Hay relojes de colección que se compran para llevar en la muñeca y otros que se compran para mirarlos desde el sillón. El V-Twin de B.R.M Chronographes pertenece a la segunda categoría y arranca en 6.950 euros.
La cifra no es anecdótica. Por ese dinero se compra hoy una motocicleta nueva de media cilindrada, lo que convierte la comparación en el argumento comercial más honesto de la manufactura francesa en años. No es un reloj de pulsera: es una escultura mecánica de 30,6 centímetros de alto y 36,6 de ancho.
El parecido con un motor bicilíndrico en V no es ornamental. Dos cilindros se abren en ángulo, la esfera ocupa el hueco central y las aletas están mecanizadas y acabadas individualmente en dos tonos satinados. Las culatas llevan tapas de balancines lacadas y pequeños colectores de escape orientados hacia atrás. La esfera se sostiene sobre dos brazos perforados en X, la misma geometría que fija un motor en V al bastidor.
Cada ejemplar lleva una placa numerada. La producción está limitada a 20 unidades por acabado, con seis colores disponibles: blanco opalino, azul Francia, azul horizonte, amarillo azafrán, naranja coral y rojo granate. El total no supera las 120 piezas en todo el mundo.
El V-Twin se mecaniza en aluminio macizo y se ensambla en Francia
La pieza se mecaniza a partir de aluminio macizo y se ensambla en Magny-en-Vexin, donde B.R.M concentra diseño, mecanizado, esqueletizado, ensamblaje y control bajo el mismo techo. La firma, fundada por Bernard Richards en 1986, posee el sello Entreprise du Patrimoine Vivant, que reconoce conocimientos artesanales e industriales de excelencia.
Hay un contraste deliberado en el interior. Detrás de toda esa complejidad visual no hay un movimiento mecánico tradicional, sino un motor de cuarzo de alta precisión alimentado por una pila cuya sustitución está prevista cada tres años. La garantía anunciada alcanza los diez años, excluyendo golpes y roturas.
B.R.M no vende precisión horológica: vende una forma. Y en el coleccionismo de objetos, la forma con producción cerrada ha sido históricamente el multiplicador del precio.
La personalización mueve la factura. Una esfera de carbono añade 450 euros y una incrustación de carbono en la base suma otros 680. Con ambas opciones, el precio final se coloca en 8.080 euros.
El valor de la pieza depende de la escasez y de la liquidez del mercado secundario
El V-Twin no llega solo. Forma parte de la colección Clock Machines, siete piezas que reconvierten componentes reconocibles de máquinas reales —un volante de competición, un volante de automóvil, un disco de freno, un reactor de avión, un motor flat-twin, una hélice tripala de avión y otra de barco— en instrumentos que solo indican la hora.
Para el comprador patrimonial, la lectura es doble. Por un lado, el ticket de entrada es bajo en términos absolutos: 6.950 euros sitúan la pieza en el rango de un reloj de pulsera de gama media-alta, no en el de la alta relojería de subasta. Por otro, la producción cerrada de 20 unidades por color introduce el factor escasez que sostiene cualquier mercado secundario.
Conviene ser preciso sobre qué tipo de activo es. No existe un índice público de precios secundarios para relojes de sobremesa, ni casas de subasta que los coticen con regularidad. La liquidez es estructuralmente inferior a la de un Patek Philippe o un Rolex, y el comprador de salida es un coleccionista de motor, no un inversor financiero.

La paradoja del objeto de colección que no recorre un kilómetro
Llevo años siguiendo el mercado de objetos de colección vinculados al motor y la conclusión es consistente: la revalorización no viene del material ni del mecanismo, viene de la narrativa y del cierre de producción.
Las piezas de B.R.M son un caso de manual: una edición de 20 unidades numeradas, fabricada íntegramente en Francia, con un sello patrimonial oficial y vinculada a un universo —el bicilíndrico en V— con una base de aficionados global y muy fiel. Ese cóctel ha funcionado en otras categorías con horizontes de diez a quince años.
El riesgo principal no es el precio, sino la profundidad del mercado. Un objeto de 8.000 euros con 120 unidades en circulación encuentra comprador rápido mientras la marca mantiene el relato y amplía su red de distribución.
Si B.R.M deja de producir la serie o pierde presencia internacional, el mercado secundario se estrecha y el propietario puede tardar meses en colocar la pieza sin descuento. Es el mismo patrón que afecta a los relojes independientes de nicho: alta revalorización potencial, liquidez baja y dependencia total de la salud de la marca.
La escasez de esta pieza está garantizada por contrato; la liquidez del mercado secundario, en cambio, depende por completo de que la marca siga contando su historia.
La fecha a seguir está marcada. B.R.M ya admite pedidos y sitúa diciembre de 2026 como entrega estimada de las primeras unidades. La primera prueba de fuego llegará después, cuando esas piezas empiecen a circular en el mercado secundario y se compruebe si el sobreprecio se mantiene o se diluye.
💎 Veredicto Wealth
El V-Twin es una pieza de diversificación y preservación de capital para el coleccionista de motor con horizonte superior a diez años. El riesgo a vigilar es la liquidez: sin mercado secundario cotizado, la salida depende de la comunidad de la marca.





