El crédito al consumo encadena más de un año de subidas a doble dígito y el saldo vivo ya supera los 121.000 millones de euros. El dato que publica cada mes el Banco de España esconde una foto incómoda: las tarjetas revolving siguen colocándose por encima del 18% de interés y los tribunales no dejan de mirarlas.
El importe pendiente de pago se situó en 121.625 millones de euros en agosto, el último dato disponible. No baja de los 100.000 millones desde abril de 2024. El crecimiento interanual se mantuvo en el 12,4%, y en febrero y abril llegó a superar el 13%. La financiación para vivienda, en cambio, avanza por encima del 4%, tres veces menos.
El diferencial no es nuevo. Desde septiembre de 2025 el crédito al consumo repunta mes a mes por encima del 10%. Solo la pandemia rompió la tendencia, con caídas que rozaron el -4% en 2021.
Qué se financia: hogar, móvil y coche
La mayor parte de estos préstamos se destina a bienes del hogar. Según la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (Asnef), más de cuatro de cada diez operaciones corresponden a electrodomésticos y equipamiento doméstico. Por detrás, algo más del 30% se liga a informática y móviles; el 27%, a la automoción; y el 18%, a viajes. Educación y placas solares cierran la lista.
Su secretario general, Ignacio Pla, insiste en que no hay un perfil único de cliente. ‘El crecimiento está muy ligado a la estabilidad en el empleo: si hay confianza en un trabajo estable, hay confianza para pedir créditos’, señala. Añade otro motivo: el aumento de población, que también financia sus gastos.
El precio: una década sin bajar del 6%

El tipo medio ponderado para los créditos al consumo se situó en el 7,16% en agosto, por encima del 6,96% de julio. En datos anualizados, el Banco de España encadena una década sin bajar del 6%, incluido el año de la pandemia. Por plazos, la horquilla se abre: menos de un año, en torno al 5%; entre uno y cinco años, el 6,97%; y más de cinco, por encima del 7,7%.
Una década sin que el tipo medio del consumo baje del 6% ya no es un ciclo: es el suelo estructural sobre el que la banca construye su margen.
El salto de verdad se produce en las tarjetas revolving. Ahí el tipo se dispara por encima del 18%, según el supervisor. Y ya no solo preocupa su precio. En marzo, el Tribunal Supremo extendió a los préstamos personales el criterio de usura que venía aplicando a estas tarjetas: considera usurario un interés superior en seis puntos porcentuales al tipo medio del mercado.
La banca cotizada y el negocio bajo lupa
Para los bancos del IBEX, el crédito al consumo es una de las palancas de rentabilidad más codiciadas. Y también una de las más expuestas a la reputación. CaixaBank, Sabadell y BBVA concentran buena parte de la exposición a este negocio, ya sea a través de filiales especializadas o de sus propias redes de tarjetas. Es una cartera con con márgenes muy por encima del crédito hipotecario. El margen es alto.
Ahí está el dilema. El mismo producto que eleva el margen de intereses atrae la atención del regulador y de los juzgados. La presidenta de Asufin, Patricia Suárez, recuerda que el anteproyecto de ley que debía ordenar estos préstamos —microcréditos, revolving y préstamos rápidos— quedó congelado por el adelanto electoral. El texto, aprobado por Economía el pasado enero, preveía supervisión del Banco de España para todos los prestamistas y un periodo de reflexión de 24 horas para leer la letra pequeña.
En mi lectura, el grueso del riesgo para las cotizadas no está en la mora actual. Los establecimientos de crédito registran una tasa de impago del 5%, un nivel que el propio sector considera manejable. El problema llegaría si el desempleo repuntara. ‘Si la mora llega al 10% o al 11%, eso sí sería una mala señal’, advierte Pla. Un escenario que hoy no está sobre la mesa, pero que conviene vigilar cada trimestre. De momento, calma.
La otra pata del riesgo es reputacional y judicial. Antonio Gallardo, de Asufin, describe casos extremos: préstamos de 300 euros convertidos en 1.600, o minicréditos con tipos que llegan al 3.000%. El Supremo ya condenó a Cofidis a indemnizar con 2.000 euros a una clienta por incluirla en un fichero de morosos tras impugnar su crédito.
La entidad asegura que respeta ‘plenamente las decisiones judiciales’ y que se trata de ‘un caso concreto’. Para un banco cotizado, cada sentencia cuenta: el negocio del consumo puede ser muy rentable, pero una sola resolución adversa se traduce en titulares, y los titulares mueven cotizaciones. Ahí está el equilibrio delicado de este negocio.
A mi juicio, aquí convive lo mejor y lo peor del modelo. Lo mejor, que el crédito al consumo financia la economía real y sostiene el margen de las entidades en un entorno de tipos competitivos. Lo peor, que su versión más agresiva —las revolving, los microcréditos— alimenta un problema social que el legislador intentará atajar tarde o temprano. Cuando ese anteproyecto vuelva a la mesa, las cotizadas tendrán que adaptarse a reglas más duras: más supervisión, más transparencia y menos margen en el producto más caro.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: Este dato no mueve por sí solo a un valor concreto. La referencia del sector es el saldo vivo del crédito al consumo, que en agosto marcó 121.625 millones de euros, un 12,4% más interanual; ahí está la palanca de margen para CaixaBank, Sabadell y BBVA.
Clave técnica: El indicador a vigilar es la tasa de paro. Con la mora del consumo en el 5% y el umbral de alarma del sector en el 10%-11%, un repunte del desempleo sería el primer catalizador bajista para la banca de consumo.
Apunte macro: El crédito al consumo avanza al 12,4%, tres veces más que la financiación para vivienda, por encima del 4%. Esa brecha mide la presión real sobre los hogares y explica por qué el legislador quiere volver a regular el sector.




