encuentra proyectos que rentabilicen ese exceso, devolverlo al accionista se convierte en la opción más razonable. La alternativa, mantenerlo inmovilizado, penaliza la rentabilidad sobre el capital propio, una de las métricas que más pesan en la valoración y que el banco sitúa en el centro de su política de retribución al accionista.

Recomprar acciones es la vía más limpia que tiene un banco para devolver el capital que le sobra sin comprometerse a un pago permanente.

Qué gana el accionista con la operación

El efecto para el inversor se mide en dos planos. El primero es el matemático, con un beneficio por acción que sube sin que la compañía haya vendido un solo producto adicional. El segundo es el de la señal: cuando una entidad adquiere sus propios títulos, está diciendo al mercado que considera que su acción cotiza por debajo de lo que vale.

Esa segunda lectura es la que más debate genera. Los analistas distinguen entre recompras de oportunidad, cuando la acción está castigada, y recompras de retribución, que responden a un excedente de capital y se ejecutan con independencia del precio. En el caso de BBVA, la operación encaja en la segunda categoría: devolver al accionista lo que sobra en el balance.

A diferencia de un dividendo, la recompra tiene además un efecto óptico que no siempre se interpreta bien. El accionista no recibe dinero en la cuenta, pero su participación en la compañía crece sin que tenga que hacer nada. Muchos inversores minoristas lo pasan por alto porque no ven un ingreso directo, aunque el valor de su posición tiende a reflejar ese efecto con el tiempo.

Exceso de capital y la política de retribución del sector

La recompra de BBVA no se entiende sin el contexto de la banca española de los últimos años. Desde que los tipos de interés subieron, las entidades han generado beneficios elevados y han acumulado ratios de solvencia por encima de los mínimos que exige el Banco Central Europeo. Con ese colchón, la discusión en los consejos dejó de ser cuánto capital retener y pasó a ser cuánto devolver.

El resultado ha sido una combinación de dividendos crecientes y recompras periódicas. Es un modelo con una cara amable para el accionista y otra incómoda para el supervisor, que durante meses ha repetido un mensaje: el capital extra debe financiar crédito y absorber golpes, no solo repartirse. Cada programa de recompra pasa por el filtro de Fráncfort antes de ejecutarse.

Hay un riesgo que conviene no ignorar. Las recompras reducen el colchón de capital y, si el ciclo se tuerce —más morosidad, tipos a la baja, frenazo del crédito—, la entidad tendrá menos margen para absorber pérdidas. No es un problema inmediato, pero sí una variable que los analistas vigilan cada vez con más atención. La retribución al accionista es sostenible mientras los beneficios lo sean.

Para BBVA, este segundo tramo es una pieza más de un puzle que se extiende a lo largo del ejercicio. El banco combina el pago de dividendos con estas amortizaciones de títulos, y la suma de ambas cosas es lo que mira el inversor institucional a la hora de decidir. La clave estará en el ritmo. Si el grupo mantiene la capacidad de generar capital al mismo tiempo que lo reparte, el mercado responderá con tranquilidad. Si el cierre del ejercicio llega con menos beneficio del previsto, la siguiente recompra será la primera en ponerse en duda.


Publicidad