Un yacimiento de Barcelona revela que los neandertales ya fabricaban herramientas de madera hace 60.000 años

El análisis de 597 restos del Abric Romaní, en Capellades, documenta lanzas, bandejas de corteza y una maza de función desconocida. La madera casi nunca sobrevive 60.000 años, y este abrigo es una de las pocas excepciones del mundo.

Un abrigo rocoso de Capellades, en Barcelona, ha devuelto 597 restos de madera trabajada por neandertales. No son astillas sueltas ni un hallazgo pintoresco. Entre los sedimentos del Abric Romaní han aparecido dos lanzas de más de dos metros, cuatro posibles bandejas de corteza, una vara de 5,10 metros y una maza de mango corto cuya función todavía nadie sabe explicar.

El trabajo lo lidera el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y lo publica la revista Science Advances con revisión por pares. Los 597 restos proceden de 16 niveles arqueológicos y cubren un intervalo que va de los 62.000 a los 40.000 años. Casi 22.000 años de ocupaciones sucesivas en el mismo refugio, con la madera como hilo conductor.

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Dos lanzas, cuatro bandejas y una maza sin función conocida

Las lanzas son las piezas más elocuentes. Una mide 2,45 metros, prácticamente la longitud de una jabalina de competición. De la otra se conservan 1,99 metros, con el extremo puntiagudo intacto. Su forma encaja con un uso cinegético a corta distancia, y una de ellas apareció en un nivel con restos de ciervo. Los autores advierten, sin embargo, de que no pueden confirmar que se empleara para abatir a ese animal concreto.

A la lista se suman cuatro recipientes fabricados con corteza, algunos de enebro, que pudieron servir para transportar materiales o para tareas domésticas; una estructura de palos cruzados sobre un hogar, quizá destinada a procesar alimentos con calor; y varios palos cavadores y objetos puntiagudos. La mayoría de los restos son troncos, ramas y acumulaciones de leña de pino silvestre, el combustible que mantenía vivo el fuego.

La pieza más incómoda es una maza tallada en una sola pieza de madera, con un mango de unos 16 centímetros. Las marcas de raspado indican que se fabricó a propósito. Para qué, nadie lo sabe. El equipo maneja desde el golpeo de materiales hasta una función simbólica o social, aunque esta última posibilidad sigue siendo una hipótesis sin demostrar.

Sesenta mil años después, lo que ha sobrevivido de aquella gente no es lo que tallaron con esfuerzo, sino lo que la química del suelo decidió perdonar.

Palmira Saladié, investigadora del IPHES y responsable del estudio, lo explica sin rodeos: —Hay poquísimos yacimientos en el mundo que tengan las condiciones necesarias, por eso el Abric Romaní es un sitio excepcional—. Las excavaciones arrancaron en 1983 y desde entonces no se han detenido.

Por qué la madera aparece aquí y casi en ningún otro yacimiento

herramientas de madera neandertales

La madera es el material más frágil de la arqueología. La consumen los hongos, la atacan los insectos, y el oxígeno la descompone en cuestión de décadas. Para que un objeto de madera llegue hasta nosotros con 60.000 años encima hace falta una combinación improbable: enterramiento rápido, sedimento fino, humedad estable y ausencia de organismos que la degraden. El Abric Romaní reúne esas condiciones, y por eso conserva las huellas de un utillaje que en casi cualquier otro lugar del planeta se ha borrado.

Los sedimentos del abrigo permiten reconstruir, nivel a nivel, qué había dentro de cada ocupación. Es un archivo estratificado: los neandertales volvieron al mismo cobijo una y otra vez durante milenios y dejaron sobre el suelo de la estancia anterior los restos de la siguiente. La vara de 5,10 metros, casi la altura de dos pisos, encaja en ese contexto como parte de un armazón ligero para acondicionar el espacio habitado.

La escala temporal cuesta de asimilar. Hace 60.000 años, los neandertales ocupaban Europa mientras los primeros Homo sapiens modernos se movían entre África y el Próximo Oriente. Faltaba mucho para Altamira y para Lascaux, y bastante más para cualquier cosa que llamaríamos civilización. En ese mundo, alguien eligió una rama, la raspó con una piedra afilada hasta darle forma de maza y la dejó allí.

Lo que cambia, y lo que aún no sabemos, sobre los neandertales

Durante décadas, el retrato de los neandertales se ha construido sobre la piedra tallada. No por elección metodológica, sino por pura disponibilidad: la piedra aguanta y la madera no. Ese sesgo de conservación ha deformado la imagen que tenemos de su tecnología, igual que un archivo al que le faltan la mitad de los documentos. El trabajo del IPHES no inventa nada nuevo sobre su capacidad técnica, pero sí le pone volumen y variedad a una parte del registro que hasta ahora aparecía en migajas.

En Europa ya se conocían lanzas de madera anteriores a estas, como las recuperadas en el yacimiento alemán de Schöningen, aunque en contextos diferentes. La aportación del Abric Romaní no es la antigüedad de una pieza aislada, sino el conjunto: 597 restos repartidos en 16 niveles, con utensilios domésticos, armas, combustible y estructuras. Eso permite hablar de organización de la vida cotidiana y no solo de hallazgos sueltos.

M. Gema Chacón, coautora del estudio y codirectora del yacimiento, lo formula así: —Durante décadas hemos podido reconstruir con mucho detalle qué hacían los neandertales con la piedra. La madera nos abre ahora una parte de su mundo que casi siempre había desaparecido—.

Dos cosas me convencen y una no. Convence el inventario, por volumen y por variedad funcional. Convence también el control estratificado, porque cada pieza viene con su nivel y su datación. Lo que no me convence es la lectura simbólica de la maza: con un solo objeto y sin un contexto asociado inequívoco, la hipótesis social funciona mejor como pregunta abierta que como conclusión. El propio equipo lo reconoce y la deja en el aire. Tampoco hay confirmación independiente, y todo sale de un único yacimiento. Un sitio excepcional siempre corre el riesgo de parecer representativo sin serlo.

Lo que viene ahora es más lento y más decisivo a la vez: análisis de trazas de uso, identificación precisa de las especies de madera y nuevas campañas en los niveles inferiores. La respuesta a qué era aquella maza no va a llegar de una intuición. Va a llegar de un microscopio.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: 597 restos de madera trabajada por neandertales —dos lanzas, cuatro posibles bandejas de corteza, una vara de 5,10 metros, palos cavadores y una maza de función desconocida— repartidos en 16 niveles de ocupación.
  • Dónde: Abric Romaní, en Capellades (Barcelona, España).
  • Institución responsable: Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), con publicación en Science Advances.
  • Cuándo: Publicación en Science Advances; los materiales analizados abarcan de 62.000 a 40.000 años.
  • Impacto a futuro: Amplía el registro de la tecnología neandertal más allá de la piedra tallada y corrige un sesgo de conservación que llevaba décadas distorsionando su retrato.

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