El ataque hutí al aeropuerto de Riad deja 12 muertos y Trump estudia entrar en la guerra de Yemen

El cierre del aeropuerto Rey Khalid, el principal del reino, amenaza con encarecer el crudo y los fletes en el mar Rojo. El Euríbor y la inflación europea quedan expuestos a una escalada prolongada.

El ataque al aeropuerto de Riad deja ya 12 muertos y 309 heridos, y Donald Trump ha admitido que Estados Unidos podría sumarse a la respuesta saudí contra los hutíes. He repasado los comunicados oficiales y lo que encuentro no es un episodio bélico más en Yemen.

Un misil alcanzó el sábado una terminal de pasajeros del aeropuerto internacional Rey Khalid, el principal del país. La autoridad aeronáutica saudí confirmó el balance y suspendió las operaciones hasta nuevo aviso. Horas después, la coalición liderada por Arabia Saudí informó de que un segundo proyectil cayó cerca del aeropuerto Rey Fahd, en Dammam. El mensaje es difícil de leer de otro modo: el espacio aéreo saudí no está protegido.

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Un balance de guerra en la principal puerta aérea del reino

Los datos publicados por la autoridad aeronáutica saudí perfilan la magnitud del golpe:

  • 12 fallecidos: cuatro saudíes, dos bangladesíes, un estadounidense, un egipcio, un jordano, un sirio, un palestino y un sudanés.
  • 309 heridos, atendidos en varios hospitales de la capital.
  • Cierre indefinido del aeropuerto, con cancelaciones de Etihad, Qatar Airways y Kuwait Airways.
  • Antecedente inmediato: esta misma semana, otros impactos sobre el aeródromo mataron a cuatro personas y dañaron aviones.

La coalición que combate a los hutíes en Yemen acusó este domingo al movimiento respaldado por Irán de estar detrás del ataque. Su portavoz, Turki al-Maliki, lo calificó de “crimen de guerra” y prometió una respuesta “decidida”. La Embajada de España en Riad, junto a las de Alemania, Estados Unidos y Canadá, pidió a sus ciudadanos evitar el aeropuerto.

Petróleo, mar Rojo y el estrecho que sostiene el comercio entre Asia y Europa

hutíes Yemen

Aquí es donde el asunto deja de ser una guerra regional. El mar Rojo y el estrecho de Bab-el-Mandeb concentran buena parte del tráfico marítimo que conecta Asia con Europa, y el Gobierno yemení reconocido anunció la semana pasada una contraofensiva para recuperar las posiciones hutíes en esa zona. Cualquier interrupción prolongada de la ruta se traslada con rapidez a las primas de seguro marítimo, a los fletes y al precio final de la mercancía.

Trump ha sido deliberadamente ambiguo. Preguntado por si Washington participará en los ataques saudíes, respondió:

“Puede que sí. Vamos a estudiarlo. Acabamos de conocer el ataque, así que tomaremos una decisión. Nos movemos muy rápido.” — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, declaraciones en la Casa Blanca, 11 de octubre de 2026

El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que un ciudadano estadounidense murió en el ataque y condenó los hechos. El secretario general de la ONU, António Guterres, fue más lejos:

“Los ataques contra civiles y contra la infraestructura civil violan el derecho internacional. Deben cesar de inmediato.” — António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, 11 de octubre de 2026

Los hutíes no han reivindicado formalmente el ataque. Su portavoz militar, Yahya Saree, se limitó a retuitear un mensaje propio del día anterior en el que advertía de que solo aterrizarían en Riad vuelos humanitarios previamente autorizados, acompañado de dos palabras: un recordatorio.

Lo que veo: una escalada sin dueño claro

Lo que me interesa no es la retórica, sino la secuencia. En julio se rompió el acuerdo de paz que había contenido el conflicto yemení; en septiembre los hutíes avanzaron en la costa del mar Rojo; esta semana golpearon el aeropuerto de Riad y el sábado lo hicieron con doce muertos. Esa progresión sugiere una capacidad militar que no se improvisa y una intención de fijar las reglas del pulso.

El segundo dato relevante es la ambigüedad en la atribución. La coalición acusa, la ONU condena, pero nadie ha asumido la autoría con nombre y firma. Esa zona gris complica cualquier respuesta: escalar contra Yemen tiene un coste humanitario y diplomático enorme. La disuasión no se ha restablecido.

Queda una contradicción sin resolver. Si Estados Unidos entra, la guerra deja de ser saudí y pasa a implicar a dos potencias occidentales en el patio trasero del estrecho. Si no entra, Riad tendrá que sostener sola una contraofensiva cuyo éxito depende de recuperar terreno en Bab-el-Mandeb. En ambos escenarios, el mercado energético descuenta más riesgo del que refleja hoy el precio del crudo.

🌍 El impacto en España y Europa

El canal de transmisión hacia España es energético y logístico. Conviene ser honesto: el Euríbor no se mueve por un misil en Riad, pero sí por lo que ese misil haga con el Brent y con las expectativas de inflación de la eurozona. Un encarecimiento sostenido del crudo —y del gas TTF europeo, muy sensible a la tensión en Oriente Próximo— alargaría el último tramo de la desinflación y daría argumentos a los consejeros del BCE partidarios de no bajar tipos en el primer trimestre de 2027.

  • Hipotecas: con el Euríbor a 12 meses ya en senda descendente, un repunte del petróleo superior al 10% en un mes podría frenar esa bajada entre 10 y 20 puntos básicos.
  • Consumidor: carburantes y fletes más caros llegan a la cesta de la compra con dos o tres meses de retardo.
  • Empresas: exportadores que usan el mar Rojo y constructoras españolas con proyectos en el Golfo afrontan sobrecostes de seguro y retrasos.
  • Diplomacia: la advertencia de la Embajada de España anticipa una posición común de Bruselas si la escalada continúa.

Conviene vigilar algo más que el barril de Brent. Mientras el principal aeropuerto saudí siga cerrado, la prima de riesgo geopolítico seguirá subiendo, y con ella la factura energética que paga Europa.


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