El liderazgo de China ha incluido una red blockchain nacional entre las 19 medidas de su nuevo plan económico, un documento que no menciona ni una sola vez a Bitcoin ni a ninguna otra criptomoneda. Lo hizo público en la web del gobierno con una advertencia interna: nada de burbujas.
El documento lo emitieron el 9 de octubre el Comité Central del Partido Comunista y el Consejo de Estado, el gabinete del país. La agencia estatal Xinhua lo publicó ese mismo día en el portal gubernamental. Entre las 19 medidas, la blockchain nacional de China aparece pegada a otra pieza: una red nacional de computación. Ambas van en la sección dedicada a integrar la industria tradicional con la tecnología digital.
El plan respalda además la estrategia conocida como ‘Datos del Este, Computación del Oeste’, que traslada información desde las ciudades del litoral hasta centros de datos situados en el interior del país. Y añade un capítulo que en Europa todavía se discute: reglas sobre quién es dueño de los datos, y quién puede comerciar con ellos.
La advertencia pesa tanto como el anuncio. El texto pide a los funcionarios que no alimenten burbujas ni dejen la economía real por la virtual. En lenguaje de mercado: Pekín quiere la tecnología, pero no la especulación que suele viajar con ella. Sin cripto, sin matices.
Qué dice exactamente el plan aprobado el 9 de octubre
China no parte de cero. Desde abril de 2020 opera la Blockchain-based Service Network (BSN), una infraestructura respaldada por el Estado que funciona como una red de redes: permite a empresas y administraciones desplegar aplicaciones sobre blockchain sin montar su propia cadena. Para quien no haya tocado nunca una, una blockchain es un registro digital compartido que se mantiene en muchas computadoras a la vez, de modo que nadie puede modificarlo por su cuenta.
Lo que documenta el proyecto DigiChina, de la Universidad de Stanford, es que ese sistema estatal no admite criptomonedas independientes como bitcoin. El nuevo documento no aclara si la red nacional se apoyará sobre la BSN o si nacerá aparte. Ese silencio lo dice casi todo.
China quiere la tecnología de la blockchain sin la parte que, en Occidente, ha convertido esa tecnología en un mercado de activos.
El seguimiento queda en manos de la Comisión Central de Asuntos Financieros y Económicos y de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el organismo que equivale a un ministerio de planificación. Serán esas comisiones las que fijen qué puede entrar en la red y qué se queda fuera. Ahí se decidirá si la puerta sigue cerrada a las criptomonedas.
Por qué Bitcoin queda fuera de la ecuación
El comercio de criptomonedas sigue siendo ilegal en China continental. En febrero, el Banco Popular de China (PBoC) y otras siete agencias reafirmaron la prohibición, una postura que el país mantiene desde 2021 y que no ha movido ni con el auge de los fondos cotizados en Estados Unidos. La puerta sigue cerrada.
El impulso oficial al dinero digital va por otro camino: el yuan digital, la moneda emitida por el propio Estado. En agosto, el plan quinquenal del banco central prometió seguir desarrollándola. Es la pieza que Pekín quiere que circule por defecto en los pagos cotidianos.
La industria mira de reojo. Joseph Chee, consejero delegado de Solana Company, firma que cotiza en el Nasdaq, dijo en CNBC que espera ‘otro super ciclo’ para las criptomonedas y vinculó ese escenario a que Pekín acabe permitiendo el acceso al trading. Señaló la fuga de capitales como el principal obstáculo y no puso fecha.
Nada nuevo bajo el sol.

Una blockchain sin cripto: qué gana Pekín y qué se queda fuera
Este movimiento encaja en una estrategia que China lleva años ensayando: separar la tecnología del activo. Cuando en 2021 Pekín prohibió la minería y el comercio de criptomonedas, buena parte del sector leyó la decisión como un golpe definitivo. Cinco años después, el país levanta infraestructura blockchain con dinero público y mantiene el veto a bitcoin. La diferencia con Occidente es de enfoque. Estados Unidos aprobó en 2024 los primeros fondos cotizados de bitcoin al contado, y la Unión Europea ordena el sector bajo el reglamento MiCA; China, en cambio, trata la cadena de bloques como una capa más de su infraestructura digital, igual que la red de computación o los centros de datos del oeste.
El riesgo está en la ambigüedad. El plan no dice si la red nacional reutilizará la BSN, ni si admitirá algún tipo de token interno para pagar servicios, ni quién auditará ese registro. Tampoco fija plazos. Y hay una contradicción evidente: sin criptomonedas no existe incentivo económico para que terceros mantengan la red en marcha, así que el sostenimiento recaerá sobre el Estado y sobre las empresas que se integren por obligación regulatoria. El calendario no ayuda: las normas de desarrollo siguen sin fecha.
La pregunta que importa es si esa puerta se abrirá alguna vez. Dependerá de las reglas que publiquen la Comisión Central de Asuntos Financieros y Económicos y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma. Si esas normas cierran cualquier token y limitan la red a aplicaciones corporativas, el mensaje será inequívoco: China se queda con la parte aburrida de la blockchain. Si, por el contrario, dejan un resquicio para activos digitales con respaldo legal, el mercado lo leerá como un cambio de era. De momento solo hay un documento con 19 medidas y una palabra ausente.



